Opinión

Construir confianzas para llegar a acuerdos

Sin duda es una oportunidad para salir de una vez por todas de la trampa del populismo y fragmentación del que hemos sido prisioneros en el último tiempo y que esta vez nuestros representantes políticos no pueden darse el lujo de perderla. 

Necesitamos más que nunca que nuestros líderes políticos actúen con visión de Estado, que dialoguen, escuchen y busquen puntos de encuentro, reconociendo y respetando sus diferencias. AGENCIA UNO
Necesitamos más que nunca que nuestros líderes políticos actúen con visión de Estado, que dialoguen, escuchen y busquen puntos de encuentro, reconociendo y respetando sus diferencias. AGENCIA UNO
Por:  Erick Rojas Montiel

Después de dos años de polarización, violencia y cancelación política resulta muy esperanzadora la decisión de todas las fuerzas políticas de sentarse a conversar para llegar a un nuevo acuerdo que permita avanzar, esta vez, hacia una nueva Constitución de consenso. 

Sin duda es una oportunidad para salir de una vez por todas de la trampa del populismo y fragmentación del que hemos sido prisioneros en el último tiempo y que esta vez nuestros representantes políticos no pueden darse el lujo de perderla. 

Nadie puede garantizar que todos los actores firmen finalmente este acuerdo. Sobre todo, cuando la estrategia de los grupos radicales, más que un diálogo genuino, tiene más que ver con tironear al centro político y llevar agua a su molino. Pero vale la pena el intento.

La mayoría de los chilenos quieren cambios, quieren mejorar sus vidas, su futuro, tener mejores pensiones, buenos trabajos, que les garanticen sus derechos a la educación, salud y vivienda.  Entienden que para que estos derechos pasen del papel a la realidad se debe cuidar la inversión, el crecimiento y la generación de mejores y más empleo. Por eso cuestionar su voto es sencillamente un menosprecio, injusto e innecesario, a la sensatez del pueblo chileno. 

Necesitamos más que nunca que nuestros líderes políticos actúen con visión de Estado, que dialoguen, escuchen y busquen puntos de encuentro, reconociendo y respetando sus diferencias. Y, en este contexto, que nos entreguen buenas soluciones y respuestas a nuestros problemas. 

Pero este acuerdo no se logra sin confianza, sin gestos genuinos y respetuosos. En tiempos de desconfianza política y ciudadana no podemos jugar con las expectativas. No podemos incumplir la palabra empeñada, relativizar los compromisos, acelerar demasiado o dilatar imprudentemente la solución a este problema. 

Porque la tentación a lecturas interesadas y cortoplacistas esta ahí y puede destruir este delicado intento de diálogo y encender las brasas del incendio que vivió el sistema político, económico y social chileno durante la revuelta de octubre de 2019.

El desafío, insisto, más que nunca, lo tiene nuestro centro político. Ese que irrumpió con fuerza el 4 de septiembre y que tiene la tarea de darle conducción a un proceso que no debe ser tentado por ningún extremo.

Si es una nueva Convención, una Comisión de Expertos o la combinación de ambas es una definición que tienen que acordarse en el Congreso entre la mayoría de las fuerzas políticas, sin perder la urgencia y teniendo muy presente que esta es la última oportunidad para hacer las cosas bien y alcanzar una nueva Constitución, que nos una y que termine de una vez por todas con esa división social y generacional que ha capturado en el último tiempo a nuestra sociedad.

Es importante comenzar a mirar hacia adelante y confiar en la sabiduría del pueblo chileno, que exige que nos pongamos de acuerdo. Porque este juego de suma cero en el que hemos caído a nada bueno nos ha llevado. Ha dinamitado la confianza, aumentado la incertidumbre y debilitado tremendamente nuestra democracia. Los únicos que han ganado con esta división son los sectores extremos, las minorías que quieren imponerse a cualquier costo sobre la mayoría, sin importar el daño que causen, sus afiebradas, añejas y peligrosas ideas.

Hay que mirar el vaso medio lleno. Nuestro sistema político se ha sentado a conversar, se está escuchando y existe conciencia bastante transversal respecto del diseño que tendrá el nuevo proceso constituyente, uno más acotado, representativo y con el aporte del juicio experto.

Se valora la actitud más dialogante del Gobierno y de los partidos de ChileVamos, de Centro Izquierda y del Socialismo Democrático; y, por cierto, que los comunistas y republicanos estén sentados en la misma mesa. Veremos que sale de eso.

Necesitamos un nuevo pacto constitucional que establezca el marco en el que debemos avanzar. Uno que promueva un sano equilibrio entre los derechos fundamentales, la carga tributaria, los incentivos a la inversión y al emprendimiento. 

Debemos abordar este proceso con una mirada integral y sistémica; y no desde el sesgo ideológico y la soberbia. Escucharnos, aprender de nuestras diferencias y abrirnos a las nuevas ideas. 

El llamado a los actores de todo el espectro político es a volver a confiar el uno en el otro y a privilegiar el bien común por sobre las diferencias. El llamado es a ceder y no aprovecharse de la debilidad del que tenemos al frente. A avanzar, sin ingenuidad y con voluntad real de alcanzar acuerdos.

Podemos entre todos construir el Chile del mañana, aportar desde el rol que cada uno nos toca. Podemos reencontrarnos en la sensatez y en el diálogo, escapar de la captura ideológica y la polarización que nos sigue teniendo atrapados. El diálogo es el único camino para salvar la crisis de desconfianza, nuestras instituciones y nuestra democracia. Es la última oportunidad para construir un Pacto Social. Cuidémosla.
 

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