“Hemos sido tratados como peones”: misíl de sacerdote de Osorno contra Barros, el Papa y la Iglesia

"Nuestros feligreses no son tontos y reclaman dignidad", dice la comentada misiva.

Misíl de sacerdote de Osorno contra Barros, el Papa y la Iglesia
Misíl de sacerdote de Osorno contra Barros, el Papa y la Iglesia

El sacerdote católico e Hijo Ilustre de Osorno, Peter Kliegel, envió una dura carta a los obispos de Chile para expresar su malestar por la actitud encubridora que ha matenido la jerarquía eclesiástica al silenciar los abusos sexuales al interior del clero.

“La discrepancia entre las palabras y las actitudes de la jerarquía llegó al límite de lo permitible y aceptable. Callar ahora sería pecar frente a lo que experimentamos como iglesia en los últimos días lo que respecta al Sr. Obispo en Osorno. El asunto no es únicamente uno de Osorno, es de toda nuestra Iglesia chilena”, expresa Kliegel en su misiva.

“En tres años la Nunciatura y el Vaticano, a muchas peticiones, nunca se nos dio una respuesta (a Osorno), apenas un ‘acuso recibo’. No se nos escucha, tampoco el Santo Padre lo hizo y lo hace“, continúa.

“El lema inicial de las actuales OOPP canta: ‘La iglesia escucha…’. El Santo Padre en la alocución a Ustedes (día 16 de enero) dijo que las ‘principales tareas consiste precisamente en estar cerca de nuestros consagrados, de nuestros presbíteros’….y ‘que los laicos no son nuestros peones, ni nuestros empleados. No tienen que repetir como «loros» lo que decimo’. Siento que hemos sido tratados ni siquiera como empleados, sino como peones. ¡Cuánta verdad vive en esta frase, expresada del Sumo Pontífice! Una verdad muy dolorosa. A la vista de todo el mundo”, indica el sacerdote.

“No tengo el derecho de enjuiciar a alguien, pero no tomar en cuenta el clamor de víctimas de abuso sexual y no tomar las medidas correspondientes, es gravísimo. (A las víctimas hay que creerles, tanto a aquellas que se juntaron con el Papa privadamente, como a las que se han manifestado públicamente.) Tildar un testimonio honrado de parte de una víctima (afirmado en juicios públicos) de calumnia, es gravísimo. Más aún si viene de la boca del Sr. Cardenal Errazuriz“, dice en relación al caso Karadima y las acusaciones contra Juan Barros.

Según Kliegel, “con estas palabras no se ofendió a ‘algunos pocos laicos’, se golpeó fuertemente a una comunidad diocesana, a la iglesia nacional, que ya se cansó en su esperanza de una solución humana, social y pastoral. El abandono de nuestras filas de parte de muchos fieles, es silencioso, el descrédito es enorme. Duele”

Sobre Barros agrega que “se subestimó – y esa es la gravedad en la mira – el ambiente histórico en el cual nuestro obispo se movió por más de 30 años, ambiente que él mismo alabó (documentado públicamente) como edificante y que fue el ambiente de un guía pederasta que dañó a nuestra iglesia chilena escandalosamente. No haber’ ‘visto nunca nada’ en 30 años indica incapacidad de ver al mundo real, de ver la historia personal con mirada crítica“.

Nuestros feligreses no son tontos y reclaman dignidad“, dice en la misiva. “Una persona puede cometer errores y tiene derecho al perdón (…) pero hay que reconocerlos en vez de insistir en la inocencia, que no aparece como creíble. La carta del Santo Padre de enero del año 2015, recién publicada, ha revelado que nuestro obispo en su presentación ante la diócesis no fue veraz con nosotros”, expresa la carta. “Esto duele y aflige”, agrega.

“Esta mencionada y ahora publicada carta indica que Ustedes como obispos tuvieron clara conciencia de la situación personal e histórica del ahora obispo de Osorno y de lo que esperaba una diócesis entera. Ustedes con clara deliberación querían preservar al Santo Padre de una fatal equivocación, sabiendo que el Papa se puede equivocar. (…). Pero las autoridades de mi iglesia miraron más la conveniencia del poder administrativo que la máxima regla en la pastoral: la salvación de las almas. Esto duele y pone en jaque la dignidad de todos nosotros. La dignidad es un derecho humano inalienable, el mismo Papa nos lo grabó recién en nuestras conciencias. Seguir a dicha premisa es obligación moral”, explica.

El documento termina con una dura exigencia: “por su propia dignidad como persona y obispo y por el derecho a la dignidad de todos nosotros, fieles y consagrados, el Sr. Obispo Juan Barros se decida a repensar su posición en bien de la iglesia de todo un país. Aquí no se trata de querer tener la razón, está en juego un bien mayor: la paz entre los hombres“.

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