Opinión

Entre el ruido y el silencio ensordecedor

A la calentura política mundial, se suma el alza de la temperatura global. El cambio climático incidirá directamente en una exacerbación de la conflictividad social, al generar presión sobre la disponibilidad de los recursos naturales, partiendo por el agua.

"Ya estamos pagando un alto precio a todo nivel por el cambio climático en curso y no hay que esperar a que la situación empeore". AGENCIA UNO/ARCHIVO
"Ya estamos pagando un alto precio a todo nivel por el cambio climático en curso y no hay que esperar a que la situación empeore". AGENCIA UNO/ARCHIVO
Por:  Juan Pablo Glasinovic

Así como la vida no es lineal, tampoco la realidad lo es. Coexisten distintas dimensiones que además de interactuar entre sí, son percibidas en forma diferente por las personas, en atención a su cultura, género, edad, salud, ubicación y tantos otros factores.

En sociedades más diversas y fragmentadas, como es la tendencia, los mínimos comunes denominadores son cada vez menos, pero siguen siendo fundamentales porque son los puntos de unión y consenso que permiten la subsistencia y progreso de los estados. Por ejemplo, la valoración de la democracia sigue siendo lo que mantiene cohesionado a ciertos grupos humanos, aunque cada uno quiera esa libertad para acentuar su diferenciación y autonomía.

Para agregar complejidad al asunto, los seres humanos además operamos en varios frentes simultáneamente. Nos movemos permanentemente entre la inmediatez y la mediatez y, para ello, debemos ser capaces de evaluar y analizar ambos tiempos, privilegiando en oportunidades lo inmediato sobre lo mediato, o al revés.

¿Qué nos dice el mundanal ruido en estos días? En Afganistán los talibanes conquistan una tras otra las provincias y principales ciudades del país, la mayoría de las cuales se ha entregado casi sin resistencia. La velocidad del derrumbe del régimen apuntalado por Occidente, ha sorprendido hasta a los más pesimistas estrategas militares de los países que estuvieron años acantonados ahí, luchando contra esos mismos talibanes. Es imposible no evocar la caída de Vietnam del Sur poco tiempo después de la retirada estadounidense, con esa caótica y desesperada evacuación de la embajada norteamericana, mientras las tropas norvietnamitas entraban a Saigón (hoy Ho Chi Minh).

¿Qué consecuencias tendrá la reinstalación talibán 20 años después que fueron expulsados por Estados Unidos? ¿Tendrá un efecto de contagio regional? ¿Y qué pasará con los destacados avances en materia de estatus de la mujer? ¿Volverán a la oscuridad de la burka y la reclusión permanente en sus hogares?

Nuevamente resuena Vietnam y la aceptación estadounidense, tras años de guerra, de que, si la fruta se pudre, es imposible mantenerla sujeta al tallo. Termina siempre por caer. Occidente trató una vez más de bregar contra una cultura determinada para implantar un sistema de gobernanza, que parece no poder sostenerse sin apoyo externo. El tiempo dirá qué cambió en la idiosincrasia local tras 20 años de presencia occidental.

En tanto, los talibanes entran victoriosos a las ciudades y cercan Kabul, el mundo sigue lidiando con nuevas cepas del COVID y sucesivas oleadas de contagio. Mientras los países desarrollados van por su tercera dosis de vacuna, los más pobres no han podido vacunar ni al 10% de su población. A esto se suma que la mayoría de los países ricos están volviendo a niveles pre pandemia en sus economías, mientras el resto viene con mucho más retraso y un alto costo social.

La incertidumbre sanitaria y económica no podía no tener su contraparte política. Los sistemas políticos han estado sometidos a inmensas presiones, demostrando en muchos casos su precariedad y poca representatividad. Esto se ha traducido en situaciones de gran polarización, con procesos acá y acullá que buscan más participación e igualdad, y pujan por reformar en mayor o menor grado la institucionalidad existente.

A la calentura política mundial, se suma el alza de la temperatura global. En todo el orbe, el mes de julio ha sido el más caluroso del que se tenga registro. En Europa, norte de África, Medio Oriente y Estados Unidos, feroces incendios han consumido centenares de miles de hectáreas, con poblaciones arrasadas y numerosas víctimas.

En medio de todo este ruido y tumulto, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU (IPCC) dio a conocer el lunes pasado su último informe sobre el fenómeno. Sus conclusiones y proyecciones son altamente inquietantes.

En primer lugar, y tras revisar miles de estudios científicos, el panel declara que es irrebatible que el calentamiento global es producto de la acción humana, fundamentalmente mediante la emisión de dióxido de carbono. La década recién pasada experimentó un alza de 1,1°C en relación con el período pre industrial. En función de ello, el panel declara también que el aumento promedio de 1,5°C es prácticamente inevitable, y se alcanzará al menos una década antes de lo previsto (el horizonte era el 2050).

Este incremento de temperatura está generando cambios a todo nivel, muchos de los cuales serán irreversibles. Aún cuando el mundo logre ser carbono neutral al 2050, no se percibirá una baja de temperatura en por lo menos 20 años desde que ello ocurra.

Otros resultados expuestos muestran el progresivo aumento del nivel de los océanos, los que podrían superar un metro de alza a fines del siglo. ¿Puede imaginar lo que significa ese incremento y sus repercusiones en materia de desplazamiento poblacional, considerando que una alta proporción de la población mundial vive en la costa? Si usted tiene una casa al final de la playa, donde siempre se sintió privilegiado por la cercanía con el mar, haga el ejercicio de ver cómo podría ser su sector en algunas décadas. Para ello, lo invito a revisar la herramienta creada por la Nasa en conjunto con Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), que a partir de información satelital y de mediciones en tierra hace simulaciones y proyecciones del aumento del nivel del mar en todo el mundo. Podrá acceder a ella en el sitio web de la Nasa.

Finalmente, el IPCC expone distintos escenarios, dependiendo de la rapidez de la implementación de las medidas de descarbonización. El abanico va desde una catástrofe que pone en riesgo la existencia misma de la humanidad hasta un escenario menos crítico, pero que igual tendrá un fuerte impacto en nuestro hábitat y, por ende, vida.

Alguien acertadamente dijo que quienes actualmente poblamos el planeta somos los que habrán nacido con un clima y morirán con otro.

¿Será la contundencia de este informe la palanca del cambio para que actuemos a la altura de las circunstancias en la COP de Glasgow? ¿O nos dejaremos ensordecer por el ruido de los problemas cotidianos mientras el silencio aúlla?

Si de verdad queremos una mejor vida para nuestros descendientes, que legítimamente muchos creen que se verá facilitado en el plano local por una nueva Constitución, entonces actuemos ahora en forma concreta para alcanzar los objetivos que nos pide la ciencia. No hay que olvidar que el cambio climático incidirá directamente en una exacerbación de la conflictividad social, al generar presión sobre la disponibilidad de los recursos naturales, partiendo por el agua. Ya estamos pagando un alto precio a todo nivel por el cambio climático en curso y no hay que esperar a que la situación empeore, porque si no hacemos nada nos condenaremos.

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