Opinión

El día después

El Presidente tiene la responsabilidad de convertirse en el líder que busque los caminos para un gran entendimiento. 

Sólo un verdadero encuentro entre posiciones distintas podrá hacernos sentir que hay un horizonte de esperanzas para nuestra patria común. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Sólo un verdadero encuentro entre posiciones distintas podrá hacernos sentir que hay un horizonte de esperanzas para nuestra patria común. AGENCIA UNO/ARCHIVO

Cuestiones a tener en cuenta:

1.- No hay opción para el triunfalismo ni la prepotencia.  Gane el apruebo o el rechazo el camino que viene es largo y difícil. Salvo el milagro de un respaldo significativo al proyecto constitucional, Chile sigue inmerso en una crisis política y social, agravada por la división, la violencia y la precariedad económica. 
2.- Los extremos deben ser aislados. Si la política quiere recuperar legitimidad, deberá ser capaz de responder a la demanda de los que no quieren seguir viviendo en este clima de inseguridad e incertidumbre. El péndulo viene de vuelta. La intolerancia, el desprecio por la historia, la aceptación de la violencia por ingenuos aspirantes a héroes, representantes populares, académicos y comunicadores está dejando de funcionar. El espíritu refundacional también. La gente es sensata y ningún país resiste vivir tantos años con esta inestabilidad sin que se deteriore la vida de las mayorías. 
3. El Presidente tiene una gran oportunidad. Aunque el gobierno -que se jugó el todo por el todo por la opción del apruebo- quedará más rasguñado si gana el rechazo, o si gana el rechazo con mayor razón, el Presidente tiene la responsabilidad de convertirse en el líder que busque los caminos para un gran entendimiento. Requerirá coraje, pelearse con algunos de sus amigos y tender la mano a sus adversarios. Sólo con un liderazgo consciente del rol en que lo puso la historia, podrá conducir a Chile hacia un proyecto ampliamente compartido mirando el futuro. 
5. Los partidos políticos tendrán que reivindicarse.  Deberán ejercer el rol que les corresponde, el de integrar las múltiples diversidades e identidades buscando el bien común, que es más que la suma de intereses en una sociedad compleja. Para ello deberán abandonar la lucha de egos y proyectos personales que les impide actuar en conjunto.
6.- El Congreso Nacional deberá ser ejemplo de probidad y sensatez. Enfriando las cabezas calientes. Me dirán que es mucho pedir, pero si las instituciones democráticas no están a la altura, jamás recuperarán su prestigio ni podremos mejorarlas, con las consecuencias que ello tiene para nuestra democracia. 
7.- Derechos y Deberes. A la ciudadanía nos corresponde hacer un esfuerzo por mejorar el trato en todos los ámbitos y dejar de lado el lenguaje odioso, binario y descalificador que tiene a nuestra sociedad viviendo en vilo y con la epidermis a flor de piel.  
Si estamos demandando respeto y dignidad, igualdad ante la ley para hombres y mujeres, de diversas etnias o condición sexual, viejos o jóvenes, empresarios o trabajadores, hagámoslo en nuestras familias, trabajos, empresas, colegios. Todos y todas anhelamos espacios de oportunidades más justas para el desarrollo personal, familiar y comunitario en un país que es “una hebra de distintos colores” (Rojas May), que recorre nuestra loca geografía.  Todos tenemos el deber de cuidar la naturaleza para las futuras generaciones. Todos queremos participar en la vida ciudadana. Pero para aportar requerimos más que una Constitución prolífera en derechos,  que entrega todas las obligaciones al estado. 
8.  Un gran acuerdo.  Solo un verdadero encuentro entre posiciones distintas podrá hacernos sentir que hay un horizonte de esperanzas para nuestra patria común. Sin aquello, difícilmente llegaremos a entendernos y construir ese futuro mejor que todos anhelamos.


 

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