Opinión

Elecciones: ¿fin del maximalismo político?

Es plausible que los resultados del domingo acaben con el Octubrismo y el maximalismo político post-18-O que ha embriagado a muchos que creían poseer un supremacismo moral y ayudar así, desde la moderación, a construir un país donde nos toleremos y no donde prime la lucha a muerte en Plaza Italia.

Los resultados nos enseñan que aquella izquierda extremista e intransigente no es, ni representa tampoco, el sentir del pueblo. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Los resultados nos enseñan que aquella izquierda extremista e intransigente no es, ni representa tampoco, el sentir del pueblo. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Por:  Pablo Paniagua

Se han dado a conocer los resultados de la primera vuelta presidencial, en donde el candidato José Antonio Kast se impuso en la contienda con un 27,91% de los votos superando a Gabriel Boric. De esta forma, la carrera presidencial se le pone cuesta arriba a Boric, ya que nunca —desde el retorno a la democracia en 1990— el segundo de la primera vuelta ha logrado revertir la tendencia obtenida. Si bien la segunda vuelta está abierta y es difícil hacer pronósticos, ya que ambos candidatos podrían hace un llamado a la moderación y llevarse el triunfo final, dichos resultados dan pie para hacer algunas reflexiones políticas con ciertos brotes de esperanza y de mesura de cara al futuro. Dentro del ámbito político caben destacar tres reflexiones.

Primero, con estos resultados los principales vencedores fueron los outsiders políticos y el anti-establishment hastiado de la política oligarquizada y de su circo. Debemos reconocer que la participación electoral fue baja: sólo un 47,3% del Padrón Electoral inscrito concurrió a las urnas, lo que refleja una gran desafección con la política y sus mecanismos de representación.

La desafección y el desinterés para con la política representativa sigue siendo el principal problema de nuestras elecciones. Por otro lado, JAK es un outsider político que viene desde una derecha más conservadora y que se sitúa fuera de la centro-derecha tradicional que representaba el oficialismo. Asimismo, Franco Parisi, quien obtuvo un 12,81% de los votos, es claramente un candidato anti-establishment, que representa el hastío de la población para con un grupo político apático y egoísta, que ha estado completamente paralizado por la polarización y la pugna entre élites. De esta forma, entre la desafección y el mix JAK-Parisi, hay claramente un sector de la población que está cansada de la política circense que se viene haciendo y que no ha mejorado la vida material de la clase media. Quien sea capaz de conquistar ese sentimiento anti-establishment y anti-oligárquico de Parisi y ofrecer algo concreto que le mejore rápidamente la vida material a la clase media, bien podría llevarse la segunda vuelta.

Segundo, existe claramente un reequilibrio de fuerzas políticas, que puede ser beneficioso para tratar de buscar acuerdos y consensos más amplios y así superar la polarización que nos tiene enredados. Desde el 18-O y desde el plebiscito para la Nueva Constitución, la extrema izquierda creía ser mayoría política en el país y poseedora de toda verdad, creyendo representar un amplio sentir “refundacional” y “anti-neoliberal” en la población. Desde el estallido social, la izquierda en Chile se ha ido radicalizando en su visión de país y se ha mirado solo el ombligo, creyendo a fe ciega que lo que realmente quería el electorado era enterrar el “modelo neoliberal” y pasarle la retroexcavadora. Si hasta el mismo candidato Gabriel Boric hace pocos meses atrás declaró: “si Chile fue la cuna del neoliberalismo, también será su tumba”. Pues bien, todo esto ha quedado claramente demostrado de ser falso y una mera ilusión de aquellos embriagados por la revuelta y obnubilados por el “Octubrismo”. La extrema izquierda y el “Chile despertó” refundacional no son, ni serán, mayoría política en el país. Como bien lo ha reconocido el cientista político Alfredo Joignant, pareciera que “se acabó el hechizo del estallido social”.

Con todo, los resultados nos enseñan que aquella izquierda extremista e intransigente no es, ni representa tampoco, el sentir del pueblo. El “Octubrismo” radical que se supone había “despertado” a la población y movilizado al pueblo hastiado del “neoliberalismo”, liberándolo de sus cadenas, ha resultado ser una comedia y puro humo vacío de contenido, propio de aquellas élites ensimismadas y que viven en verdaderas burbujas. Ha quedado en evidencia que aquella izquierda refundacional llena de moralina no representa al pueblo: no son mayoría ni ideológica, ni programática. En suma, no son aquel 80% que creían con soberbia poseer, y bajo el cual se escudaban para azuzar las calles y hacer lo que quisieran con los espacios públicos del país.

Tercero, este balde de agua fría para el Octubrismo es algo positivo, pues invita a dejar de lado la soberbia y la moralina, y reconocer que la mayoría de las personas en Chile busca cambios de forma gradual y manteniendo la paz social, el orden y el Estado de Derecho, por lo que no buscan refundar el país a punta de violencia, gritos e intransigencia. Pareciera que el electorado busca mejorar su condición material a través de cambios graduales, cuidando el marco general de reglas y perfeccionando la institucionalidad, privilegiando así el diálogo y la moderación, por sobre la intransigencia. Este nuevo equilibrio de fuerzas es algo para rescatar ya que señala que la mayoría de la gente en Chile busca la tolerancia y proyectos políticos reflexivos que avancen en la medida en que no quieran imponérselo a otros por la fuerza o por la barricada. Lo votantes este domingo le han dado un nuevo aire de esperanza a la estabilidad política del país, la Convención Constitucional debe tomar nota de dicho mensaje, de lo contrario, se convertirá en el triste epílogo pasado de revoluciones del estallido social.

En definitiva, es plausible que estos resultados acaben con el Octubrismo y el maximalismo político post-18-O que ha embriagado a muchos que creían poseer un supremacismo moral y ayudar así, desde la moderación, a construir un país donde nos toleremos y no donde prime la lucha a muerte en Plaza Italia. Ojalá que este domingo haya sido un balde de agua fría y permita el surgimiento de una nueva voluntad reposada, tanto de izquierda como de derecha, más humilde, ponderada y dialogante. Es en estos momentos de crisis donde más necesitamos de dichas voluntades.

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