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La historia de la humilde escuela para hijos de obreros que rechaza los millones de las inmobiliarias

"Hace diez años nos ofrecieron 13 millones de dólares, ahora la oferta es mucho mayor", aseguran los encargados del establecimiento que sobrevive a duras penas.

Por:  El Dínamo

Con el tesón de la aldea gala de Astérix y Obélix, una modesta escuela resiste las ofertas millonarias que recibe por el preciado suelo que ocupa en medio de la vorágine de la construcción en Bangkok.

Inaugurada hace 70 años para ofrecer educación asequible a los hijos de trabajadores, la escuela privada Wannawit se niega a vender los terrenos, a pesar de que en los últimos años arrastra falta de fondos.

“Hace diez años nos ofrecieron 500 millones de bat (unos 13 millones de dólares), ahora la oferta es mucho mayor”, señala a EFE Pismai Chuenangkoon, la subdirectora del centro de primaria y secundaria.

“Mucha gente quiere comprar estos terrenos, pero no queremos vender porque los niños se quedarían sin escuela”, reitera Pismai, que a sus 82 años lleva más de 57 trabajando como profesora y, desde hace algunos lustros, en la administración del centro.

Fundado el 20 junio de 1946 por Phew Sukhasvasti na Ayutthaya, una escritora y filántropa tailandesa, el colegio se encuentra flanqueado por altos rascacielos en uno de los sectores más caros en la céntrica avenida de Sukhumvit.

El principal edificio, de dos plantas y de madera, parece sacado de una postal antigua y carece de aire acondicionado, aunque la brisa sopla libremente entre las clases con ayuda de ventiladores, donde los pupitres son también de madera.

Aunque ahora también hay alumnos de clase media, las tarifas de Wannawit continúan siendo incluso más baratas que las de algunos colegios públicos en Bangkok, donde a veces los padres tienen que pagar “donaciones” o sobornos para conseguir una plaza para sus hijos.

Los precios semestrales de esta escuela empiezan en unos 2.000 bat (unos 55 dólares), frente a los entre 20.000 y 400.000 bat que cuestan otros colegios privados. Wannawit acoge a unos 500 alumnos, de entre 5 y 16 años, de los que 800 que tiene capacidad para albergar, lo que ha generado algunos problemas financieros.

La subdirectora Pismai achaca la falta de estudiantes a la baja tasa de natalidad y al cierre de una cercana fábrica de tabaco, cuyos empleados solían enviar a sus hijos a este colegio.

La profesora no oculta su nostalgia por la época en la que empezó a trabajar en la escuela, cuando en el entorno sólo había algunas viviendas rodeadas de campos de arroz y el transporte era mayormente a través de canales de agua.

“Antes los niños tenían más paciencia y eran más amables”, asegura Pismai, quien culpa a los medios de comunicación e Internet del peor comportamiento de la juventud actual. Rattanaporn Bunnag, exalumna y profesora de 62 años, es menos pesimista, aunque reconoce la influencia que tienen los juegos y los móviles en los niños.

“Aunque los padres pagan poco aquí, sus hijos reciben una educación muy buena“, indica tras corregir las tareas de alumnos.

Lo que ha cambiado poco en las últimas décadas es el saludo a la bandera por la mañana, cuando los alumnos de Wannawit forman en fila para cantar el himno y recitar oraciones budistas.

Los escolares llevan uniforme, obligatorio en todos los colegios tailandeses, privados o públicos; pantalones caqui y camisa blanca para ellos y faldas azul marino y blusa blanca para ellas.

Sí, me gusta el colegio. De mayor quiero ser enfermera“, asevera en inglés Tai Mumi, una alumna de 11 años.

La escuela ha recibido ayuda de empresas como el consorcio tailandés Charoen Pokphand (CP), que este año rodó en Wannawit un anuncio publicitario con motivo del Día del Maestro, celebrado en Tailandia el 16 de enero.

Rujisamorn Sukhsvasti, actual directora e hija de la fundadora, defiende a capa y espada la permanencia del colegio donde se encuentra, a pesar de sus 94 años y padecer un delicado estado de salud.

“Dinero… es sólo un pedazo de papel, pero los niños tienen corazones y alma. Ellos necesitan educación y buenos consejos“, sentencia en el anuncio de CP realizado para su cadena de tiendas 7-Eleven

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