Opinión

Equally divided we stand

El liderazgo de Trump y su ascendiente sobre el Partido Republicano sufre un golpe, porque es imposible disociarlo del resultado que no fue el esperado con muchos candidatos ungidos directamente por él.

El resultado en curso muy probablemente forzará a la administración Biden a privilegiar la agenda interna en desmedro de su actividad internacional, pero no en forma violenta como sí hubiera pasado de haber arrasado los republicanos. AGENCIA UNO/ARCHIVO
El resultado en curso muy probablemente forzará a la administración Biden a privilegiar la agenda interna en desmedro de su actividad internacional, pero no en forma violenta como sí hubiera pasado de haber arrasado los republicanos. AGENCIA UNO/ARCHIVO

Al momento de escribir esta columna, aún no termina el recuento de votos en las elecciones de mitad de período en Estados Unidos. Recordemos que estas incluyen la completa renovación de la cámara de representantes, un tercio del senado y 36 gobernaciones, además de una serie de otros comicios locales y referendos.

La lentitud en el recuento se debe a que el sistema electoral local permite diversas modalidades, como el voto por correo, con plazos que a veces coinciden con el mismo día de votación, lo que obliga a esperar para el conteo.

Pero, más allá de eso, la falta de claridad a días de las elecciones (ocurrida el martes 8 de noviembre), deja en evidencia lo ajustado de cada contienda, donde los ganadores están imponiéndose por márgenes mínimos. En definitiva, una primera conclusión de esta jornada clave es que no hubo una “marea roja” o avasallador triunfo republicano (los demócratas son representados por el color azul) como este partido esperaba y se especulaba por la prensa.

En el senado resta conocer los resultados en Arizona y Nevada, además de tener que ir a un balotaje en Georgia en diciembre, donde ningún candidato obtuvo más de 50% de los votos. Si los demócratas ganan en los dos primeros estados, aseguran la mayoría de la cámara alta. Proyectando el conteo, es más probable que los demócratas se queden con Arizona y los republicanos con Nevada, lo que dejaría al escaño de Georgia como el decisivo para tener el control del senado.

En la cámara de representantes, la cifra mágica para su control es 218 y los republicanos están muy cerca, aunque todos los distritos que restan por definir muestran diferencias mínimas entre los contendores. No obstante, la evidencia parece indicar que los republicanos sí tendrán mayoría en esta cámara, aunque probablemente por muy poco.

En materia de gobernadores, los demócratas aumentaron su cupo en 2 (23 demócratas y 24 republicanos), conservando además los estados de Michigan, Wisconsin y Pennsylvania, plazas cruciales en las elecciones presidenciales más recientes.

A grandes trazos entonces, el escenario refleja fuerzas opuestas casi equivalentes a nivel nacional, aunque con una clara división de preferencias territorialmente hablando. Mientras los bastiones demócratas están en la costa oeste y en el noreste del país y algo del medio oeste, todo el resto es republicano.

Quizá en el único estado donde sí hubo una “marea roja” fue en Florida, donde el gobernador De Santis fue reelecto con más de 20 puntos de diferencia respecto de su contendor. De Santis, de 44 años y con mucha ambición, se alza así como un potencial candidato republicano a la presidencia. Tan evidente es ello que Donald Trump le advirtió públicamente que no se le ocurriera entrar en esa lid.

Hablando de Trump, para este sin duda que los resultados no fueron los esperados. Antes de la votación anunció que el martes siguiente (15 de noviembre) daría a conocer una “buena noticia”, eufemismo que se entiende correspondería al anuncio de su candidatura para volver a la Casa Blanca. Ese anuncio se suponía iba a capitalizar el triunfo legislativo importante en una o ambas cámaras, con un gran número de candidatos cuya nominación fue consecuencia directa del apoyo de Trump.

Aunque la cita para el martes sigue vigente, los asesores de Trump le estarían recomendando diferir el anuncio a la espera del resultado del balotaje en Georgia.

Los candidatos más emblemáticos respaldados por Trump fueron derrotados, a lo que se suma la posibilidad de un real contendor en el gobernador De Santis. Con su sarcasmo habitual y en su más puro estilo de golpear preventivamente, Donal Trump se refirió a De Santis como el “típico gobernador promedio que tiene un buen manejo comunicacional”.

La lógica de esta elección que fue más concurrida que el promedio, fue totalmente polarizada. Mientras los republicanos buscaban quitarle la iniciativa al gobierno amarrándolo en el congreso para preparar su regreso en dos años más, los demócratas acudieron justamente para impedir eso y dar señales de fortaleza, especialmente ante el escenario de volver a tener que competir con Trump.

En el balance y aunque los republicanos terminen dominando al menos la cámara de representantes, el país está partido en dos mitades y, en esa lógica, la próxima presidencia se decide muy apretadamente (aunque ello no se refleje en el Colegio Electoral donde el sistema otorga todos los grandes electores a la mayoría triunfante). Desde esa perspectiva, los demócratas tienen más razones para estar optimistas, porque demostraron que siguen siendo competitivos.

El liderazgo de Trump y su ascendiente sobre el Partido Republicano sufre un golpe, porque es imposible disociarlo del resultado que no fue el esperado con muchos candidatos ungidos directamente por él. Además, surge un potencial contendiente interno, que además de ser la estrella electoral de la jornada, es joven (44 versus los 76 de Trump).

Ya han surgido algunas voces internas críticas a Trump y la necesidad de renovar el liderazgo republicano para las próximas elecciones. Sin embargo, además de mantener este un fuerte control partidario, el propio clima polarizado juega a su favor.

Por el lado demócrata, Biden podrá respirar más tranquilo, manteniendo su opción de ir a la reelección, aunque deberá apurar algunas decisiones antes del cambio de legislatura y prepararse para una hostilización desde la cámara, que podría incluir fiscalizaciones sistemáticas y la tentación de levantar acusaciones en su contra para remover a personeros de su confianza y enlodar su imagen con miras a la próxima campaña.

La contrapartida del resultado mucho mejor de lo esperado para los demócratas es que inhibe las posibilidades de un competidor interno para Biden. Si el resultado hubiese sido francamente malo, el Partido Demócrata se habría volcado a levantar otros candidatos. Con esto un escenario probable es que se repita la contienda Biden-Trump, con la posibilidad para cualquiera de prevalecer.

En suma, estas elecciones reflejan que la política estadounidense está en una dinámica de trincheras, con los partidos defendiendo rígidamente su posición, con poco espacio para un cambio drástico de circunstancias. Esto parece favorecer la repetición de las últimas elecciones presidenciales, lo que sería muy negativo.

Una salida de este escenario, sería que, aprovechando la erosión del capital político de Trump que apostó por posicionar sus candidatos y triunfar claramente con ellos, le surja una competencia real dentro del Partido Republicano con posibilidades de imponerse. Hoy esa alternativa podría ser De Santis. Si esto ocurriera, entonces también podría incidir en el surgimiento de otras candidaturas demócratas, por cuanto Biden probablemente no sería competitivo ante un contendor como ese.

De Santis, además de las condiciones indicadas, tiene posibilidades porque aparentemente comparte muchas de las ideas y visiones de Trump, lo que lo vuelve un candidato más difícil para este, en caso de competir.

Una incógnita en un probable contexto de leve mayoría republicana en al menos la cámara es cuán hostil será y cuán cojo será el gobierno. Considerando además que dentro de ambos partidos hay facciones, esto podría jugar para ambos lados: polarización o moderación y más incentivos para los votos cruzados y “llaneros solitarios”.

El resultado en curso muy probablemente forzará a la administración Biden a privilegiar la agenda interna en desmedro de su actividad internacional, pero no en forma violenta como sí hubiera pasado de haber arrasado los republicanos. Es de esperar entonces un menor protagonismo de Estados Unidos en la agenda internacional con múltiples repercusiones. Una de ellas es la guerra en Ucrania, en la cual probablemente se presionará a este país para buscar algún tipo de arreglo junto con disminuir el nivel de apoyo militar y económico.

Queda claro que estas elecciones auguran una gran batalla en dos años más y demuestra que los ciudadanos están muy movilizados. La segunda mitad del mandato de Biden será en el fondo una larga campaña de ambos partidos por el control del país en el próximo cuatrienio.
 

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