Opinión

El litio y la realidad

¿Qué hacemos con la polémica instalada? Efectivamente hay un gobierno entrante y una CC en curso. Mientras menos se politice y más sea un proceso consensuado, mejor podremos aprovechar el que como país estemos sobre una de las reservas mundiales más grandes. Tenemos que ponderar el potencial económico y lo que esto significa en empleos, ingresos y desarrollo, con lo que implica para las comunidades, la sostenibilidad y los acuerdos sociales.

Hasta hace unos cuantos años Chile era el primer productor de litio. Hoy ya nos pasó Australia. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Hasta hace unos cuantos años Chile era el primer productor de litio. Hoy ya nos pasó Australia. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Por:  Victoria Paz

Recientemente, hemos visto una polémica en relación a la licitación en curso de Contratos Especiales de Operación del Litio (CEOL), la cual permitiría a empresas explotar cinco cuotas que representan el 4,4% de las reservas conocidas de litio en Chile.

Respecto de esto, han surgido voces y mitos que creo es importante despejar de forma de colaborar a lo que en nuestro país hoy es más necesario que nunca: debates lejos de las fake news, lejos del sesgo ideológico y una búsqueda de acuerdos que nos permitan avanzar.

En primer lugar, explicar por qué es importante el litio. Uno de los principales desafíos en una economía baja en carbono es pasar de combustibles fósiles a combustibles limpios. Electrificar la forma en que nos movilizamos es uno de los puntos fundamentales. ¿Y cómo hacemos esto? Necesitamos baterías y las baterías tienen litio.

¿Qué tiene que ver Chile? La producción mundial en 2017 fue 220.000-230.000 toneladas de Carbonato de Litio Equivalente (LCE) y las proyecciones de demanda al 2026 están desde 700.000 toneladas hacia arriba. Hasta hace unos cuantos años Chile era el primer productor de litio. Hoy ya nos pasó Australia. Dicho esto, pasemos a ver algunas afirmaciones que se han hecho en los últimos días.

“Chile no tiene valor agregado y exporta la materia prima sin ningún proceso”. Esto no es así. El litio chileno se exporta como carbonato y como hidróxido. Este último ya es un tremendo valor agregado del otro y, por lo tanto, se vende más caro. Podemos considerar que no es suficiente, pero Chile no es la caricatura de trabajadores sacando litio con palas y exportandolo en sacos que muchos quieren instalar.

“Chile necesita una empresa estatal para poder producir autos eléctricos aquí y no regalar el litio”. Esta afirmación tiene tres problemas. En primer lugar, que no necesariamente lo estatal es bueno y lo privado es malo por esencia. Con impuestos y royalty adecuados, cláusulas de capital humano, impulso a la I+D y básicamente captar valor para el país, muchas veces un joint venture público-privado puede ser mejor que solo estatal.

En segundo lugar, que el sueño de producir en Chile tiene que ser contrastado con la realidad. Tenemos que empujar la cadena de valor. Podemos apostar a cátodos, celdas, baterías y ojalá llegar más allá. Pero es innegable que la situación geográfica chilena es lejana a los consumidores finales y a la ubicación de los restantes materiales. Esto se intensifica porque el litio representa alrededor del 10% de la batería, la que a su vez baja gradualmente de precio y se espera que llegue ya en 2022 a ser el 20% del valor total del auto.

En tercer lugar, asumir que una licitación es igual a “regalar”. Las licitaciones o joint venture implican ganancias que se definen. Que sean buenas o malas es parte de la negociación. Creo que es importante no seguir instalando conceptos que nos dañan como país. Incorporar a los privados en los desafíos no es “regalar”.

“El litio se va a usar cada vez más y tenemos tiempo para repensar todo”. En esto, destacar que si bien en recursos naturales es vital cuidar la “licencia social” de los procesos, hay un tema de oportunidad que debe compatibilizarse. El litio es fundamental para la electromovilidad, pero, como cualquier componente importante y escaso, ya hay varias investigaciones para intentar reemplazarlo.

“La licitación impide que se pueda hacer la empresa estatal que propone Gabriel Boric”. Como señalé más arriba, las cinco cuotas representan el 4,4% de las reservas conocidas de litio en Chile. Codelco ya está en proceso de explotar el salar de Maricunga. Y sumado a esto, no se subentiende que la empresa estatal propuesta vaya a ser monopólica, sino que coexistirá en un ecosistema público y privado. Lo más importante es que Chile maximice el retorno. Las regulaciones, la participación de las comunidades, el respeto del medio ambiente y el impulso al valor agregado deben resguardarse ya sea en lo público como en lo privado.

Dicho esto, ¿qué hacemos con la polémica instalada? Efectivamente hay un gobierno entrante y una Convención Constituyente en curso. Mientras menos se politice y más sea un proceso consensuado, mejor podremos aprovechar el que como país estemos sobre una de las reservas mundiales más grandes.

Tenemos que ponderar el potencial económico y lo que esto significa en empleos, ingresos y desarrollo, con lo que implica para las comunidades, la sostenibilidad y los acuerdos sociales que requerimos para avanzar.

Los equipos del Presidente electo están reuniéndose con los equipos del Ministerio de Minería. Esperemos que como en muchas oportunidades en que hemos logrado como país tener políticas de Estado, acuerdos y visión, esto se solucione a la brevedad de cara a la ciudadanía, pero lejos de las barras bravas.

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