Opinión

El riesgo de generar expectativas sobredimensionadas

De nada les sirven a las personas páginas y páginas de derechos, prosas reivindicatorias si, al final del día, las condiciones materiales se mantienen iguales o peores. Por consiguiente, es aquí uno de los principales riesgos que la Convención está tomando, generar expectativas sobredimensionadas en la población que, al no ser cumplidas, nos lleve de nuevo a una crisis política y social. 

En el afán por recuperar aceptación ciudadana, quienes llevan la batuta dentro de la Convención han planteado que cualquier cosa es mejor que la Constitución de Pinochet. AGENCIA UNO/ARCHIVOEn el afán por recuperar aceptación ciudadana, quienes llevan la batuta dentro de la Convención han planteado que cualquier cosa es mejor que la Constitución de Pinochet. AGENCIA UNO/ARCHIVO
En el afán por recuperar aceptación ciudadana, quienes llevan la batuta dentro de la Convención han planteado que cualquier cosa es mejor que la Constitución de Pinochet. AGENCIA UNO/ARCHIVO

La aprobación de la Convención Constituyente por parte de la ciudadanía muestra una clara tendencia a la baja. Si bien, varios de sus defensores han asociado esta tendencia a una campaña del terror, lo cierto es que varias de sus comisiones gastaron valiosos meses en discusiones y propuestas alejadas de todo sentido común, al punto de llegar al absurdo. Más allá de que varias de estas iniciativas hayan sido frenadas en el pleno, en la opinión pública quedó la imagen de convencionales que simplemente no sabían lo que tenían que hacer y ocultaban esto montando distintos tipos de shows.

En el afán por recuperar aceptación ciudadana, quienes llevan la batuta dentro de la Convención han jugado la carta de plantear que cualquier cosa es mejor que la Constitución de Pinochet, y han señalado que de rechazarse el texto que propondrán, el país caerá en una crisis política y social importante. Sin embargo, quienes sostienen esta tesis no reparan en que la crisis política y social podría venir justamente de la vereda opuesta, es decir, de la aprobación de una nueva Constitución maximalista como la que se está incubando.

Mi hipótesis se basa en el origen del proceso constituyente en marcha y en las expectativas desmedidas que la Convención está generando en la población mediante la aprobación de una extensa lista de derechos sociales. El papel todo lo aguanta, pero la realidad requiere recursos y gestión, lo cual va más allá de la buena voluntad. La provisión de derechos sociales depende más de la capacidad del Estado de generar los recursos necesarios para financiarlos que de la cantidad de adjetivos que se incorporen en la Constitución. Pero esto es algo que los convencionales prefieren ignorar y usar los derechos sociales como carta al Viejito Pascuero, total que los derechos se materialicen ya no será su problema.

Lo complejo de este actuar por parte importante de la Convención es que parece olvidar que el proceso constituyente nace como una salida institucional a una crisis política y social, la cual en su seno contenía un fuerte rechazo a la clase política por no haber sido capaz de abordar políticas sentidas por la sociedad. El malestar y desilusión hacia los políticos se vio refrendada en la elección de constituyentes, donde la gente prefería votar por un personaje animado en vez de una persona con olor a política. Por lo tanto, algo que la Convención no puede hacer es generar falsas expectativas en la gente.

Avanzar hacia una nueva Constitución que permita enfrentar un nuevo ciclo social y político es importante, pero no hay que perder de vista que esta no era una demanda social que aglutinara a la ciudadanía. Las personas pedían mejoras en su calidad de vida, medidas concretas que les permitieran desarrollar sus proyectos de vida y un Estado que los ayudara a sentirse menos vulnerables ante los vaivenes de la vida. De nada les sirven a estas personas páginas y páginas de derechos, prosas reivindicatorias e identitarias si, al final del día, las condiciones materiales se mantienen iguales o peores. Por consiguiente, es aquí uno de los principales riesgos que la Convención está tomando, generar expectativas sobredimensionadas en la población que, al no ser cumplidas, nos lleve de nuevo a una crisis política y social. 

Jorge Valverde,

economista
 

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