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La profunda huella de Otto Dörr en Colonia Dignidad

El Premio Nacional de Medicina 2018 ha negado lazos con el enclave. Pero su relación data desde fines de los años 70. Incluso, uno de sus pacientes, Karl Stricker, sufrió un mortal accidente a causa de la medicación que recibía.

La profunda huella de Otto Dörr en Colonia Dignidad

En los años 60, Schaefer llegó a las cercanías de Parral para fundar la Colonia Dignidad.

Por 10 de abril de 2018

Pese a que uno era chileno de Curicó, y el otro de Alemania, los jóvenes, Otto y Karl tenían mucho más en común de lo que pensaban. Ambos nacieron en 1936, el año en que Adolf Hitler desataría el infierno en Europa. Los estragos de la Segunda Guerra Mundial serían decisivos para que sus vidas se cruzaran, en varios puntos, hasta el final de uno de ellos.

Otto Dörr Zegers, doctor, siquiatra, se transformaría en Premio Nacional de Medicina, a los 81. Una vasta carrera, decenas de publicaciones, un currículo de 100 páginas y varias instituciones donde ejerció, le valieron el reconocimiento en 2018.

No obstante, en toda la trayectoria pública, Dörr omitió su vínculo profesional con la Colonia Dignidad y menos, que uno de sus pacientes Karl Albert Stricker Bahlke, moriría años atrás, en extrañas circunstancias, después de haberlo tratado personalmente.

Kuddel

La familia de Karl Albert Stricker fue una de las tantas en saborear las amargas consecuencias de la guerra y la derrota. Familiares muertos, hambre, enfermedades y cesantía.

Por ello, Hans y Dora, los padres de Karl Stricker, no demoraron en entregar su hijo a la Private Sociale Mission. Allí sería alimentado, vestido, educado en algún oficio y formado en la fe hacia Cristo. Fue el principio y el final para Karl: había entrado en la secta de Paul Schaefer.

Karl Stricker llegó desde Alemania junto a Paul Schaefer.

Karl quedó bajo las órdenes del jefe de pintura, Gerhard Mücke y al poco tiempo de entrar comenzaron los preparativos para la migración de la organización religiosa. Algunas familias habían denunciado a las autoridades germanas, las conductas inapropiadas con niños y jóvenes del ex cabo nazi convertido en predicador.

Para cuando finalizaba 1961, el joven Karl había cumplido 25 años. Había atravesado el Atlántico y se encontraba removiendo piedras de una tierra dura, estéril, en un país llamado Chile, cerca de una ciudad pequeña llamada Parral. Atrás quedarían para siempre, su tierra natal, su familia, sus raíces, incluso su nombre. Desde ese momento, dejó de ser Karl Stricker y pasó a llamarse “Kuddel”.

El doctor

El mismo año que Kuddel llegaba a Chile, Otto Dörr Zegers terminaba sus estudios de pregrado y recibía su título de médico cirujano de la Universidad de Chile. Desde ese momento, se le abrirían las puertas del país y del mundo, incluso en Heidelberg, donde realizaría cursos de postgrado.

En su temprana época de médico, también obtuvo su especialidad en siquiatría. Comenzó un recorrido que incluso lo llevó a cumplir servicios en el Hospital Siquiátrico Regional de Concepción, entre 1967 y 1970. Fue en esa época que Dörr Zegers supo de la existencia de la Sociedad Benefactora Dignidad.

Algunos colegas que la frecuentaban la mencionaban. También hubo publicaciones, en ese entonces, sobre las denuncias de abusos sexuales contra niños y castigos físicos, de boca de un joven, Wolfgang Müller, quien había escapado de ese lugar y llegado hasta Alemania. Pocos creían en sus denuncias. Dörr fue uno de ellos.

En la Colonia ignidad se mantuvo una ficha, entre miles, del doctor Dörr.

El médico ha negado alguna relación con la ex colonia. “Mi relación es anecdótica. Todo lo que se ha dicho es falso. No soy amigo de Schäfer ni lo he defendido ni he participado con Hopp en los tratamientos siquiátricos a la población”, afirmó el Premio Nacional a La Historia es Nuestra de Radio Cooperativa.

“Lo único verdadero es que yo, por curiosidad, visité Villa Baviera el año ’94, ya en plena democracia, había terminado el gobierno militar hace cinco años. No podían estar ocurriendo crímenes en ese momento, suponemos, porque ya no existía la DINA ni la CNI”.

Pero fue en 1967 que el médico comenzó a atender colonos venidos desde el fundo de Parral. El abogado Winfried Hempel hizo público este dato en una carta a El Mercurio, este lunes.

Y fue en las postrimerías de la última dictadura militar, el inicio de la transición la que dejaría la huella de Dörr y su especial aprecio por la Colonia Dignidad.

Hernán Escobar fue un niño chileno entregado a la Colonia Dignidad para su formación. En la década de 1990 fue el vocero chileno puesto por la jerarquía alemana para hablar con los medios de comunicación, en medio de los allanamientos y diligencias por las denuncias de abusos sexuales contra niños.

Hoy tiene un restorán en Parral, mantiene vínculos comerciales con la actual Villa Baviera. Conoció las visitas de Otto Dörr: “No podría dar un número preciso pero tal vez 3 veces. Porque él era un admirador de la obra de la Colonia, junto a muchos amigos de él y además porque conocía al doctor (Harmut) Hopp. Tengo entendido que era amigo del famoso doctor Varas, de Concepción que emitió un montón de certificados y tratamientos a los colonos”, señaló a El Dínamo.

El doctor Otto Dörr era un “amigo” de la colonia. Una ex colona alemana que por razones de seguridad prefiere mantener su nombre en reserva asegura que “el doctor Otto Dörr estuvo muchas veces en la colonia y casi siempre junto con Hopp y “Dorchen” (apodo de Dorotea Wittahn, esposa de Hopp). Este doctor estaba en la Stollenliste (lista del pan de navidad o de pascua), los amigos preferidos de los jerarcas.

Dicha lista era un grupo selecto de personas que recibía todos los años un regalo y saludos a fin de año. Entre esto, dice la testigo, estaba Augusto Pinochet, Manuel Contreras, incluso un fiscal alemán.

Fue en esta época que Otto Dörr asumió una pública defensa de los alemanes, desestimando en la prensa de la época las denuncias contra la Sociedad Benefactora Dignidad. Esta semana, el médico reiteró en entrevistas y en cartas a El Mercurio, que pidió disculpas por esto que calificó como una “torpeza de mi parte”.

La fuga

La misma época en que Otto Dörr fue incluido en la lista selecta de amigos de la Colonia Dignidad, Kuddel (Karl Stricker) estaba enamorado. En 1996, llevaba 36 años de trabajos forzados. Estaba molesto. Habiendo llegado con 25 años a Chile, había saboreado brevemente en su juventud lo que significaba la libertad.

Y en esa libertad soñaba para él y Alma Bruckmann, con quien había tenido un romance clandestino por varios años

En ese entonces, cumplidos 60 años, a las labores de pintura que “Mauk” (apodo de Gerhard Mücke) lo forzaba a hacer, había sumado trabajos en el campo. Pasaba largas jornadas cosechando trigo. Stricker conducía el camión que acompañaba a la trilladora, dirigida por Georg Laube. Una vez lleno, debía llevarlo a unas bodegas y descargarlo.

Fue una de esas tardes, en que “Aki” (apodo de Laube) se extrañó que el camión no volvía. Se dirigió al sector de las bodegas donde el vehículo estaba estacionado. Vio que nadie estaba en el volante. Rodeó la máquina, miró la tolva y debajo del motor. Karl Stricker había desaparecido.

En ese entonces, Laube era el segundo hombre al mando de la agricultura en el fundo. El jefe de esa área era “Hamster” (Hans Jürgen Riesland), uno de los hombres poderosos de la Colonia Dignidad. “Tuve que avisar pronto al Hámster, porque era mi obligación en ese tiempo. A los pocos minutos llegó él, Fege con sus perros y otros que salieron a buscarlo, cruzaron el Río Perquilauquén hacia el Fundo El Durazno”.

En menos de 36 horas, la Policía de Investigaciones de San Carlos se comunicó con el fundo alemán: informaban que un colono había llegado hasta el cuartel. De inmediato Hopp lo fue a convencer para que regresara. Sin recursos, sin familia, sin nadie a quien acudir, Karl Stricker, quien parecía un anciano, aceptó regresar.

Pero su destino inmediato no fue la habitación que compartía con otros colonos. Hopp lo llevó directo al hospital de la colonia.

Georg Laube relató a El Dínamo que “al día siguiente o subsiguiente que lo trajeron a la colonia, fue un sábado cuando lo vi, llegó el doctor Otto Dörr y lo que me comentó Hamster (Riesland) es que en este tiempo vino a tratar a Karl. Desde ese momento, Karl se quedó en el hospital mucho tiempo”.

Otro antecedente sobre la presencia de Dörr para trata a Karl Stricker lo aporta el doctor (PhD) Dieter Maier. En su libro “Pantalones de cuero, moños y metralletas: el trasfondo de Colonia Dignidad” (Friedrich Paul Heller, Editorial Schmetterlingverlag), el investigador alemán señala que “Karl Albert Stricker, 65 años, un hombre bonachón que quería casarse y había hecho un torpe intento de huir en 1996, fue sometido a tratamiento con psicofármacos por el médico Otto Dörr”.

El investigador alemán conoció en profundidad al matrimonio de Wolfgang y Gudrun Müller, quienes fueron liberados del enclave alemán en 2004. Radicados en un pueblo de Alemania, contaron al investigador que Otto Dörr trató a muchos colonos como pacientes y que uno de ellos fue Karl Stricker.

Las fuentes que vivieron en la Colonia Dignidad, consultadas para este artículo, señalan que desde ese momento, Karl Stricker nunca volvió a ser el mismo.

Algo que ratifica Hernán Escobar. “Era una excelente persona y hombre muy culto pero lo tenían para la cagada. Nosotros en ese tiempo no sabíamos lo que pasaba. Pero veíamos a personas de comportamiento diferente y que tenían cuidadores y una situación especial, para decirlo de alguna forma… pero razones o explicaciones nadie las daba”.

Así pasaron algunos años. El poco tiempo del día que los fármacos le permitían sostener una vida apenas normal, Karl Stricker, siguió viendo al amor de su vida, ocultos.

Ni la fuga de Paul Schaefer, en 1997, hizo que le quitaran la fuerte medicación que le daban diariamente. Harmut Hopp, por ese entonces figuraba a la cabeza tanto de la Colonia Dignidad, como del hospital.

Georg Laube dice que en ese tiempo el doctor Dörr siguió yendo a la villa alemana. “Estaba con toda la familia en la colonia. Hámster me dijo que venía para tratar a Karl. Harmut Hopp y Dorchen (Dorotea Wittahn) andaban siempre con ellos, con toda la familia, recorriendo la colonia”.

Con la presión judicial, social y política que estaba a las puertas del enclave alemán, en 2002, algunas medidas fueron forzadas a tomarse en el régimen interno. Una de ellas fue el anuncio que autorizaba a quienes quisieran formar familias. Por primera vez en 41 años, dejarían que hombres y mujeres estuvieran juntos. Incluso se daría la posibilidad para que algunos pudieran vivir fuera de la colonia.

Karl y Alma sintieron un nuevo aliento. Pero el arduo trabajo forzado y la medicamentación fuerte no abandonaron al pintor.

Día de los enamorados

“Obviamente sí. Karl Stricker estaba drogado. Y eso creo que al final fue la razón por la cual se cayó del techo y se mató”, afirma Escobar.

El 14 de febrero de 2002, Stricker tenía casi 66 años, un evidente sobrepeso y debía convivir con un bamboleo permanente producido por las drogas

Karl Albert Stricker pensaba terminar lo antes posible el trabajo ordenado: pintar el techo de la escuela de la Villa Baviera, en el sector de San Manuel, a unos cinco kilómetros de la colonia.

Georg Laube no estaba presente ese día. Pero tiene claro lo que ocurrió. “Después del accidente, Víctor Briones, que trabajaba con él en pintura, me comentó que él estaba presente cuando esto ocurrió. Cayó de la escalera mientras pintaba la escuela, en San Manuel. Me contó que en la mañana, cuando empezaron a trabajar, Karl tomó sus pastillas y las mostró a Víctor y dijo: mira, todas estas tengo que tomar, todos los días”.

Ocurrido el accidente, la ambulancia de la Colonia lo llevó hasta el Hospital de Parral. La gravedad de las lesiones hizo que fuera derivado hasta una clínica en Chillán donde finalmente, falleció a las pocas horas. El parte policial dirá que la causa de muerte de Karl Albert Stricker Bhalke, 65 años, fue “traumatismo encéfalo craneano complicado y politraumatismo por caída desde altura”.

A las pocas semanas, el abogado Hernán Fernández, el mismo jurista que defendía a los niños abusados por Paul Schaefer y los jerarcas alemanes, presentó la única denuncia para que se investigara las causas de la muerte de Stricker.

La escuela de San Manuel tenía sólo un piso.

Georg Laube contó que “Víctor Briones, después del accidente, fue citado al fiscal o PDI, y me contó que los jerarcas lo prepararon antes a no decir las verdades. Eso es lo que yo sé de eso”.

En el funeral de Karl Stricker estuvo presente casi toda la Colonia. Un colono, de forma reservada, dijo que “también estaba presente el doctor Hopp. Y el comentario de todos nosotros fue, que tenía una cara como una piedra, sin sentimientos. Y Gerhard Mücke, predicaba en el funeral”.

El caso por la muerte de “Kuddel” fue cerrado en 2009 luego que el Ministerio Público decidiera no perseverar con la investigación.

El doctor Otto Dörr también fue consultado por este medio a las dos direcciones de correo electrónico que figuran en la web, con los académicos, de la Universidad de Chile. Sin embargo, al cierre de esta edición, no se recibió respuesta.

Ese 14 de febrero de 2002, Día de los Enamorados, Karl Stricker tenía un regalo especial para Alma Bruckmann: el Registro Civil le había otorgado fecha para celebrar su matrimonio.

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