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Cómo la pandemia en Brasil se está transformando en una amenaza global

La variante P1 surgida desde el estado de Amazonas generó una alerta internacional y mostró los múltiples problemas del país sudamericano para controlar el COVID-19.

Un policlínico de Río de Janeiro en pleno funcionamiento. (Gov. Rio de Janeiro/Archivo)
Un policlínico de Río de Janeiro en pleno funcionamiento. (Gov. Rio de Janeiro/Archivo)

Brasil es el nuevo epicentro de la pandemia del COVID-19. Con más de 12 millones de casos totales y la demoledora cifra de 300 mil fallecidos, el gigante sudamericano enfrenta uno de sus peores momentos, con hospitales desbordados y enfrentando a una variante del virus que podría ser una amenaza para sus vecinos y el resto del planeta.

El país fue líder en contagios y decesos por coronavirus durante 2020, realidad que difícilmente pudo cambiar en medio de las polémica protagonizadas por su presidente, Jair Bolsonaro, quien fue catalogado como un “negacionista” de la crisis sanitaria debido a su rechazo a las medidas restrictivas y el cierre de la economía.

Las estadísticas siempre mostraron una situación “estable” dentro del descontrol total que existía en todo el país. El poco uso de mascarillas, las playas repletas de turistas en verano y la continuidad de múltiples eventos sociales escondían un cambio que marcaría un antes y después en el avance del COVID-19.

El 11 de enero, mientras el mundo observaba con temor cómo el Reino Unido volvía a confinarse por la aparición de una nueva cepa del SARS-CoV-2 que fue descrita como “más contagiosa” que la surgida en Wuhan, Japón reportó la detección de otra variante, la que se descubrió en un viajero que estuvo en Brasil, específicamente en el estado de Amazonas.

Un incremento de casos en aquella zona del país, con una gran cantidad de reinfecciones, hizo pensar que esta variante sería altamente peligrosa. Su avance al interior del país se hizo sentir con una expansión de la enfermedad en todos los estados brasileños.

La falta de medidas de contención, sumadas a un lento proceso de vacunación, formaron un “cóctel perfecto” para el desastre sanitario que vive la nación, el que ya estaría perjudicando a sus vecinos directos y a prácticamente toda Sudamérica.

El complejo manejo de la pandemia

Brasil abordó la pandemia de COVID-19 de una forma muy diferente a cómo lo hicieron el resto de los países sudamericanos.

Con un sistema presidencialista federal, la toma de decisiones se cruzó entre los deseos del presidente Bolsonaro de no cerrar la economía y la urgencia de algunos gobernadores, quienes buscaban al menos aplicar restricciones de movilidad y medidas preventivas.

El mandatario ultraderechista pasó gran parte de 2020 promocionando la hidroxicloroquina como un “medicamento milagroso” para curar el COVID-19, sin ninguna evidencia científica. Una vez que él mismo se contagió, apareció frente a la prensa sin utilizar mascarilla.

Las actitudes del mandatario provocaron la ira de los gobernadores estaduales. El opositor más férreo fue el jefe máximo del estado de Sao Paulo, João Doria, quien cuestionó el liderazgo del presidente frente a la emergencia.

Una de las disputas más complejas que tuvieron estuvo relacionada con la vacuna. Los paulistas hicieron todas las gestiones para importar la vacuna de la farmacéutica china Sinovac, lo que era rechazado por Bolsonaro, quien apuntó contra los asiáticos por su responsabilidad en la pandemia.

Pero la responsabilidad de los gobernantes fue solo un aspecto de la crisis. La falta de prudencia de la ciudadanía también fue un factor dentro del caos. Playas repletas, fiestas clandestinas, un escaso uso de mascarillas y un nulo distanciamiento físico hizo que se perdiera el temor al virus.

La amenaza a los vecinos

La crisis de la pandemia del coronavirus en Brasil está marcada principalmente por la aparición de una nueva variante, la que tendría características diferentes a la hallada a fines de 2019 en China. Los científicos aún están estudiando su influencia en el nivel de propagación y la efectividad de las vacunas contra el COVID-19 que están disponibles.

Ricardo Soto Rifo, virólogo y académico del Programa de Virología del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, asegura que el surgimiento de variantes está asociado a la falta de control de la transmisión del virus.

“Cuando no se toman políticas adecuadas o necesarias para detener un patógeno, en este caso un virus, le das una chance de que cambie”, señaló el experto a EL DÍNAMO.

El académico explicó que “cuando un virus hace copia en las células hacen errores”, los que provocarían reacciones asociadas a un avance positivo o negativo en la propagación. “Dentro de esas mutaciones pueden surgir nuevos cambios, como los que pueden permitir favorecer su transmisibilidad y disminuyen la eficacia de los anticuerpos neutralizantes”, afirmó.

Por el caso de Brasil, Soto señaló que “en Manaos (ciudad de Amazonas desde donde habría surgido la variante P1) se creía que hubo inmunidad de rebaño por el alto nivel de contagio que tuvo anteriormente, pero ahora vimos muchos casos de reinfección”.

La capacidad de esta variante de volver a infectar a una persona que ya había pasado por la enfermedad se hizo evidente en ese mismo momento, mientras que la efectividad de las diversas vacunas disponibles aún está en estudio.

“Hay un reporte que no ha sido revisado por pares que muestra que los anticuerpos generados por CoronaVac (la vacuna de Sinovac) son menos eficientes con la variante P1, pero hay que dejar en claro que no hay un límite, no se puede decir si hay una línea si protege o no protege”, expresó el virólogo.

Por las amenazas para el resto de Sudamérica y el planeta, el especialista opinó que “todo depende de las políticas que tome el resto del mundo”, especialmente en el control de los viajes y la detección genómica de las variantes.

En ese sentido, Reino Unido abordó su variante gracias a su amplio sistema de análisis genético, que le permitió volver al confinamiento y avanzar en un intenso proceso de inoculación.

En ese sentido, Soto explicó que aún se debe investigar en profundidad el vínculo de la variante P1 con el alza de casos en países vecinos a Brasil como Uruguay, Perú y Venezuela, cuestión que no se puede definir de forma inmediata debido a la poca capacidad de secuenciación genómica de las naciones sudamericanas.

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