Opinión

¿El comienzo del fin? Irán y Rusia

Los regímenes de Irán y Rusia parecen gigantes invencibles, pero tienen pies de barro. Confío en que los movimientos descritos se conviertan en fuerzas de la Historia y barran con ellos.

El llamado a una movilización general en la práctica, junto con revelar la determinación de Putin, es una apuesta que apunta particularmente a que las potencias occidentales, ante el escalamiento, terminen por cesar apoyando a Ucrania. AGENCIA UNO/ARCHIVO
El llamado a una movilización general en la práctica, junto con revelar la determinación de Putin, es una apuesta que apunta particularmente a que las potencias occidentales, ante el escalamiento, terminen por cesar apoyando a Ucrania. AGENCIA UNO/ARCHIVO

La Historia tiene sus hitos y fuerzas. Mirados en retrospectiva, son esos momentos en los cuales se produce un brusco cambio de rumbo, muchas veces en forma inesperada e irresistible, aunque posteriormente se puedan encontrar y explicar sus causas, o al menos parcialmente. Pero por supuesto, una cosa es ser general después de la batalla y otra tener la clarividencia de anticipar acontecimientos en función de la información disponible en el presente.

Sin ser clarividente, pero desde la esperanza, quisiera referirme a dos países en los cuales están sucediendo cosas que podrían anticipar cambios importantes.

En Irán, la muerte en custodia policial de la joven Mahsa Amini, quien había sido detenida por “no cumplir adecuadamente con la forma de usar el velo” (hiyab), ha desatado una ola de protestas por todo el país, que ya cuenta con varios muertos entre los manifestantes y centenares de detenidos, pero que no amaina.

La muerte de Amini, iraní de etnia kurda, habría sido por maltratos de la policía, aunque esta lo desmienta.  

La reacción popular, con la participación principal de mujeres, ha tomado por sorpresa a las autoridades, incluyendo al presidente que había viajado a la asamblea general de la ONU. Estas han buscado aplacar la ira popular prometiendo investigar a fondo los hechos y aplicar sanciones eventualmente. Incluso el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei hizo una alocución pública saliendo de su ostracismo de los últimos meses (y desmintiendo así los rumores de estar agonizando o severamente enfermo) apoyando la postura oficial, pero al mismo tiempo advirtiendo que esto estaba siendo aprovechado por Occidente para debilitar al país.

Como sabemos, desde 1979 rige en Irán un régimen que, si bien tiene instancias de participación y elecciones, tiene un poder de veto de los clérigos, que deciden sobre todo lo más relevante como los candidatos, tienen instituciones paralelas controladas directamente como la policía de la moral y la Guardia Revolucionaria Islámica, así como un control judicial. Este poder tiene cada vez más agobiada a la población. Si bien al comienzo con el derrocamiento del rey (sah) el régimen tuvo gran apoyo popular, con el transcurso del tiempo se ha ido deslegitimando. Entre las razones para ello está el pesado control social que no ceja y que afecta particularmente a las mujeres, a lo que se suma una deteriorada economía desde hace ya varios años, situación agravada por las sanciones occidentales.

Las mujeres iraníes, especialmente las más jóvenes y urbanas, hace tiempo que vienen bregando por más autonomía, incluyendo un relajo en los códigos vestimentarios. En un mundo interconectado y pese a los intentos de censura, es imposible no saber lo que ocurre en otras partes y cómo la perspectiva de género y el feminismo ha ganado grandes espacios en la agenda global. Eso ha fortalecido su determinación, a pesar del recrudecimiento de la represión.

Al tema del hiyab (velo), por supuesto que se han sumado otros, reflejando un gran malestar social. El hecho de que Amini fuera de etnia kurda, también ha avivado la movilización en esa región, con un pueblo que siempre ha aspirado a más autonomía, si no es derechamente obtener la independencia.

Aunque no es la primera vez que hay protestas a nivel nacional (en 2018 y 2019 hubo grandes manifestaciones por la situación económica), me parece que esta vez es distinto porque refleja un cambio cultural profundo en curso y que difícilmente se pueda contener y menos revertir. Las nuevas generaciones de mujeres iraníes ya no están dispuestas a seguir relegadas en una rígida estructura social determinada por unos clérigos.

¿Significa aquello que el gobierno deberá ceder y que esa cesión pueda abrir la puerta a otros cambios? El régimen ha demostrado tener gran resiliencia y determinación para imponerse en el poder a cualquier costo, pero una cosa es reprimir a huelguistas u opositores y otra es hacerlo con las hijas, hermanas y madres de los hombres del país. Una victoria mayor (aunque improbable) sería la disolución de la policía de la moral. Pero sería también un triunfo la circunstancia de un relajo en la fiscalización. Lo cierto es que se rompió un muro de silencio y que hay fuerzas en marcha que no existían antes. Si estas son acompañadas por el apoyo masculino, entonces los cambios serán mayores y más rápidos. Creo que por el momento es realista decir que hay grietas en el control clerical iraní. Para quien piense que podría haber una regresión como en Afganistán con los talibanes, debe notarse que en ese país la promoción de la mujer fue básicamente externa, amparada por las fuerzas occidentales. En Irán es un movimiento exclusivamente doméstico.

En Rusia hace unos días, Putin se dirigió a la nación (no lo hacía desde marzo cuando informó sobre la “operación especial” contra Ucrania) para anunciar la extensión de la conscripción en el conflicto. Se menciona que se enrolarán unos 300.000 efectivos con experiencia militar reciente, pero todo indica que el número será mucho mayor.

El anuncio de Putin, quien había reiterado que los planes en Ucrania iban de acuerdo con lo planificado, deja en evidencia que no es así. De hecho, Ucrania acaba de recuperar miles de kilómetros en una contraofensiva que tomó completamente por sorpresa a los rusos, asestando un duro golpe sicológico, además de las numerosas bajas tanto en personal como en equipos. Según fuentes occidentales, desde el inicio de la invasión Rusia habría tenido entre 50.000 y 80.000 muertos y heridos, aunque el gobierno ruso solo reconoció 5.000 decesos en estos días. Esa gran cantidad de víctimas, que ha tratado de ocultarse silenciando incluso a los parientes, está aflorando y revelando a la población rusa que la situación es mucho más grave de lo que pinta el relato oficial. Eso sumado a la información externa que se cuela a pesar de la censura gubernamental, está dejando crecientemente en evidencia el gran engaño de Putin y la naturaleza personalista de su aventura militar.

El llamado a una movilización general en la práctica, junto con revelar la determinación de Putin, es una apuesta que apunta particularmente a que las potencias occidentales, ante el escalamiento, terminen por cesar apoyando a Ucrania. Pero es al mismo tiempo una gran señal de debilidad. Las fuerzas armadas profesionales rusas no fueron capaces de doblegar ni mucho menos a Ucrania, un país a todas luces más débil que Rusia.

Este anuncio ha sido recibido con protestas por todo el país, a pesar de la dura represión y que a muchos de los detenidos se les está sumando a la conscripción obligatoria para mandarlos al frente. No ocurrían protestas desde marzo cuando se inició la invasión. Se estima que en aquella ocasión alrededor de 15.000 personas fueron encarceladas o multadas.

A las protestas se suma un éxodo de personas que no están dispuestas a enrolarse, viajando legal e ilegalmente a los pocos países que todavía no imponen restricciones a los rusos y asumiendo el riesgo de ser encarcelados o no poder regresar en años.

En suma, la profundización de la guerra y su desconexión popular está generando una movilización que podría detonar cambios políticos en Rusia. ¿De qué orden y magnitud? Imposible anticiparlo, pero sí me atrevería a decir que la sangre de miles de rusos muertos por los designios de Putin clama al cielo y a sus compatriotas, y eso no se acallará. Más derramamiento de sangre y la imposibilidad de derrotar inapelablemente a Ucrania aumentará la presión interna.

Rusia no solamente está quedando como un estado paria. La sociedad rusa está comenzando a reaccionar. Por supuesto que como en otros capítulos de la trágica historia rusa esto puede volver a silenciarse, pero si la campaña de Afganistán, con muchos menos muertos y con un control social y político mucho más absoluto fue el comienzo del fin de la Unión Soviética, ¿por qué Ucrania no puede ser el comienzo del fin del régimen dictatorial de Putin?

Los regímenes de Irán y Rusia parecen gigantes invencibles, pero tienen pies de barro. Confío en que los movimientos descritos se conviertan en fuerzas de la Historia y barran con ellos.
 

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