Opinión

Cuidado con la borrachera

Aquí no ganó la derecha, ni la Constitución del '80. Aquí ganó la moderación, triunfó el diálogo y la importancia de los acuerdos. 

De lado y lado tenemos que entender que la ideología, el populismo, la violencia, la cancelación nos dividió profundamente, frenando cualquier avance y poniendo la seguridad de todos en riesgo. AGENCIA UNO/ARCHIVO
De lado y lado tenemos que entender que la ideología, el populismo, la violencia, la cancelación nos dividió profundamente, frenando cualquier avance y poniendo la seguridad de todos en riesgo. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Por:  Erick Rojas Montiel

No hay que perderse. Tenemos pruebas recientes de lo que se arriesga cuando basamos nuestra estrategia en un diagnóstico equivocado. Aquí no ganó la derecha, ni la Constitución del '80. Aquí ganó la moderación, triunfó el diálogo y la importancia de los acuerdos. Y, con ello, perdió el octubrismo, el maximalismo, la cancelación y la violencia.

La mayoría de las chilenas y chilenos somos moderados, queremos y exigimos cambios, pero en ningún caso pretendemos refundar Chile y partir desde cero, hacia una promesa voluntarista y romántica, por más loable que parezca.

Por eso, lo importante para lo que viene es tratar de entender que si bien es imposible que todos pensemos igual, es posible encontrar puntos de encuentro para avanzar, respetando nuestras diferencias.

De lado y lado tenemos que entender que la ideología, el populismo, la violencia, la cancelación nos dividió profundamente, frenando cualquier avance y poniendo la seguridad de todos en riesgo.

El llamado a los sectores radicales de izquierda es a buscar explicaciones y responsabilidades en la tremenda derrota electoral, que les llevó a perder la oportunidad histórica de avanzar en una buena reforma constitucional en democracia. No es responsabilidad de la elite, del pueblo que no entendió o de las supuestas mentiras sobre los errores y riesgos de la propuesta. Hay responsabilidad por la soberbia, la falta de voluntad de diálogo, por creer que una propuesta maximalista sería apoyada por una sociedad que tradicionalmente ha sido moderada. Hay responsabilidad en pretender que la añeja fórmula de lucha de clases seduciría a todos los chilenos. No vieron los riesgos, no leyeron bien o no les importó lo que quería la mayoría de la gente. Pero, como en la vida, tendrán una nueva oportunidad para trabajar en una fórmula que reúna más consenso, porque el proceso constituyente no se acaba con el triunfo del Rechazo sobre el Apruebo.

Pero no son los únicos que tienen que estar a la altura del nuevo desafío. El mensaje a la derecha es cuidado con la borrachera. Es fácil marearse con el aplastante derrota del Apruebo. Del 60 por ciento de los chilenos que rechazó esta propuesta de Constitución, muchos entienden que no hay otra alternativa que avanzar en un nuevo proceso constituyente.

Existe un compromiso público de Chile Vamos para avanzar en este proceso, más acotado y con una mejor representación de los pueblos originarios e independientes. Este compromiso debe materializarse con urgencia para despejar dudas y contribuir a atenuar el sentimiento negativo y frustración de quienes soñaban con la propuesta rechazada en las elecciones del domingo pasado.

También tiene un gran desafío el centro político, que salió tremendamente fortalecido tras el plebiscito. Son ellos los que tienen la gran oportunidad de poner paños fríos y encausar este nuevo proceso. Deben recuperar el espacio e influencia que tuvieron en las últimas cuatro décadas y empujar un nuevo pacto social, un nuevo contrato entre los distintos actores de la sociedad chilena.

Es clave, además, que en el Gobierno, más allá de los discursos, entiendan que más que liderar deben ayudar a conducir este proceso. Más que protagonismo lo importante es que se alcance en un nuevo acuerdo constituyente entre todas las fuerzas políticas y si el gobierno hace ruido debería generosamente ponerse en segunda fila.

Necesitamos que todos los líderes políticos contribuyan en la materialización de un acuerdo que esta vez promueva la búsqueda de consensos y puntos de encuentro y que, a diferencia del proceso anterior, una que no nos divida a las chilenas y chilenos.

Confío en el aprendizaje que generará esta baño de realidad. Confío en el cambio de tono y en la apertura al diálogo que han manifestado recientemente nuestros líderes. Tenemos una tremenda oportunidad para recuperar las confianzas y avanzar, a través del diálogo y reconociendo nuestras diferencias, en una propuesta constituyente para el Chile que todos queremos, uno más justo, solidario, inclusivo y sustentable. Uno que nos una y que no promueva el odio y la violencia. No hay buenos, ni malos. No hay ganadores, ni perdedores. Todos somos chilenos que queremos lo mejor para nuestro país, nuestros trabajadores, emprendedores, vecinos y familias.

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