“La suma de los daños”, por Débora Calderón

Es imposible quedar indiferente frente al testimonio de James Hamilton, médico y querellante del caso Karadima, que ha tenido la valentía de ir adelante con su verdad a pesar de que, incluso escucharla, sea duro para cualquier espectador.   Ser testigo de esta clase de testimonio es un hito para nuestra sociedad. Un momento histórico en el que por primera vez se aborda sin censura en nuestra televisión, a alguien que no sólo se atreve a denunciar

Por:  El Dínamo

Es imposible quedar indiferente frente al testimonio de James Hamilton, médico y querellante del caso Karadima, que ha tenido la valentía de ir adelante con su verdad a pesar de que, incluso escucharla, sea duro para cualquier espectador.



Ser testigo de esta clase de testimonio es un hito para nuestra sociedad. Un momento histórico en el que por primera vez se aborda sin censura en nuestra televisión, a alguien que no sólo se atreve a denunciar, sino también a hacerlo con nombre y apellido, aunque se trate nada menos que del cardenal Francisco Javier Errázuriz.



¿Qué factores pueden haberse reunido en esta ocasión para que estemos en presencia de un momento histórico para nuestra sociedad? Las causas son varias y podemos dividirlas en coyunturales y fundamentales.



Tenemos en primer lugar la tribuna de un canal independiente, que permite la emisión y difusión de un testimonio sin preocuparse de querellas a priori. La credibilidad que damos al testimonio mismo, avalado por el prestigio de un programa de análisis sociopolítico que se ha hecho un espacio respetado y respetable. Hay que considerar también la madurez de un público televidente informado que, a través de las redes sociales, demanda y exige contenidos de esta calidad. Tres factores claves que construyen un escenario apropiado para el desahogo en cámara de una víctima de abuso sistemático.



Y al mismo tiempo, está el cambio que podemos constatar en el tribunal eclesiástico. A diferencia del papado anterior, donde este tipo de conductas impropias y criminales fueron solapadas, entre traslados y silencios, en la actual administración de Joseph Ratzinger se ha optado por actuar con cero tolerancia y rapidez en la investigación y sentencia.



Donde antes se optó por ocultar y callar -optando por un mal entendido “mal menor” frente a la importancia de la tarea apostólica- hoy se busca cortar de raíz con cualquier atisbo de corrupción. Desde los Legionarios de Maciel hasta las monjas Ursulinas en Chile, nadie puede esperar que la situación continúe por décadas. Ha llegado el tiempo de pagar con la verdad, tal como lo muestra el rápido rechazo y condena a la estructura del padre Karadima en la iglesia de El Bosque.



La credibilidad de la Iglesia aparece muy dañada. Y por muy buenas intenciones que el Papa Benedicto XVI tenga, no pasará de ser un control de daños. Al menos por ahora.



Lo que es realmente necesario hoy son otras voces temerarias como la de James Hamilton, un hombre que ha sufrido lo indecible y que ha pagado un costo altísimo por abrir la ruta hacia la verdad. Él es la verdadera causa fundamental por la cual, tras la noche de domingo, nos abrimos a la posibilidad de un nuevo pacto social en Chile. Uno que acepta la fe pero que, al mismo tiempo, exige justicia.







Débora Calderón Kohon estudió periodismo en la Universidad Católica. La vida la llevó temprano al mundo de los negocios y el retail, pero las ganas de escribir nunca desaparecieron. Hoy es columnista estable de la Revista Poder y Negocios y Mosso, y una activa participante en redes sociales.

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