Opinión

Beneficios y costos del proceso constituyente: no nos subamos a un avión sin piloto

Nuevamente, serán los pobres y la clase media los que cargarán con los costos y con el probable fracaso del proceso constituyente.

Beneficios y costos del proceso constituyente: no nos subamos a un avión sin piloto
Beneficios y costos del proceso constituyente: no nos subamos a un avión sin piloto
Por:  Rodrigo Pablo

Un día, una ex polola comenzó a hablarme de lo importante que era “dar” para que nuestra relación funcionara. Tras un par de minutos hablando acerca de las bondades de la generosidad dijo: “No es que tú des poco, pero…”. En ese momento comencé a reír y ante su asombro le dije: “Generalmente cuando uno dice estas cosas no lo hace para pedir más para uno mismo”.

Lamentablemente, estaba equivocado y estas solicitudes son más comunes de lo que creía.

Pienso, por ejemplo, en aquellos políticos o empresarios que en tiempos de crisis llaman a “apretarse el cinturón”, lo que sabemos no corre para ellos; en aquellos que llaman a destruir la educación particular subvencionada mientras mantienen a sus hijos en colegios privados; en los economistas que desde la comodidad pontifican acerca de cómo otros pueden levantarse más temprano para ahorrar en el metro; los luchadores sociales que privan a miles de niños de la posibilidad de dar normalmente la PSU, mientras reciben ofertas especiales de acceso a la educación superior, o aquellos que para imponer su agenda o convertirse en los héroes de la masa apoyan o no hacen nada frente a la violencia que ha destruido nuestras ciudades, miles de puestos de trabajo y varias vidas, mientras permanecen sentados en sus puestos en el parlamento o en algún set de televisión.

Todos ellos nos piden que les demos, ya sea el gusto de sentirse superiores moralmente, el poder de gobernarnos o ayudarnos a discernir el bien del mal. Además, muchas veces nos piden dinero, existiendo personajes que se han hecho ricas promoviendo causas sociales que saben inconducentes, pero les sirven para ganar elecciones o volverse personajes de farándula.

Ahora, han incorporado la idea del cambio constitucional. Es decir, han decidido someter al país a un proceso que traerá incertidumbre, violencia, generará frustración y tiene altas posibilidades de dejarnos peor de lo que estábamos, por razones que son en verdad desconocidas (quizás evadir su responsabilidad frente a demandas sociales, cumplir su sueño de ser refundadores de Chile o derrotar al difunto dictador).

Pues, si bien enarbolan la bandera de la justicia social, son incapaces de probar la necesidad de un proceso tan radical. Esto me lleva a recordar a Peterson, quien dice que no hay motivos para presumir los buenos deseos de los luchadores sociales, y a Orwell quien a principios del siglo XX decía a los socialistas ingleses que sus convicciones estaban más influenciadas por el deseo de sentirse superiores que por amor a los pobres.

Es que aquí, nuevamente, serán los pobres y la clase media los que cargarán con los costos y con el probable fracaso del proceso constituyente.

Por su parte, los políticos, rostros, profesores y empresarios que lo apoyan, es decir las élites de izquierda y derecha que lo han impuesto, podrán ver sus resultados desde la comodidad; aprovechar el proceso para limpiar su imagen y conciencia; amasar una fortuna entre asesorías y charlas; volverse celebridades que viven dando conferencias acerca de sus aciertos y errores, y abandonar el país si es preciso.

No estoy dispuesto a ser embarcado en un proceso donde yo cargo con todos los costos y quien me metió en él solo con los beneficios; por eso voto rechazo. Como el piloto no va arriba del avión, yo tampoco me subo.

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