"El nuevo Mapocho Navegable", un diagnóstico de Iván Poduje

Muchos líderes políticos han sentido fascinación por los grandes proyectos de infraestructura, ya que los ven como una forma de preservar su legado. Los casos abundan en nuestra historia, desde el intento de Balmaceda por unir Chile con un ferrocarril longitudinal, hasta la obsesión de Vicuña Mackenna por transformar Santiago en un pequeño París o la modernización de la infraestructura impulsada por Ricardo Lagos.

Por:  El Dínamo

Muchos líderes políticos han sentido fascinación por los grandes proyectos de infraestructura, ya que los ven como una forma de preservar su legado. Los casos abundan en nuestra historia, desde el intento de Balmaceda por unir Chile con un ferrocarril longitudinal, hasta la obsesión de Vicuña Mackenna por transformar Santiago en un pequeño París o la modernización de la infraestructura impulsada por Ricardo Lagos. Incluso la Presidenta Bachelet que era poco dada a las grandes obras, sucumbió ante ellas y ejecutó una red de estadios y museos que fueron alabados en un artículo reciente del New York Times.

Sebastián Piñera también tenía sus proyectos bajo el brazo. El más emblemático surgió cuando visitó Paris e imaginó que Santiago podía tener su propio río Sena: un Mapocho navegable, con juegos de luces y piscinas. La idea fue desarrollada por el arquitecto Cristian Boza desde la Fundación Futuro, pero tuvo poca recepción en los organismos públicos de la época. Por supuesto, esto cambió cuando Piñera fue electo Presidente y encomendó a su Ministerio de Obras Públicas sacar el proyecto antes de 2014, bajo la modalidad de concesión de obra pública.

Desde entonces el Mapocho Navegable fue objeto de críticas, como ocurre con todos los proyectos grandes y complejos. Se cuestionó la factibilidad de hacer navegable un torrente, el riesgo de privatizar sus riberas o el impacto negativo que generarían las obras hidráulicas sobre un territorio tan sensible del paisaje santiaguino. Personalmente, compartí varias de estas aprensiones. Además consideré que el proyecto tenía una baja rentabilidad social y que por su alto costo, era inoportuno considerando las prioridades derivadas del plan de reconstrucción.

El Martes pasado se anunció que el Mapocho Navegable cambiaba de nombre y que su diseño había experimentado varias modificaciones. En vez de transformar todo el curso del río, el ahora parque “Renato Poblete” limitó su intervención a un tramo de 1 kilómetro, concentrando las obras mayores en un gran terreno eriazo ubicado al final del Parque de Los Reyes.

Estos ajustes mejoraron el proyecto original en varios aspectos. Al reducir su tamaño, bajó el costo de inversión y el impacto sobre el paisaje, ya que no se tocarán los sectores más valiosos y consolidados del río Mapocho. Por otro lado, mejoró su beneficio social al transformar un sitio eriazo en un parque de 14 hectáreas que beneficiará a comunas con importantes carencias en esta materia.

Otro mérito fue incorporar un curso de agua al interior del parque, para generar un “balneario urbano” que estará rodeado de canchas deportivas, museos, embarcaderos y paseos y que debiera ser muy demandando considerando la densidad poblacional del entorno y la ausencia de lugares similares en Santiago.

No queda más que felicitar a los autores del nuevo diseño y esperar que la idea se pueda concretar y no pase a engrosar la larga lista de anuncios archivados. Por lo mismo, el gobierno debiera evaluar si es factible concesionar el parque a empresas privadas sin afectar su uso y beneficio público. Posiblemente sea más recomendable financiarlo con recursos sectoriales, una inversión que estimo debiera justificarse ampliamente por los beneficios sociales ya comentados.

 SOBRE EL AUTOR: Iván Poduje es arquitecto, Magister en Desarrollo Urbano. Socio de la oficina de urbanismo Atisba, profesor de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica, investigador asociado del CEP y miembro de la Sociedad Chilena de Políticas Públicas.

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