COVID-19: qué significa la “inmunidad de rebaño” para el virus

El concepto es usado en la epidemiología e inmunología para hablar sobre la protección ante los brotes. Expertos y la OMS dudan que con el coronavirus esto se logre sin una vacuna.

COVID-19: qué significa la "inmunidad de rebaño" para el virus
COVID-19: qué significa la "inmunidad de rebaño" para el virus

La pandemia del coronavirus ha generado inquietud entre las personas y una serie de estrategias de los gobiernos de todo el mundo para controlar su expansión, recurriendo a conceptos como el de la llamada “inmunidad de rebaño” para intentar salir de la crisis.

A principios de marzo, el Reino Unido apostaba por esta medida, reconociendo que millones de personas se iban a enfermar, lo que posteriormente generaría una inmunidad en gran parte de la población. Las cientos de muertes diarias y el contagio del propio primer ministro Boris Johnson hicieron que el país echara pie atrás a la idea.

Más allá de esto, la idea de generar defensas en las comunidades para sostener la llegada de diversos virus está establecida en la ciencia, pero provoca algunas dudas entre los expertos, quienes ven que la COVID-19 es más grave de lo estimado y que un contagio masivo en poco tiempo podría provocar caos en los sistemas sanitarios.

La inmunidad

Especialistas señalan que la “inmunidad de rebaño”, también conocida como “inmunidad de grupo o colectiva” se debe entender teniendo en cuenta lo que implica la “protección” de cada una de las personas y lo que se logra con ello.

María Pía Zañartu, inmunóloga de la Clínica de la Universidad de Los Andes, explicó a EL DÍNAMO que a una persona se le puede dar inmunidad de forma activa o pasiva.

“Uno puede tener inmunidad activa cuando se enferma de algo y el cuerpo crea la inmunidad con los anticuerpos, las células, etc. Ante cualquier patógeno que entra al cuerpo y se combate con las propias células uno mismo genera los anticuerpos”, expresó.

La otra forma de generar este tipo de inmunidad es a través de la vacunación. “Yo le pongo una vacuna a un paciente, la que puede ser una fracción de una proteína, el patógeno muerto, y hago que el paciente llegue a tener una reacción inmunológica sin llegar a generar una enfermedad clínica, pero el propio paciente genera su anticuerpo sin provocar una enfermedad”, expresó.

La inmunidad pasiva, en tanto, está vinculada a las inyecciones administradas por situaciones puntuales como el suero antitetánico, donde se “prestan” los anticuerpos que no se tienen para generar una protección, los que se degradan en tres semanas sin ser permanentes.

El rebaño y la vacunación

Miguel Acevedo, médico epidemiólogo y académico de la Universidad Mayor, entregó su concepto de la inmunidad de grupo apuntando al avance que ha tenido nuestro país en la vacunación por distintas enfermedades.

“La inmunidad de rebaño es lo que nos protege de enfermedades tan importantes como la tuberculosis o el sarampión. Dado que en nuestro país hay muy altas tasas de vacunación contra esas enfermedades en la población general, eso implica que la cantidad de personas susceptibles de desarrollar la enfermedad, en caso de haber un caso contagiante en el medio, es baja”, señaló el experto a EL DÍNAMO.

En ese sentido, el docente precisó que “muchas personas con defensas adecuadas, ya sea porque fueron vacunados o porque tuvieron la enfermedad y quedaron con defensas, son como una barricada humana entre el enfermo contagiante y aquellas personas potencialmente susceptibles de enfermar por falta de inmunidad”.

Desde la inmunología, en tanto, se plantea que para alcanzar esta protección colectiva es clave la vacunación, más allá de la obtención del virus libre por parte de las personas.

“Cuando tú vacunas a un gran porcentaje de la población, aportarás protección indirecta a aquellos que no pudieron ser vacunados. La idea es vacunar a gran parte de la población para que aquellos que no pudieron acceder a ella indirectamente estén protegidos, y por lo tanto van a infectarse menos. Si hago esto entonces genero un efecto de rebaño. Entonces el resto que no se vacunó estará protegido, por lo que no le transmitirá la enfermedad”, explicó María Pía Zañartu.

Con estos grupos inmunizados, agrega, se puede lograr un corte en la cadena de infección, la que la hace mucho más abordable para el sistema de salud. “Un efecto rebaño se logra cuando el 70% de la población, al menos, está protegido“, señaló.

Lamentablemente, este coronavirus aún no tiene una vacuna, por lo que la apuesta debería ser la del contagio masivo, en una acción que no ha logrado la unanimidad en la comunidad científica.

Las dificultades con el coronavirus

Mike Ryan, experto del departamento de emergencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS), abordó hace algunos días la posibilidad de generar inmunidad en la población, apuntando a que “mucha de la información preliminar que nos está llegando ahora sugeriría que hay un porcentaje muy bajo de la población que puede producir anticuerpos”.

Estas dudas también alcanzan a los especialistas chilenos, que ven la necesidad de una vacuna por sobre una infección masiva, enfatizando la gravedad del contagio en la mayoría de sus casos.

“Cuando no tenemos vacuna, como en el caso de ahora, uno espera que se infecte la mayor cantidad de gente posible para que ese grupo que no se infectó, a la larga, vaya a quedar protegido porque los que ya se infectaron no van a seguir transmitiendo la enfermedad, logrando la inmunidad natural”, explicó Zañartu.

Esto, sin embargo, es más complejo en el caso de la COVID-19, dado que es una enfermedad con una alta mortalidad, especialmente en el caso de los adultos mayores y enfermos crónicos, y que puede ir evolucionando con el tiempo.

“Además uno podría tener una inmunidad para el virus de ahora, pero los virus tienen una alta tasa de mutación. Entonces puede ser que en seis meses más tengas un virus que varió un poquito, que sigue siendo un coronavirus, pero que parece tener una variación genética que hace que los anticuerpos en la primera población rebaño no sean tan efectivos en esta otra mutación. Entonces se debe producir una segunda inmunidad de rebaño”, añadió la especialista.

Miguel Acevedo, en tanto, afirmó que la “inmunidad de rebaño” sin vacuna implica problemas debido al desconocimiento del virus y por razones “éticas”, aludiendo a la vulnerabilidad de los grupos de riesgo.

“Esta enfermedad representa menos muertes que muchas otras patologías, pero al ser muy contagiosa, el número de enfermos será alto, y aunque los fallecidos sean una proporción pequeña, el número absoluto de ellos será elevado”, expresó.

La inmunóloga Zañartu respalda esta línea, afirmando que “si uno habla de otro tipo de virus, que no es tan peligroso, que no lleva tantas muertes, uno dice ‘bueno, puede ser’, pero frente a lo que vemos ahora no esperaría una inmunidad de rebaño natural sin vacuna esperando que se contagie un alto porcentaje de la población con los riesgos que conlleva”.

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