Opinión

El desafío de Chile de mejorar los procesos de elección de carrera para la educación superior

Nuestro sistema asigna la responsabilidad de la toma de las decisiones a estudiantes y sus familias. Sin embargo, es deber del Estado crear las condiciones y entregar los apoyos para que las decisiones sean tomadas de la mejor forma posible, sobre todo para quienes las toman por primera vez y tienen menor acceso a la información. 

Los jóvenes cuentan con apenas 76 horas para elegir una carrera. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Los jóvenes cuentan con apenas 76 horas para elegir una carrera. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Por:  Mauricio Farías

Imagine que va a mudarse a una ciudad que no conoce y necesita buscar vivienda. Analiza barrio, precio, distancias, seguridad, servicios. Quedando cuatro días, hay un shock económico y su presupuesto se reduce drásticamente. Entonces, ante la urgencia, elige lo más razonable en ese plazo, con altas probabilidades de equivocarse y tener que cambiarse nuevamente.

Algo parecido es lo que están viviendo muchos estudiantes en sus postulaciones a la educación superior. El martes 11 de enero, a las 08:00 el Departamento de Evaluación, Medición y Registro Educacional (Demre) entregó los resultados de la Prueba de Transición Universitaria (PTD), en la que participaron 235 mil personas. Y a las 9 de ese día se abrió el proceso de postulación a las universidades, y que cierra este viernes a las 13 horas.

Es decir, apenas 76 horas para elegir una carrera, en muchos casos, con el shock de conocer puntajes menores a lo que esperaban.

En este contexto, el gran desafío es elegir algo razonable, en poco tiempo, en un sistema complejo e inundado de publicidad. Ciertamente, con altas probabilidades de equivocarse y tener que cambiar de carrera, si es que puede.

La elección de una carrera requiere de mayores certezas. Tomarse el tiempo de entender el plan de estudios, sus requerimientos, sus costos, sus proyecciones, el mercado laboral y las posibles trayectorias que se abren con la elección. Requiere también conversar sobre las carreras a las que se quiere entrar con estudiantes, profesores y profesionales. Es difícil y estresante hacer esto en 76 horas. Es aún más difícil para estudiantes de primera generación o sin apoyos para el proceso de toma de decisión.

Este proceso genera además problemas sociales y de eficiencia: mayor deserción, NINIs, recursos gastados sin un retorno cierto, tensión familiar y frustración. Los costos son pagados por todos: el Estado, que invierte escasos recursos en estudiantes que decidieron en 76 horas; las instituciones de educación superior, que deben hacer esfuerzos extras para retener a los estudiantes y no ser juzgadas por su deserción; las familias más vulnerables, que por el apremio económico no tienen una segunda oportunidad; y estudiantes y sus familias, que asumen el costo más alto.  

Nuestro sistema asigna la responsabilidad de la toma de las decisiones a estudiantes y sus familias. Sin embargo, es deber del Estado crear las condiciones y entregar los apoyos para que las decisiones sean tomadas de la mejor forma posible, sobre todo para quienes las toman por primera vez y tienen menor acceso a la información. En este sentido, Chile aún tiene importantes desafíos para mejorar los procesos de elección de carrera, tanto en calidad como en equidad. 

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