“El encanto de Obama”, por Claudio Fuentes

Al llegar el presidente Barak Obama a la Casa Blanca, prometió un nuevo trato con América Latina. Dijo que el tiempo del unilateralismo se había acabado y partiría un ciclo renovado de una relación que históricamente estuvo marcada por la desconfianza y el recelo.

 

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Al llegar el presidente Barak
Obama a la Casa Blanca, prometió un nuevo trato con América Latina.
Dijo que el
tiempo del unilateralismo se había acabado y partiría un ciclo renovado de una
relación que históricamente estuvo marcada por la desconfianza y el recelo.

 

La crisis económica interna, el
balance de poder del Congreso y la preocupación central de Estados Unidos en
Asia y Medio Oriente relegaron a un plano secundario a la región.
Pero la promesa
de cooperación recíproca tampoco se materializó ni en la crisis política de
Honduras, ni en la crisis de seguridad que azota a México, ni tampoco en su
relación con Brasil.

 

Nos encontramos, entonces,
enfrentados a una visita que parece algo forzada precisamente por las pocas señales
cooperativas anteriores, por la propia coyuntura internacional actual que pone
atención en otras regiones del mundo (crisis de Libia, Egipto, Medio Oriente y
Japón), y por la misma agenda definida por la Casa Blanca. Examinemos por
ejemplo los temas que trae a Chile: energía nuclear, comercio y el
reconocimiento al “modelo de transición” política.

 

La firma del acuerdo para
robustecer y transferir capacidades científicas en materia nuclear para usos
civiles no pudo haber encontrado un peor momento.
Mientras en China, la Unión
Europea y el propio Estados Unidos se discute la postergación de los planes de
expansión de dicha tecnología, nuestro país decide promover la formación de profesionales
en dicho rubro, sin mediar siquiera un debate político público previo a la
firma de dicho documento.

 

La agenda comercial es quizás el
aspecto más interesante pero menos probable de materializarse en el gobierno de
Obama.
El acuerdo transpacífico que incluye a Chile parece relevante, pero que
requeriría incorporar un debate bilateral sustantivo en cuestiones que Chile
hoy está sufriendo: el desarrollo de un comercio ecológicamente sustentable
(léase, salmones), el impacto de la extracción de recursos minerales en las
comunidades (léase agua), y la protección de los derechos laborales. Un
presidente demócrata con una fuerte mayoría republicana en el Congreso
difícilmente pondrá estos temas en la agenda.

 

Desde el punto de vista político,
Obama seguramente destacará el modelo de transición chilena como ejemplo a ser
replicado en Túnez o Egipto. No obstante, acá se destacarán los atributos de
“orden” y “prosperidad”,
sin hacer mención que aquello implicó aceptar un marco
institucional que aún no termina de desatarse; que requería como precondición
partidos políticos relativamente fuertes y que el precio de todo esto ha sido
el mantenimiento de altos niveles de desigualdad.
Varias de estas condiciones
no se aplican hoy a los casos del norte de Africa.  

 

Triste decirlo pero muy
probablemente esta visita se recordará más por el deslumbrante atractivo de la
pareja de los “Obamas” que por los asuntos políticos que ambos países
debatirán.

 


 

Estudió Historia en la Universidad Católica y luego Ciencia Política. Obtuvo su doctorado en la Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill en 2003. Ha sido reconocido por la Asociación Americana de Ciencia Política por su trabajo de tesis de doctorado (mejor tesis 2003, sección derechos humanos). Es el actual director del ICSO en la Universidad Diego Portales. Fue presidente de la Asociación Chilena de Ciencia Política y Director de FLACSO-Chile (2004-2008).


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