Opinión

El plinto

El destino del plinto de Plaza Baquedano podría tener un valor simbólico relevante, al menos en la historia reciente, y serviría para recordar que hay sonrisas sin gato, y que hay mensajes que no necesitan ni gatos ni gente.

Se puede convenir que el plinto no fue objeto de ataques ni ensañamientos vandálicos, como sí lo fue la escultura ecuestre, y quizás con esta decisión de demolerlo se está descargando la responsabilidad de buena parte de las acciones de violencia, destrucción y rabia que estallaron y continuaron a partir del 18 de octubre de 2019. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Se puede convenir que el plinto no fue objeto de ataques ni ensañamientos vandálicos, como sí lo fue la escultura ecuestre, y quizás con esta decisión de demolerlo se está descargando la responsabilidad de buena parte de las acciones de violencia, destrucción y rabia que estallaron y continuaron a partir del 18 de octubre de 2019. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Por:  Alberto Sato

La noticia acerca del destino del plinto de Plaza Baquedano recuerda a el gato de Cheshire en “Alicia en el país de las maravillas”, cuando la niña exclamó: “¡Bueno, muchas veces he visto un gato sin sonrisa ¡Pero una sonrisa sin gato…!...¡Esto es lo más raro que he visto en mi vida!”.

En el arte moderno, hay muchas esculturas sin plinto, pero también plintos sin escultura. El más conocido y mencionado repetidamente es el Cuarto Plinto en Trafalgar Square de Londres, que en ocasiones sirve para que allí se monten oradores, manifestantes, publicistas y, desde 1998, se ha convertido también en el espacio para que la Royal Society of Arts lleve a cabo un atractivo programa de obras de arte transitorias. A propósito de nuestra actual condición pandémica, en el último tiempo se inició también una intensa campaña por la reinstalación de la escultura de Edward Jenner, autor de la vacuna contra la viruela, y primera vacuna en la historia (de 1796), pero esencialmente dicho plinto está vacío y disponible.  

Con este antecedente es posible pensar que un plinto sin escultura no sea lo más raro que Alicia haya visto en su vida, para responder a una reciente declaración de la alcaldesa de Providencia, quizás recordando el pensamiento lógico de la obra de Lewis Carroll. En efecto, detrás de las situaciones inverosímiles de una literatura llamada sinsentido, además de divertir y despertar la imaginación de los niños, la obra invita a razonar a los adultos. Así, no es tan raro ver un gato sin sonrisa, como un plinto sin escultura.

El asunto es que se hicieron declaraciones y apelaciones a la democracia y a la participación sobre su destino, retomando el valor simbólico que adquirieron tanto el lugar como la escultura ecuestre del general Baquedano. En realidad, los daños sufridos por el plinto son reparables, porque solo sirvió de soporte de pinturas y de mucha gente que se montaba sobre él, con sus inevitables consecuencias físicas. Se puede convenir que el plinto no fue objeto de ataques ni ensañamientos vandálicos, como sí lo fue la escultura ecuestre, y quizás con esta decisión de demolerlo se está descargando la responsabilidad de buena parte de las acciones de violencia, destrucción y rabia que estallaron y continuaron a partir del 18 de octubre de 2019.

Podríamos suponer que el plinto no tiene culpa alguna y nadie tiene nada en su contra, por el contrario, la íntima emoción que embarga a quien gesticula y anima desde las alturas del plinto, no tiene precio. Estar allí arriba, como el gato de Cheshire montado sobre el árbol como en el célebre cuento, es un privilegio.

Sin embargo, el destino del plinto de Plaza Baquedano podría tener un valor simbólico relevante, al menos en la historia reciente, y serviría para recordar que hay sonrisas sin gato, y que hay mensajes que no necesitan ni gatos ni gente. Uno podría imaginar solo a una sonrisa montada sobre el plinto de la plaza dirigiéndose amablemente a toda la ciudadanía. 
 

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