2010 fue el año del terremoto. ¿Y del Bicentenario? Pocos se acuerdan

El 2010 prometía. Numérica y simbólicamente hablando, se veía bien cumplir 200 años de república en esa cifra cerrada, 2010. Argentina también lo hacía en mayo, y siempre nos ha gustado estar al día con los trasandinos. Hasta el patito que ofrece créditos bancarios se había empapado del espíritu bicentenario. Era el acontecimiento del año -y la excusa para hacerse de proyectos desarrollados por el gobierno anterior y para celebrar con más bombos y platillos los nuevos.

Por:  El Dínamo

El 2010 prometía. Numérica y simbólicamente hablando, se veía bien cumplir 200 años de república en esa cifra cerrada, 2010. Argentina también lo hacía en mayo, y siempre nos ha gustado estar al día con los trasandinos.

Hasta el patito que ofrece créditos bancarios se había empapado del espíritu bicentenario. Era el acontecimiento del año -y la excusa para hacerse de proyectos desarrollados por el gobierno anterior y para celebrar con más bombos y platillos los nuevos.

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Pero después del 27 de febrero, esas prioridades cambiaron. Los 8,8 grados del peor terremoto de un país tan sísmico como Chile dejó como recuerdo de despedida a Michelle Bachelet en el Shoa, a Evo Morales regalando agua al país y a Sebastián Piñera asumiendo la jefatura de Estado durante una de las peores réplicas, la mañana del 11 de marzo.

Así quién iba a tener ganas de celebrar el Bicentenario. Con algunas ciudades todavía reducidas a su mínima expresión, con los fondos para reconstruirlas atrasados en llegar y, durante tres meses, con 33 mineros que conmovían a todo el país a casi 700 metros bajo tierra en la mina San José.

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Una encuesta del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (Cesop), de la Universidad Central, le tomó el pulso a los chilenos respecto al 2010 y comprobó que este año será recordado por el desastre más que por la fiesta. El 59% de los encuestados dijo que recordaría el 2010 como ¨el año del terremoto¨, versus el 23% que lo vería como ¨el año del Bicentenario¨.

Lejos de verlo con un enfoque pesimista, el sicólogo Luis Andrés Montero, de la misma institución, explica que las adversidades a las que Chile se enfrentó este año ¨nos han forzado a mirarnos a nosotros mismos y repensar quiénes somos¨.

Por eso, Montero ve las catástrofes de este año como parte de la construcción de identidad. Menciona el terremoto y el conflicto mapuche, y se podría sumar el de las tomas en Isla de Pascua, los accidentes de Tur-Bus y la cárcel de San Miguel.

¨No es de extrañar -explica el sicólogo- que la bandera del terremoto estuviera alentando a la hinchada en el Mundial de Sudáfrica y se irguiera en el campamento Esperanza”. Según Montero, ese símbolo patrio rasgado resumió nuestra identidad en el 2010, ¨y fue un recurso al cual recurrir para sobrellevar colectivamente las adversidades”.

Con un año tan accidentado como el que se termina, no extraña que apenas un tercio de los encuestados considere que el 2010 fue ¨bueno¨. Y que el doble de ellos, el 64,7%, espere que el 2011 lo sea. Al menos estos 12 meses no le dejan la vara tan alta.

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