Opinión

El Año del Tigre

Xi Jinping, presidente del país, secretario general del Partido Comunista y presidente de la Comisión Militar Central, está comenzando el año con la decisión propia del tigre, confiado en que será un período muy positivo para su país y él mismo. Bajo esa perspectiva, la cumbre con Putin, de visita en China en estos días, es otro signo de su ascendente liderazgo.

Así como en la antigüedad y hasta hoy, muchos toman decisiones de acuerdo a los augurios, y el Año del Tigre será un año clave para los planes de Xi Jinping. AGENCIA UNO/ARCHIVOAsí como en la antigüedad y hasta hoy, muchos toman decisiones de acuerdo a los augurios, y el Año del Tigre será un año clave para los planes de Xi Jinping. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Así como en la antigüedad y hasta hoy, muchos toman decisiones de acuerdo a los augurios, y el Año del Tigre será un año clave para los planes de Xi Jinping. AGENCIA UNO/ARCHIVO

Este 1 de febrero comenzó el Año del Tigre, de acuerdo con el calendario lunar chino, que contempla 12 animales. En el mundo chino (que incluye las comunidades chinas repartidas por el orbe) y en otras culturas como la coreana y vietnamita, el inicio del año nuevo lunar también es uno de los hitos sociales y culturales más relevantes. En el caso de China, es ocasión de preparativos, festejos y rituales que duran dos semanas, hasta la luna llena. En ese lapso, las familias cumplen con una serie de tradiciones que incluyen un profundo aseo de los hogares para recibir al nuevo año, así como banquetes familiares y espectáculos al aire libre con petardos, fuegos artificiales y, a menudo, dragones danzantes. Las principales celebraciones se llevan a cabo en la víspera de Año Nuevo y el día de Año Nuevo. Durante la quincena que transcurre entre el inicio del año y la luna llena, con el festival de las linternas, cientos de millones de personas se desplazan por China para reunirse con familiares, preferentemente en sus lugares de origen y celebrar. Desde la década del noventa se estableció un feriado de una semana, lapso durante el cual el país está volcado a esta celebración, inseparable de la cultura china (aunque no exclusiva), remontándose sus orígenes al siglo XIV AC. Ese momento del año es además uno de los peaks de consumo.

En términos astrológicos, ¿qué se espera del Año del Tigre de Agua (cada animal del horóscopo chino tiene cinco tipos que alternan cada 12 años)? Este es uno de los animales más emblemáticos del zodíaco chino y antiguamente se creía que los tigres eran los encargados de enfrentar y deshacerse de los espíritus malos y energías negativas. Esto es porque el tigre es un símbolo de valentía, fuerza y protección, y estas tres características serán algunas de las cualidades que definirán el 2022. Por eso, en términos generales, se prevé que este período que sucede al Buey, será positivo, acometiéndose y resolviéndose una serie de desafíos y problemas que se arrastran desde antes.

La relación zodiacal recién hecha tiene un impacto profundo en los planes y desempeño del liderazgo de la República Popular China. En efecto, recién partido el Año del Tigre, se inauguran los Juegos Olímpicos de Invierno con sede en Beijing y, durante la segunda mitad del año, tendrá lugar el XX Congreso del Partido Comunista (reunión quinquenal), instancia en la cual se ratificaría la continuidad de Xi Jinping para un tercer período de 5 años como gobernante (ya se había levantado la restricción de una extensión máxima de 10 años). Todo indica que así será y esto podría abrir la puerta para que Xi se mantenga en el poder al menos hasta el 2032, cuando contaría con 82 años de edad. 

Así como en la antigüedad y hasta hoy, muchos toman decisiones de acuerdo a los augurios (ello incluye dilatar los nacimientos unos días para contar con un signo zodiacal favorable), el Año del Tigre será un año clave para los planes de Xi Jinping.

Desde su instalación en 2012, ha emprendido una serie de ambiciosas acciones y reformas que le han permitido acumular mucho poder, ascendiendo al exclusivo panteón de los grandes líderes comunistas de su país, junto con Mao Tse Tung y Deng Xiao Ping. Como ellos, está definiendo el marco ideológico del partido, lo que a su vez implica el rayado de cancha para toda la sociedad.

Xi quiere recuperar para China la posición central que le corresponde en el mundo (el “Imperio del Medio”) y toda su estrategia es funcional a ese objetivo. Bajo su mandato ha librado duras campañas contra la corrupción (mal endémico que se considera responsable de la debilidad china que permitió su sometimiento por Occidente). Estas campañas han servido también para neutralizar a todos sus rivales, reales o potenciales, y a infundir temor en la población y especialmente en la élite (evocando las purgas de otros tiempos).

Los casi 10 años transcurridos desde su asunción al poder dan cuenta de un gran incremento del control social y político. Esto desde la minoría uigur en Xinjiang hasta Hong Kong, además del resto de la población china. La fórmula “un país dos sistemas” quedó despedazada con la aplicación en Hong Kong de la ley de seguridad interna y el acallamiento de toda oposición. Al mismo tiempo, la presión sobre Taiwán se ha acentuado.

En el plano internacional, Xi impulsó la iniciativa de la Franja y la Ruta en 2013, propuesta que busca generar una extensa red de infraestructura que conecte a China con todo el mundo, para estimular el comercio y las inversiones. A la fecha involucra directamente a 60 países, además de muchos otros que se han sumado para estar vinculados de alguna manera con este circuito.

En relación a esta iniciativa, Xi también creó el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras en 2014, como su brazo financiero.

En el plano económico, Xi aspira a que China sea un país plenamente desarrollado al 2049, centenario del nacimiento de la República Popular. Para eso ha trazado una senda de innovación y progreso tecnológico bajo el impulso estatal, que aspira a consagrar el liderazgo chino en las principales áreas del futuro. Pero, al mismo tiempo, ha llevado a cabo una campaña para dominar a las grandes empresas chinas, especialmente las tecnológicas, con el argumento de que es hora de que contribuyan de mejor manera al bienestar general de la sociedad. Pero la razón de fondo es inhibir su poder económico, el cual podría llegar a socavar al régimen (un pilar fundamental de la ideología comunista y que no ha variado, es tener el control de los medios de producción).

A todo lo anterior, se suma una acelerada inversión en armamentos que, además de fortalecer la capacidad defensiva del país, busca ampliar su capacidad operativa, especialmente marítima y aérea.

Xi Jinping, presidente del país, secretario general del Partido Comunista y presidente de la Comisión Militar Central, está comenzando el año con la decisión propia del tigre, confiado en que será un período muy positivo para su país y él mismo. Bajo esa perspectiva, la cumbre con Putin, de visita en China en estos días, es otro signo de su ascendente liderazgo.

Durante el 2022 los sistemas políticos de las dos principales potencias, Estados Unidos y China, estarán sometidos a importantes cambios. En el primer caso, la elección legislativa de mitad de período determinará la condición del gobierno de Biden para los dos años restantes, siendo muy probable que tenga serias limitaciones para implementar cualquier iniciativa relevante. En el caso de China, podría consagrarse un poder (aparentemente) monolítico y absoluto. ¿Cómo interactuarán ambas variables? 

Esperemos que el año del Tigre sea una oportunidad para deshacer las malas energías y prosperar. Lo bueno es que es un animal indomable, por lo que si alguien cree que lo puede utilizar en su propio provecho, está muy equivocado y, en el momento menos pensado, le llegará un zarpazo.



 

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