Opinión

Convencionales, ¡lo contrario a los parlamentarios!

Sería conveniente que estos pongan atención en el actuar de nuestros diputados y senadores para realizar todo lo contrario a lo que ellos han hecho últimamente. Esto implica, en primer lugar, no farandulizar la actividad constituyente.

"Los convencionales no deben saltarse las reglas del juego, tal como lo han hecho nuestros actuales parlamentarios". AGENCIA UNO/ARCHIVO
"Los convencionales no deben saltarse las reglas del juego, tal como lo han hecho nuestros actuales parlamentarios". AGENCIA UNO/ARCHIVO
Por:  Juan Lagos

Ya conocemos a los 155 miembros de la Convención Constitucional, instancia que en unos meses más nos tendrá que proponer una nueva Carta Fundamental. El tiempo apremia y las expectativas en el proceso constituyente son tan elevadas que el desempeño de los convencionales deberá ser cercano a lo óptimo.

Para ello, sería conveniente que estos pongan atención en el actuar de nuestros diputados y senadores para realizar todo lo contrario a lo que ellos han hecho últimamente.

Esto implica, en primer lugar, no farandulizar la actividad constituyente. Las energías de los convencionales no pueden centrarse en hacer payasadas para llamar la atención de la prensa amarillista. Redactar una Constitución es un trabajo serio; bastante alejado de histrionismos y bufonadas. La legitimidad de la Convención dependerá en buena medida de que esta no termine convirtiéndose en un circo.

En segundo lugar, y a diferencia de los últimos proyectos presentados en el actual Congreso, los convencionales no pueden menospreciar la voz de los expertos. La Constitución es una norma compleja, y si queremos que esta salga bien necesitaremos de muchas personas conocedoras de las distintas materias abordadas en ella. Así, como los votos no infunden ciencia en el alma de los convencionales, sería absurdo que estos apelaran al apoyo popular para rechazar sin más las recomendaciones de los que saben.

Como tercera lección, los convencionales no deben saltarse las reglas del juego, tal como lo han hecho nuestros actuales parlamentarios. Esto claramente atentaría contra la legitimidad del proceso, dado que, si los convencionales no cumplen con lo anteriormente pactado, ¿cómo pretenden hacer cumplir lo que ellos terminen acordando?

Todos deseamos que este proceso sea exitoso. En consecuencia, pongamos los medios para que surja una Carta Fundamental producto del diálogo, la tolerancia y una técnica jurídica sofisticada. Esto incluso podría hacer que el Congreso enmiende su rumbo y se ponga a la altura de este proceso histórico, quién sabe.

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