Opinión

Al salvataje, porque primero está el país

Esperemos que quienes articularon la Concertación, y que está hoy saboreando la victoria en las urnas gracias al apoyo de la centroderecha, pongan al país primero, y que si llegado el momento se enfrentan al dilema de tener que votar por un comunista que sólo quiere dividir, y un candidato que quiere integrarlos para en conjunto derrotar la pobreza no lo dude, y apoye a éste último, tal como lo hicieron miles de votantes de centroderecha.

"Si esas tres comunas que se argumenta sólo votan por la extrema derecha (Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea) no hubiesen votado por Orrego, este hubiese perdido". AGENCIA UNO
"Si esas tres comunas que se argumenta sólo votan por la extrema derecha (Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea) no hubiesen votado por Orrego, este hubiese perdido". AGENCIA UNO
Por:  Christian Aste

La elección del 13 de junio pasado, demostró -y de un modo irrefutable- que sin los votos de la centroderecha, tan odiada por algunos de los dirigentes de la lista Unidad Constituyente, Orrego perdía y por una mayoría significativa.

Basta decir que en Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea obtuvo una diferencia a favor de 163.289 votos, y que el resultado final lo favoreció sólo por 66.230 votos. Es decir, si esas tres comunas que se argumenta sólo votan por la extrema derecha (porque ese es el eslogan que inteligentemente se usa) no hubiesen votado por Orrego, este hubiese perdido, ya que venía con una diferencia en contra de más de 90.000 votos en todo el resto de la Región Metropolitana.

Todos los dirigentes de la Unidad Constituyente saben, pero no lo reconocen, que Orrego difícilmente habría podido reponerse del oprobio de perder ante una candidata inexperta, que sin siquiera tener un programa político lo puso en jaque, por estar arropada por la estructura de los comunistas y apoyada por las redes virtuales, dominadas por jóvenes ilusos, que nunca han abierto un libro de historia, y que no leyeron cuando chicos Rebelión en la Granja, y tampoco ahora que son más grandes ningún libro de Sandor Maraí, Solzhenitsyn o de Churchill, sino que se limitan a seguir canciones panfletarias como la que escribe Serrano, que canta: “Que el miedo cambie de bando”, frase que sin darle el crédito, la Nobel Oliva usó varias veces en su discurso.

Como el eje de su planteamiento, reiterado ayer, ha sido siempre el de los ricos contra los pobres, y la votación confirmó que las comunas con mayores ingresos votaron por Orrego; tanto ella como Jadue y el resto de la dirigencia comunista interpretó alegremente que esta falacia pobres -buenos- versus ricos – malos-, había sido comprada por el electorado, que recurrió en masa a apoyar a la candidata de los pobres (Oliva) en las comunas populares y también en masa, pero para apoyar al candidato de los ricos (Orrego) en las comunas con ingresos más altos.

Este razonamiento desplegado descaradamente en la televisión, Twitter y todos los medios virtuales, es otro síntoma de la enfermedad que aqueja a nuestro país, además de constituir una falta de respeto tremenda tanto contra los votantes de las comunas calificadas como pobres, que osaron votar por Orrego, desoyendo el mandato de “quienes son los dueños de sus votos”, como contra los partidos y dirigentes que integran la Unidad Constituyente. Nuevamente, como hemos visto tantas veces a lo largo de la historia, la izquierda radical se autodenomina única vocera del “pueblo”, descalificando cualquier iniciativa que busque cambios institucionales y razonados, dentro de las reglas que el mismo procedimiento constitucional se ha dado, tachándolas de serviles a lo que denomina al bulto como “ultra derecha”. Ese sectarismo es contrario al espíritu de un momento en que debemos disponernos a discutir las reglas fundamentales de la República y rescatar todos los movimientos que busquen de distintas formas reducir la pobreza y lograr que el país crezca en armonía y con respeto.

Esperemos que quienes articularon la Concertación que tantos años de éxito dio al país, y que está hoy saboreando la victoria en las urnas gracias al apoyo de la centroderecha, pongan al país primero, y entiendan que esos votos buscan devolver el amor propio a la izquierda moderada ante una izquierda extrema que los ha vetado y denigrado, y que finalmente si llegado el momento se enfrentan al dilema probable de tener que votar por un comunista que sólo quiere dividir, en base al resentimiento y la odiosidad de clases, y un candidato que quiere integrarlos e incluirlos para en conjunto derrotar la pobreza no lo dude, y apoye a éste último, tal como lo hicieron miles de votantes de centroderecha, quienes sin dudarlo se atrevieron a salir de sus trincheras para votar por Orrego y otros candidatos que perteneciendo a la Unidad Constituyente les tocó enfrentar a quienes sólo alimentan la división, resentimiento y odiosidad.

No olvidemos nunca que los comunistas criollos no creen en la institucionalidad y prefieren que seamos todos más pobres, en la medida que seamos más iguales, aunque ellos – sus líderes – nunca lo sean.

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