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La vacuna rusa tiene en vilo al Gobierno argentino

La Sputnik V aparece como la gran esperanza del país trasandino para superar la pandemia. Las dudas sobre su uso en mayores de 60 años y la fallida negociación con Pfizer tiene complicado al mandatario Alberto Fernández.

Las dosis de la vacuna rusa que arribarán a Argentina. Foto: Sputnik Vaccine
Las dosis de la vacuna rusa que arribarán a Argentina. Foto: Sputnik Vaccine

Argentina está en medio de un intenso debate en vísperas de la llegada de la vacuna rusa contra el coronavirus Sputnik V, la primera que se aplicará en el país trasandino tras meses de una cuarentena que no logró evitar la propagación del COVID-19.

El proyecto liderado por el Centro Nacional de Investigación de Epidemiología y Microbiología Gamaleya de Moscú ha sido polémico desde el inicio.

Su rápido avance en tan solo cinco meses de ensayos de fase 3 provocaron dudas en la comunidad científica, las que lograron despejarse con una publicación en una revista especializada, la que aseguró que la fórmula era eficaz contra la infección.

Desde hace meses se especulaba que esta vacuna sería una de las principales importaciones que realizaría el Gobierno del presidente Alberto Fernández (Frente de Todos), aunque desde la Casa Rosada aseguraban que su ambicioso plan de inmunización incluía a varios países.

En diciembre, y a medida que países latinoamericanos como Chile, Ecuador y México iniciaban los preparativos para recibir sus primeras dosis, los argentinos quedaron a la espera de los avances de las negociaciones con los rusos.

El Gobierno apuntó contra la farmacéutica Pfizer -que desarrolló la primera vacuna contra el COVID-19 aprobada en Occidente- por “condiciones imposibles” impuestas en las conversaciones.

Más allá de esto, el arribo de la vacuna rusa a Argentina ha sido accidentada y tiene a la administración peronista en vilo, ya que un fracaso en el plan podría agudizar aún más una crisis sanitaria y socioeconómica que tiene al país como uno de los más afectados con la pandemia en la región.

El complicado camino de la Sputnik V a Argentina

La primicia sobre el arribo de la vacuna rusa a Argentina fue entregado por el analista y diplomático Jorge Asís, quien a fines de octubre señaló que el Gobierno estaba iniciando las gestiones con el Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF, por su sigla en inglés) para asegurar 10 mil dosis.

La noticia, que terminó siendo confirmada por las autoridades, causó cierta sorpresa en el país, considerando que se estaban pensando en otros proyectos como los más próximos para su aprobación.

Pfizer y BioNTech probó su vacuna en voluntarios argentinos, mientras que AstraZeneca recurriría a la nación trasandina para fabricar y distribuir sus productos en gran parte de Latinoamérica.

Pero el arribo de la Sputnik V era lo más seguro e hizo que el presidente Fernández entregara luces de un plan de vacunación masiva, que asegurara que gran parte de la población vulnerable estaría inoculada antes del invierno, tiempo en el que se proyecta una agudización de la crisis sanitaria.

“Tenemos diseñado que desde enero en adelante comencemos a vacunar a nuestra gente. Y queremos tratar de vacunar a la mayor cantidad de gente entre enero y febrero, para que en marzo el riesgo de contagio se aplaque cuando llegue el momento de la segunda ola”, reveló el mandatario en una conversación con Marco Enríquez-Ominami.

Lo concreto es que durante los últimos días de diciembre se concretará el arribo de cerca de 300 mil dosis de la fórmula rusa, quedando de lado la de Pfizer, la que no se distribuirá a pesar de haber sido probada con argentinos y de tener la luz verde de las agencias reguladoras de Estados Unidos, Reino Unido, la Unión Europea y naciones como Chile y Ecuador.

El viaje del fármaco desde Rusia a territorio trasandino ha resultado accidentado. El avión que iba a transportar los productos desde Moscú debía partir durante el lunes, pero la falta de una autorización para el aterrizaje de noche obligó a postergar todo para este martes.

El fracaso con Pfizer

La espera de la vacuna rusa ha sumado suspicacias, considerando que la ya aprobada vacuna de Pfizer había tenido sus experimentos de fase 3 en Argentina. En declaraciones a Clarín, algunos voluntarios del proyecto estadounidense-alemán mostraron su “desilusión, tristeza y enojo” por la demora en el arribo del fármaco.

El ministro de Salud, Ginés González García, intentó explicar por qué no se ha logrado un acuerdo con la gigante farmacéutica, apuntando a las “condiciones inaceptables” que le imponía la empresa al Estado.

Una crónica publicada por Infobae señaló que Fernández, junto con su canciller Felipe Solá, buscó cerrar un acuerdo que asegurara el arribo de millones de dosis. El mandatario había planteado su voluntad de eliminar toda la burocracia relacionada a la importación, algo que fue valorado por la empresa, que mantuvo una buena relación con las autoridades durante el desarrollo de los ensayos clínicos.

Pero con el correr de los meses las diferencias entre las partes fueron apareciendo. El Gobierno afirmó que la compañía estadounidense buscaba nuevas leyes para su operación, mientras que la contraparte expresó que el Estado argentino no iba a pagar los costos en transporte que se realizarían bajo la firma DHL.

Con la aprobación de esta vacuna en prácticamente todo el mundo, las autoridades aseguraron que harán un nuevo intento por cerrar un acuerdo con Pfizer, aunque las dudas sobre su viabilidad aún permanecen.

Negativa de Fernández a vacunarse

Un análisis del medio estadounidense Bloomberg mostró a Argentina como uno de los países con la menor reserva de vacunas para el próximo año. Según la publicación, que consultó los contratos y precontratos de varios laboratorios, el país tendrá una cobertura del 48% de su población, mientras que Chile contará con un 139% debido a las negociaciones iniciadas hace meses con diversas compañías.

Este análisis provocó la molestia y la presión de los opositores a Fernández, quienes cuestionaron que gran parte de las esperanzas de inmunidad estén sobre una vacuna que aún genera cierta controversia sobre su eficacia y seguridad.

El problema más evidente con la inyección euroasiática lo generó el propio presidente Alberto Fernández, quien afirmó que al igual que su par ruso, Vladimir Putin, no se inocularía debido a que las dosis están pensadas para personas menores de 60 años (él tiene 68).

El ministro de Salud, Mikhail Murashko, intentó despejar esta interrogante durante esta semana al asegurar que la fórmula resultó ser segura en adultos mayores.

Los fracasos de las negociaciones con Pfizer, las dudas sobre la Sputnik V y las complicaciones para cumplir con un exigente calendario de vacunaciones tienen complicado al Ministerio de Salud argentino.

La ex candidata presidencial Elisa Carrió anunció la presentación de una denuncia penal en contra del ministro González García y del propio Fernández, apuntando a supuestas irregularidades en la negociación que impidieron el cierre de un acuerdo con la iniciativa estadounidense-alemana.

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