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Fernando Fischmann, el "niño símbolo" del emprendimiento nacional

Si hace cuatro años atrás usted escribía el nombre "Fernando Fischmann" en Google, habría obtenido exactamente nueve coincidencias. Pero las cosas han cambiado. Y si hoy hiciera el mismo ejercicio pasaría horas revisando los 7.190 links que contienen  su nombre.   

Por:  Nicolás Pantoja

Si hace cuatro años atrás usted escribía el nombre “Fernando Fischmann” en Google, habría obtenido exactamente nueve coincidencias. Pero las cosas han cambiado. Y si hoy hiciera el mismo ejercicio pasaría horas revisando los 7.190 links que contienen  su nombre.

Fernando Fischmann Torres es el creador de Crystal Lagoons, la empresa que construye las piscinas más grandes del mundo. Y no es que sea el primero que pensara en una piscina gigante, muchos lo intentaron antes sin éxito. ¿Su mérito? Inventar un sistema que permite mantener cristalinas las aguas a un costo altamente competitivo.

Pero no sólo saca aplausos por la tecnología, sino también por su perseverancia. Un buen ejemplo de ella  fue cuando el propio Fischmann encargó a la Fundación Chile encontrar la forma de que estas fueran económicamente viables, pero nunca pudieron dar una respuesta.

Con la negativa de la Fundación Chile y la falta de respuestas en países como Australia, Hawai, México o Estados Unidos, debió  desempolvar sus libros de bioquímica, profesión obtenida en la Universidad de Chile y que nunca ejerció, para buscar por sus propios medios una alternativa.

Así nació una piscina de 8 hectáreas, la más grande del mundo. Se trató de un megaproyecto inmobiliario bautizado como San Alfonso del Mar, ubicado en el sector norte de Algarrobo.

De esta forma, Fischmann se transformó en el “niño símbolo” del emprendimiento made in Chile y que lo llevó a ser nombrado miembro del Consejo Nacional de Innovación (CNIC) en agosto pasado.

No es para menos, según el  secretario general de la Sofofa, y compañero de Fischmann en el CNIC, Cristobal Philippi, “la forma en que armó Crystal Lagoons es extraordinaria, de clase mundial. Probablemente de los pocos emprendimientos nacidos en Chile con alcances globales y en un breve tiempo”.

Un ex funcionario público que le tocó relacionarse con Fischmann, cuenta que es muy “transversal políticamente” y asegura que “no tiene complejos para trabajar con nadie”. Esto lo llevó a ser invitado, tanto por el ex ministro de Economía, Hugo Lavados, como al actual tituar de la cartera, Juan Andrés Fontaine, a importantes giras fuera del país.

Para el presidente del Foro de Innovación, Raúl Rivera, se trata de “un tipo bastante especial, porque mezcla la ciencia con el emprendimiento”. Destaca también la disposición a colaborar con los que están comenzando. Cuenta que Fischmann dedica tiempo a innovadores de alto potencial que inician sus emprendimientos  a través de la “red de mentores” que posee el Foro. “Fernando representa el nuevo Chile que no tiene las taras del pasado”, asegura Rivera.

Los inicios

Nieto de inmigrantes alemanes llegados a Curicó en 1930, prontamente se trasladaron a la capital. Ahí su padre, Isaac, se dedicó a varios negocios. El más reconocido fue el restaurant Chezz Henry, tradicional local del Pasaje Matte en pleno centro. Junto a la gastronomía, la pasión de Isaac fue la hípica, llegando a ser director del Hipódromo y socio del haras Figurón, hoy en manos de la familia Angelini.

Pero a Fernando no le interesaron ni los caballos ni la comida. Así, en 1980, junto a su hermana Myriam, se instaló con la inmobiliaria El Plomo. Sus primeras inversiones se realizaron al año siguiente cuando compró terrenos en el hoy exclusivo sector de Los Trapenses, a lo que siguieron proyectos en El Arrayán y en la zona poniente de Santiago.

Hasta ahí todo normal, pero un buen día de 1986 remató  60 hectáreas en Algarrobo. Comienza así a concretarse la idea de la construcción de San Alfonso del Mar.

La familia siempre tuvo una buena situación económica”, cuenta un cercano miembro de la comunidad judía en la que Fischmann participa activamente, aunque lo  describen como más bien retraído. Un buen ejemplo de ello es que hace ya un par de años que dejó de conceder entrevistas a los medios y nada se informa de su vida privada, sólo de sus empresas.

Entre sus pasiones está la navegación. Esta  lo llevó a adjudicarse la regata “Arturo Prat” abordo  de Bom-Bini. Hoy esa embarcación ya no existe y ahora sólo cuenta con su yate de paseo.

Cuentan que hasta el 2007, fecha en que nace Crystal Lagoons, Fernando era un tipo muy relajado que trabajaba medio día. Hoy, prácticamente no para de recorrer el mundo vendiendo sus piscinas y cerrando acuerdos.

Su innovación lo tiene actualmente involucrado en 165 proyectos en 42 países de los cinco continentes.

En nuestro país ha logrado darle un giro muy importante al concepto de lagunas. Si antes se enfocaba a instalarlas en proyectos de segunda vivienda, hoy ya se construyen tres en plena urbe: Chicureo, Padre Hurtado y San Bernardo. A esto hay que agregar el que se levanta en La Serena.

Record Guinness

Crystal Lagoons no es cualquier empresa, sino una que construyó la piscina más grande del planeta. Todo comenzó cuando, por internet, un grupo de jóvenes  quiso aprovechar la tecnología disponible por Google Earth y se propuso encontrar la más grande de las piscinas. El resultado fue un correo electrónico desde Lóndres informando de la obtención del Record Guinness. Y no es para menos, se trata de 250 millones de litros de agua, unas 6 mil piscinas domésticas.

Algunos creen que Fernando Fischamnn en pocos años más será el hombre más rico del país. Nada descabellado si pensamos que su empresa hoy está involucrada en proyectos por más de US$80.000 millones. Otros son más cautos y aseguran que Fernando tiene claro que esta es una “ventana de oportunidad”. “Es probable que alguien rápidamente le copie su innovación, eso ocurre siempre con este tipo de emprendimientos”, asegura un conocedor del mercado.

Se desconoce el patrimonio que hoy posee Fernando Fischmann. Algunos afirman que todavía el mayor de los negocios se encuentra en la inmobiliaria y no en las piscinas.  “Son inversiones que se están construyendo y reportan ganancias en la medida que se van concretando y vendiendo”, explica un cercano.  Lo cierto es que la “joya de la corona” de los innovadores nacionales ya sueña con en tan sólo 10 años, instalar más de 30 piscinas en la capital.

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