Opinión

El tiempo de las armas

Lamentablemente, mientras subsista el clima de incertidumbre y amenaza, seguirá el rearme y la posibilidad mayor de conflictos en el plano internacional y de homicidios al interior de los países.

Durante el 2021 se compraron 23 millones de armas en Estados Unidos, lo que constituye un récord en el país. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Durante el 2021 se compraron 23 millones de armas en Estados Unidos, lo que constituye un récord en el país. AGENCIA UNO/ARCHIVO

En tiempos de incertidumbre e inestabilidad, el instinto humano toma prevalencia en nuestros comportamientos y por ende decisiones, y eso nos lleva a privilegiar la supervivencia e integridad personal y familiar, así como proteger nuestro hábitat y pertenencias. La forma más básica y efectiva de hacerlo es armándose. Esto es así desde tiempos inmemoriales y lo que ocurre a nivel de los estados es una extensión de lo que acontece en sus sociedades.

Desgraciadamente hoy priman el miedo y la desconfianza, lo que ha empujado el rearme a lo ancho del mundo. Estas circunstancias se han visto acentuadas, en el ámbito doméstico, por la fragmentación social como fenómeno general y la creciente incapacidad del Estado y de sus instituciones, en regiones como América Latina, por cumplir con sus funciones básicas, partiendo por el orden y la seguridad pública.

Aunque el mundo nunca ha sido un oasis de paz, al menos en términos relativos, el período que va desde la Segunda Guerra Mundial hasta hace poco fue uno de los más pacíficos globalmente, con conflictos más bien situados en la periferia de las principales potencias y generalmente de baja intensidad.

Este interludio entre guerras que es la paz, como dirían algunos, sufrió un fuerte golpe con la invasión de Ucrania, que abre un conflicto armado ya no en la periferia sino directamente en Europa y además con consecuencias globales de alto impacto, incluyendo los ámbitos de la alimentación y energía.

Otro de los efectos de esta guerra, que se inició el 24 de febrero y que no sabemos cómo ni cuándo acabará, es estimular enormemente el gasto en armamentos.

Si ya según el SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute) el gasto en armas venía en alza ininterrumpida desde hace 7 años, a partir del 2022, el incremento será mayor. Según este instituto, en 2021 por primera vez desde que esta organización hace seguimiento del tema (1966), las expensas en armamento superaron los 2 trillones de dólares.

La invasión rusa a Ucrania ha hecho subir el presupuesto militar de todos los países europeos, además de reforzar a la OTAN. Suecia y Finlandia, tradicionales estados neutrales, están postulando a este pacto defensivo y con toda probabilidad se integrarán próximamente. Ambos tienen una industria militar propia sofisticada y Finlandia, vecino de Rusia que además estuvo en guerra con ese país durante la Segunda Guerra Mundial, ha desarrollado una increíble estructura defensiva para la eventualidad de un conflicto.

A esta ruptura de paradigma, encarnada por Suecia y Finlandia, se suma la “revolucionaria” decisión del gobierno de coalición alemán de remozar sus fuerzas armadas con una inversión inmediata de 100.000 millones de euros y un incremento presupuestario permanente para llegar al 2% de su PIB anual destinado a defensa, que es lo que ha recomendado por años la OTAN y que la mayoría de los países europeos nunca cumplió.

En el ámbito global, el 62% del gasto militar mundial se reparte entre Estados Unidos, China, India, Reino Unido y Rusia, en ese orden.

Otro país que venía invirtiendo fuertemente en defensa y que ha acelerado esa tendencia es Japón. La creciente asertividad de China y los litigios territoriales entre las partes han llevado a los japoneses a disponer de partidas extraordinarias para armarse además de alzas sostenidas en el presupuesto, llegando este año a 1,1% del PIB (lo que es menos de un 25% de lo que gasta China).

Una tendencia común en este incremento del gasto militar es que los países están tratando de impulsar sus industrias de armamento, en parte para evitar problemas de suministro y dependencia, y porque la venta de armas es un negocio en extremo lucrativo.

Corea del Sur, por ejemplo, se ha introducido en este club de pocos proveedores, con contratos recientes de venta a Australia y Egipto por montos que totalizan más de 2 billones de dólares. Turquía también ha irrumpido en este mercado con la fabricación de sus drones Barayktar, probados exitosamente en combate en varios frentes, incluyendo Ucrania.

Otra dinámica impulsada con más fuerza es la cooperación entre países para desarrollar armamentos en conjunto. En esa línea destacan la cooperación de Australia, Reino Unido y Estados Unidos (AUKUS) para dotar de submarinos nucleares a la armada australiana (en una operación que superará los USD120 billones). También está la colaboración entre Japón y el Reino Unido para desarrollar un caza de combate hacia el 2035.

India, que a la fecha depende del suministro y la tecnología rusa en casi dos tercios de su armamento, deberá disminuir esa dependencia, azuzada por la posibilidad de que Rusia no pueda cumplir con sus compromisos futuros en función de la guerra en Ucrania. Por ello, India está adoptando una estrategia dual: acercarse a otras potencias que puedan fungir de proveedores, lo que incluye el QUAD (EEUU, Australia, Japón y Australia), y favorecer la producción local con tecnología propia.

China, que destinó USD293 billones en defensa el año pasado, está decidida a captar una porción relevante del mercado de la venta de armas, instancia en la cual está todavía subrepresentada, aunque ya provee a más de 50 países. Su principal cliente es Pakistán. En su estrategia de abrir nuevos mercados, Latinoamérica tiene una posición estratégica. En estos momentos hay negociaciones avanzadas para que Argentina compre 12 cazas JF 117 “Thunder Block III” fabricados en Pakistán, pero con tecnología china. China está presionando fuertemente para quedarse con esta operación, que más allá de su monto (USD664 millones), abre la puerta para negocios adicionales con el tema de las piezas y partes, y más interesante aún, la posibilidad de que Argentina renueve enteramente su flota con aeronaves chinas. De resultar esta venta, a su influencia comercial y en materia de inversiones en casi toda la región, se sumaría la dimensión militar, disputando un mercado mayoritariamente controlado por EEUU en lo que se refiere a las armas más tecnológicas y onerosas.

Mientras los productores de armas se frotan las manos con el auge del negocio, otros ven con preocupación como los objetivos del mileno y la lucha contra el cambio climático, por mencionar dos ejes de cooperación prioritarios, ven disminuidos sus recursos en forma importante, amenazando la consecución de sus fines.

Por último, es imposible no mencionar la reciente masacre en EEUU, esta vez de niños en un colegio en Texas. Esto tiene directa relación con la disponibilidad de armas en ese país, que tiene una cultura y legislación muy permisivas, y donde hay 120 armas por 100 habitantes, la tasa más alta del mundo. Durante el 2021 además se compraron 23 millones de armas, lo que constituye un récord en el país.

En una cruel vuelta del destino, en estos días se desarrolla en Houston, Texas, la Convención Anual de la National Rifle Association, el poderoso grupo lobista, con 16 hectáreas destinadas al comercio y exhibición de armas.

Lo que deja en evidencia la reiteración de matanzas en EEUU, es que hay una directa relación entre la cantidad de armas y hechos violentos. Lo que es obvio, como la directa relación que hay entre mayor cantidad de droga y adicción, no lo es para buena parte de la clase política estadounidense y de su población, por un tema idiosincrático. Lo lamentable es que esta estela de muertes no solo se da en EEUU, también se extiende a toda América Latina de la mano de armas que son traficadas en buena medida desde dicho país, fortaleciendo a las organizaciones criminales y haciendo que seamos la región del mundo con la más alta tasa de homicidios.

Lamentablemente, mientras subsista el clima de incertidumbre y amenaza, seguirá el rearme y la posibilidad mayor de conflictos en el plano internacional y de homicidios al interior de los países.

Así como recuperar el orden y la seguridad es prioritario en términos domésticos, también lo es globalmente y la única forma de asegurar una paz duradera. Está difícil, pero no imposible.

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