“La mordida amarga”, por Débora Calderón

Ni ser presidente de Apple Inc. y máximo accionista individual de The Walt Disney Company. Ni haber logrado destacar como una de las más importantes figuras de la industria de la computación y del entretenimiento digital, a quien el propio presidente Obama requiere en sus reuniones sobre temas tecnológicos.

Por:  El Dínamo

Ni ser presidente de Apple Inc. y máximo accionista individual de The Walt Disney Company. Ni haber logrado destacar como una de las más importantes figuras de la industria de la computación y del entretenimiento digital, a quien el propio presidente Obama requiere en sus reuniones sobre temas tecnológicos.

Ninguno de los logros personales y empresariales de Steve Jobs lo han librado de la más difícil de todas sus batallas. La de su salud. Hace un mes, Jobs anunció a través de un comunicado que se alejaba de la compañía tecnológica por razones de salud que no especificó.

Como leí hace algunos días en el Reporte Índigo, algún día viviremos en un mundo sin Steve Jobs. Es duro aceptar esta realidad, pero Jobs inventó el iPod, no la inmortalidad.

Apple va a sobrevivir, pero reemplazar a la persona que ES la empresa resulta muy complicado. Hay que recordar que a Disney le tomó exactamente 40 años encontrar, en John Lasseter, a alguien con las cualidades creativas de Walt Disney, el creador del imperio.

Hoy, los entredichos, las fotos tomadas a la entrada de la clínica Stanford Cancer Center, situada en Palo Alto, California, su deteriorado aspecto físico y ese cáncer al páncreas que parece no dejarlo en paz a pesar de estarlo tratando desde el 2004, hacen evidente que algo anda mal en la vida del fundador de Apple.

Algunos se atreven a hablar de cifras. Seis meses de vida, dicen. Otros sólo especulan con comparaciones y acotan desde el anonimato que la enfermedad avanza, que Jobs no puede dejar de preocuparse de su empresa, y que el futuro de la compañía también sufre los embates de esta agonía.
¿Cómo será la tecnología sin Steve Jobs? Diferente, menos osada quizás. O tal vez simplemente aparezca otro cerebro carismático a quien seguir por sus audacias y su capacidad visionaria.

Hoy Jobs sigue vivo, manteniendo un bajo perfil en Silicon Valley, la ciudad donde nacieron sus principales ideas. Esas ideas que nos han cambiado la vida a todos quienes buscamos que la tecnología sea más amable didáctica y cercana.

Débora Calderón Kohon estudió periodismo en la Universidad Católica. La vida la llevó temprano al mundo de los negocios y el retail, pero las ganas de escribir nunca desaparecieron. Hoy es columnista estable de la Revista Poder y Negocios y Mosso, y una activa participante en redes sociales.

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