Opinión

Amor de madre

En el Mes de la Madre aún en curso, espero que sea este un momento de reflexión sobre las consecuencias de la polarización que hoy vive nuestro país, y que sigue cobrando vidas de los hijos de su tiempo.

Durante el funeral de Luisa Toledo en el Cementerio General, un grupo de vándalos atacó diferentes tumbas, entre ellas la de Jaime Guzmán y su madre. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Durante el funeral de Luisa Toledo en el Cementerio General, un grupo de vándalos atacó diferentes tumbas, entre ellas la de Jaime Guzmán y su madre. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Por:  Benjamín Cofré

Recuerdo con claridad cuando, hace unos años, mi madre me dijo que el único vínculo que realmente era imposible romper era el de una mamá y sus hijos: “No existe un concepto que englobe a una madre o padre que pierde a un hijo, algo así como un viudo o un ex esposo, porque nunca se deja de ser madre, incluso cuando uno de tus niños se muere”. Me permito tomar estas palabras para considerar respecto de esas paralelas que la historia tiene, y que son reflejos de estos vínculos perennes, inmarcesibles.

El pasado 6 de julio de 2021 falleció Luisa Toledo, madre de los hermanos Eduardo y Rafael Vergara Toledo, miristas que de cuya muerte se gestaría la candente fecha del Día del Joven Combatiente, un 29 de marzo de 1985. Durante el funeral de doña Luisa en el Cementerio General, un grupo de vándalos entre los asistentes rayaron y atacaron diferentes tumbas, entre las se encontraba la ya damnificada tumba de Jaime Guzmán Errázuriz, cuya lápida fue arrancada durante otros actos de protestas. Este dato es importante, pues la placa anunciaba que bajo ella no solo descansaban los restos mortales del ex senador, sino también los de su madre, la señora Carmen Errázuriz, cuyas cenizas fueron extraídas durante la profanación del sepulcro familiar.

Los subversivos esparcieron en el suelo del cementerio las cenizas de doña Carmen, pensando que se trataba de los restos de Guzmán. Tan convencidos estaban que rayaron “Barrerán tus cenizas” en el suelo cercano a la cárcava, aludiendo a que no se llevaron el ánfora como un trofeo de guerra, sino que, en un acto nefando, regaron los despojos en el piso con la inhumanidad que ha caracterizado el actuar de los violentistas desde las revueltas de octubre.

Más allá de la condena moral, menester a estas alturas, es curioso ―en estas irónicas encrucijadas de la historia― que el ultraje se haya perpetrado durante los ritos fúnebres de doña Luisa, pues creo profundamente que ambas madres (tanto la señora Toledo como Carmen Errázuriz) fallecieron con la inefable angustia de perder a sus hijos por causas políticas. En el Mes de la Madre aún en curso, espero que sea este un momento de reflexión sobre las consecuencias de la polarización que hoy vive nuestro país, y que sigue cobrando vidas de los hijos de su tiempo.

Benjamín Cofré,
historiador

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