Opinión

75 años de Naciones Unidas. Hacia nueva arquitectura multilateral

Este año se cumplieron 75 años desde la suscripción de la Carta de San Francisco, tratado que dio origen a la Organización de las Naciones Unidas. El mundo venía saliendo de la II Guerra Mundial, y los países que participaron en la conferencia (entre los cuales estaba Chile), querían evitar a toda costa la repetición […]

75 años de Naciones Unidas. Hacia nueva arquitectura multilateral
75 años de Naciones Unidas. Hacia nueva arquitectura multilateral
Por:  Juan Pablo Glasinovic Vernon

Este año se cumplieron 75 años desde la suscripción de la Carta de San Francisco, tratado que dio origen a la Organización de las Naciones Unidas. El mundo venía saliendo de la II Guerra Mundial, y los países que participaron en la conferencia (entre los cuales estaba Chile), querían evitar a toda costa la repetición del escenario que derivó en la conflagración mundial.

La principal lección de este conflicto aún humeante y del anterior de 1914-18, es que la ausencia de un conjunto de normas y principios internacionales, y de alguna instancia que se preocupara de hacerlas respetar con una efectiva capacidad de forzar su cumplimiento, implicaba una carrera por la hegemonía y un alto riesgo de conflicto entre las naciones.

El gran mérito de esta nueva organización, heredera de la Sociedad de las Naciones, es que incluyó desde su inicio a las principales potencias. También, y a diferencia de su antecesora, consideró una instancia – el Consejo de Seguridad – integrado los países victoriosos de la guerra, que tendría un poder de veto en relación a las decisiones de los otros miembros. Así se buscaba imprimir un sello de realismo e incentivar a las potencias a participar del sistema, lo que podría no haber resultado de aplicarse el sistema de un país, un voto.

En retrospectiva, Naciones Unidas ha hecho una gran contribución a la paz y estabilidad del sistema internacional. Sin duda que, de no mediar su acción, estos 75 años habrían sido mucho menos pacíficos. Junto con ello, abrió una gran ventana de participación en múltiples temas relativos a la arquitectura internacional para la mayoría de los estados, que de no haber existido, estarían a la sombra de alguna potencia y sus dictados.

El sistema de Naciones Unidas se expandió a prácticamente todas las áreas, con entidades dependientes o relacionadas como la FAO (agricultura y alimentación), la OIT (trabajo), OMI (mar), UNESCO (cultura), OMS (salud), ACNUR (refugiados), PNUMA (medio ambiente), FMI (asistencia financiera), BM (desarrollo), OMC (comercio) y muchas más.

Durante todos estos años, se fue construyendo un conjunto de normas que regulaban la convivencia entre las naciones, aceptado como tal incluso por los estados más poderosos (sin perjuicio de sus ocasionales violaciones), que no cuestionaban su legitimidad.

Esta seguridad, cooperación y estabilidad posibilitaron el desarrollo de muchas regiones y países, en lo que se considera genéricamente, como uno de los períodos más pacíficos de la historia mundial.

Sin embargo, el mundo de la post guerra cambió y hace tiempo que el sistema experimentaba tensiones. El traje del año 1945, ya no daba para más parches. Varias personalidades y gobiernos hace tiempo que vienen clamando por reformas al sistema, para adaptarse a los cambios. Desde incorporar a nuevas potencias al Consejo de Seguridad, hasta el sistema de financiamiento y gobernanza de Naciones Unidas y sus entidades relacionadas. Pero, por diversas razones no hubo voluntad ni presión suficiente para las reformas.
Aunque hace ya varios años que se apreciaba una erosión en su funcionamiento y legitimidad, el golpe más severo vino de los Estados Unidos, país fundador de la organización. Ya con el presidente George W Bush y sus guerras en Irak y Afganistán, Naciones Unidas había quedado seriamente dañada al ser dejada de lado, pero la elección de Trump y su vocación nacionalista y aislacionista significó una herida aún más profunda. En efecto, Trump ha suspendido la contribución financiera de su país a varias de las entidades, al mismo tiempo que las denosta públicamente y ha maniobrado para dejarlas inoperantes.

La pandemia del COVID 19 ha dejado en evidencia que el sistema de Naciones Unidas está muy deteriorado, y que no ha sido capaz de articular una respuesta multilateral a este grave problema sanitario.

Tampoco ha podido intervenir efectivamente en instancias como la guerra comercial entre China y Estados Unidos, o en iniciativas de paz como las negociaciones árabe-israelíes.

La Asamblea General de este año ha sido un fiel reflejo de la situación que atraviesa la ONU. Por primera vez en su historia sin la concurrencia de jefes de estado y gobierno (por la pandemia), y la presentación de videos de las mismas autoridades que dejan en evidencia una total ausencia de consenso y unidad respecto del valor de esta organización y de su futuro.

¿Está el multilateralismo centrado en el sistema de Naciones Unidas seriamente amenazado? ¿O es solo una coyuntura con el nombre y apellido de algunos líderes mundiales?

Sin duda que atraviesa una grave crisis. En un ejercicio de realismo, creo que no se puede pretender, aún cuando Biden triunfe en las elecciones, volver al contexto pre Trump. La legitimidad de origen ha quedado seriamente lesionada y solo podrá recuperarse con profundas reformas. Estas deben reflejar mejor el mapa del poder actual. Aún así, pienso que será difícil revertir la autonomía que muchos estados más poderosos han adquirido, a los cuales les conviene un sistema donde puedan ejercer más libremente su poder, sin las cortapisas de una arquitectura internacional más regulada.

La recuperación de la legitimidad de estas organizaciones pasa también por hacer su burocracia menos onerosa, más eficiente y efectiva. Hay fundamento en la crítica a algunas entidades que han sido capturadas por grupos de interés, con altos costos y pocos resultados.

Mientras se define un nuevo sistema que reemplace al actual, los países medianos y pequeños debemos priorizar instancias que se hagan cargo de los problemas más urgentes, bajo la lógica del mínimo denominador común. Entre estos están, por ejemplo, la salud y el medio ambiente.

Junto con lo anterior, se deben promover las acciones de concertación regional, para enfrentar unidos los desafíos más locales y aspirar a incidir en los asuntos globales.

Finalmente, el contexto actual debiera también incentivar a un realineamiento en las alianzas globales. De las potencias actuales, la que mantiene más firmemente su adhesión al multilateralismo como lo conocemos, es la Unión Europea. Esto representa no solo una oportunidad para países como el nuestro de profundizar los vínculos con este bloque, también puede reforzar a la Unión Europea como una alternativa a un mundo bipolar (EEUU-China).

Han sido 75 años de logros muy importantes y es justo destacar y celebrar. Pero el futuro es una gran interrogante y hay que abrir un nuevo camino.

“Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino sino estelas en la mar.” (Antonio Machado)

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