Los inventos que no pudieron cambiar el mundo

Así como el mundo científico es movido por el inefable grito de guerra de "publicar o perecer", el mundo tecnológico corre al ritmo de otra premisa: "inflar o morir". La operación la ejecuta la mano derecha de esta industria, el marketing, con toda clase de estrategias con las que, además de instalar en las cabezas de los potenciales compradores la necesidad de algo que no necesitaban, hacen pasar por bueno lo que es mediocre y aquello que podría ser útil para unos pocos lo transforman y venden como el 

Por:  El Dínamo

Así como el mundo científico es movido por el inefable grito de guerra de “publicar o perecer”, el mundo tecnológico corre al ritmo de otra premisa: “inflar o morir”. La operación la ejecuta la mano derecha de esta industria, el marketing, con toda clase de estrategias con las que, además de instalar en las cabezas de los potenciales compradores la necesidad de algo que no necesitaban, hacen pasar por bueno lo que es mediocre y aquello que podría ser útil para unos pocos lo transforman y venden como el “objeto que va a cambiar el mundo, para siempre”. 

Mes tras mes, gadgets de toda clase desembarcan primero como rumores lejanos, luego como filtraciones y finalmente atraviesan el sendero evolutivo de todo artefacto tecnológico: anuncio oficial, presentación como “lo último”, aparición viral en los medios, irrupción en las tiendas hasta aterrizar al fin en nuestros bolsillos. Lo cierto es que, cuando toda esta cadena falla, podemos decir que estamos frente a un“vaporware”, un verdadero fracaso tecnológico o, como lo definió Esther Dyson, quien acuñó el términoen 1983: “Buenas ideas implementadas incompletamente”. 

El mes que viene se cumplen, casualmente, diez años desde el anuncio de uno de los vaporwares más grandes de los últimos tiempos: aquel monopatín eléctrico llamado Segway, que nació como “el invento que cambiará la civilización tal y como la conocemos”. Esas fueron las palabras elegidas por su creador, el físico de Dean Kamen, en su presentación del 3 de diciembre de 2001 en Nueva York. La palabra “modestia” no figura en el vocabulario de este ingeniero autodidacta: una vez que apareció el Segway, Kamen afirmó que su chiche unipersonal de dos ruedas pondría en jaque a la industria automotriz mundial y hasta aseguró que borraría del paisaje urbano a los autos. Los diarios lo publicaron en sus primeras páginas, en las que reproducían también las palabras de Steve Jobs, quien aseguró que era “el invento más revolucionario después de la PC”. Hubo fotos e infografías. Sin embargo, pese a los embates de la crisis y al calentamiento global, las automotrices -y los autos- siguen ahí. Si uno afina la mirada, reconocerá Segways en aeropuertos, en canchas de golf o eventualmente usados por la policía en las grandes ciudades del mundo. Pero no mucho más. En la Argentina, se venden en MercadoLibre a 7000 dólares.

Kamen y sus financistas pronosticaron que el libro Guinness registraría el Segway como el invento que conseguiría ventas por 1000 millones de dólares con mayor velocidad. La realidad, sin embargo, les pegó duro: de 2001 a 2007, sólo vendieron 30 mil unidades. Pero eso no fue todo. El Segway parece maldito: en agosto de este año, el multimillonario empresario cuando perdió el control -que adquirió la compañía Segway Inc. a principios de 2010- murió cuando perdió el control de su Segway y cayó por un acantilado. Fue la peor manera de vender el mayor de los fracasos.

Vale decir que así como la historia la escriben los que ganan, la historia de la tecnología la escriben los que -además de ganar millones de dólares- no hacen el ridículo. Casi toda gran compañía tiene su oveja negra, su chiche que no pegó y terminó comiendo polvo en un hangar: como el Sega VR -un supercasco que tenía la intención de llevar la realidad virtual a los gamers en 1994- y una consola futurista llamada Phantom (2003). Ahora, con el éxito del iPhone y el iPad, los fanáticos de Apple no los recuerdan, pero también tienen sus fracasos como el Newton (uno de los primeros PDA que fracasó, en 1993 por su incapacidad de reconocer la escritura a mano), la computadora Cube (2000) o el W.A.L.T. (Wizzy Active Lifestyle Telephone, un aparatito de 1991 que mostraba faxes en su pantalla), todos ellos inventos que terminaron en la misma categoría de objetos condenados al olvido, como la bicicleta eléctrica, las medias a pilas y las pulseras magnéticas.

Vía Vaporware: Las ideas que NO cambiaron el mundo en www.conexionbrando.com

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