Opinión

Avanzar hacia un sistema educativo igualitario de oportunidades

Pese al enorme e incuestionable avance de mujeres en la Educación Superior, todavía existen importantes brechas de género, especialmente en las llamadas carreras “Stem” (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) y en algunas carreras de la Educación Superior Técnico Profesional masculinizadas.

La participación femenina en carreras “Stem” llega tan solo a un 32%. AGENCIA UNO/ARCHIVOLa participación femenina en carreras “Stem” llega tan solo a un 32%. AGENCIA UNO/ARCHIVO
La participación femenina en carreras “Stem” llega tan solo a un 32%. AGENCIA UNO/ARCHIVO

El informe “Brechas de Género en Educación Superior 2021”, elaborado por el Servicio de Información de Educación Superior (SIES) del Ministerio de Educación (Mineduc), confirmó un hecho que se venía gestando desde hace algunos años: hoy son las mujeres las protagonistas del sistema terciario de educación. 

Esto, porque no sólo son mayoría en comparación a las cohortes masculinas (según SIES el año 2021 se matricularon 24.309 mujeres más que hombres, siendo la cifra más alta de los últimos cinco años), sino porque también presentan mejores indicadores en aspectos tales como promedio de ramos aprobados y permanencia en la institución. 

Según constata la investigación del organismo estatal, las alumnas poseen un promedio más alto de ramos aprobados que sus compañeros, alcanzando un 89,7% y un 81,9%, respectivamente. Por otra parte, un 79,5% de ellas siguieron con sus estudios en el segundo año de carrera, mientras que en el caso de los hombres la cifra sólo alcanzó el 71,2%.

Otro dato que proporcionó el informe tiene relación con los resultados de la Prueba de Transición. En promedio las mujeres obtuvieron 617,2 puntos, mientras que los hombres 585. Sin embargo, respecto a la prueba de Lenguaje los puntajes fueron similares entre ellas y ellos (490 y 488 respectivamente). En Matemáticas, las contrapartes masculinas fueron quienes promediaron mayor puntaje (507), mientras que las estudiantes estuvieron alrededor de 20 puntos menos (485).

Pese al enorme e incuestionable avance de mujeres en la Educación Superior, lo anterior refleja que todavía existen importantes brechas de género, especialmente en las llamadas carreras “Stem” (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) y en algunas carreras de la Educación Superior Técnico Profesional masculinizadas, como Construcción, Mecánica Industrial, Mecánica Automotriz, Electricidad, Electrónica, Telecomunicaciones y Programaciones. De hecho, el SIES confirma que el 79% de las matrículas en tales disciplinas corresponden a varones.

Estas cifras, de acuerdo con un informe de Acción Educar, alejan a Chile del promedio OCDE de participación femenina en carreras “Stem”, el que llega a 32%. En países como Polonia, Italia, o Reino Unido los promedios presentan cifras de hasta un 40%.

En momentos cruciales para la historia de Chile, donde se redacta una nueva Constitución con paridad de género, hecho único a nivel mundial, resulta inaceptable que no existan las condiciones para que las mujeres se desempeñen profesionalmente o a nivel técnico superior en disciplinas dominadas por hombres, sólo por el hecho de ser mujeres.

Es fundamental, entonces, que el sector industrial y empresarial incentiven la contratación femenina en labores tradicionalmente ejecutadas por hombres. Sin ir más lejos, de acuerdo con el reporte "Efecto económico del sesgo de género en las decisiones vocacionales"(Comunidad Mujer, Fundación por una Carrera, Consultora Cliodinámica, 2020), las mujeres obtendrían un 7% más de remuneración que los hombres al primer año en carreras masculinizadas. 

Cuando por estos días se conmemora en todo el mundo el Día Internacional de la Mujer, somos conscientes de que estas brechas de género deben tender a desaparecer para igualar las condiciones entre estudiantes, indistintamente de su género, pues lo único que debiese primar a la hora de acceder al mundo laboral son las capacidades y destrezas de las personas. El gran atributo que posee la formación técnico-profesional es precisamente su mayor inclusividad social. En ello hay un imperativo moral de avanzar hacia un sistema educativo con igualdad de oportunidades que permita reconocer la irrefutable contribución de la mujer al desarrollo del país. 

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