Opinión

Estallido en Asia Central

Las noticias que han llegado desde Kazajstán dejan en evidencia que las protestas no responden a alguna organización o liderazgo y que se deben al hartazgo y frustración de la población ante la falta de libertad, la concentración económica y la corrupción. A pesar de ser un país rico en recursos naturales, la mayoría de la población vive escuálidamente, mientras la élite gobernante acumula más riqueza.

Ante la grave crisis y la amenaza de derrumbe del régimen, el presidente Tokayev solicitó el apoyo de la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva (CSTO), liderada por Rusia.
Ante la grave crisis y la amenaza de derrumbe del régimen, el presidente Tokayev solicitó el apoyo de la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva (CSTO), liderada por Rusia.
Por:  Juan Pablo Glasinovic

Hace unos días, en el aparentemente plácido Kazajstán, estalló una revuelta que ya lleva cientos de heridos, decenas de muertos y miles de encarcelados. No sabemos y probablemente nunca sabremos en detalle la cantidad de víctimas derivadas de estos acontecimientos, porque el país está con un blackout de medios de comunicación y redes sociales, además de haberse decretado el Estado de Emergencia en todo el territorio.El detonante habría sido el cese del subsidio a los combustibles, lo que en pocos días significó la duplicación de los precios. En forma espontánea, la población salió a protestar en los centros urbanos ante el encarecimiento de la vida, y lo que comenzó por un reclamo puntual, rápidamente fue escalando con exigencias de mayor libertad política y de demandas económicas. Lo que empezó pacíficamente, por razones aún no aclaradas, pero probablemente producto de la frustración acumulada y la sobrerreacción de las fuerzas de seguridad, derivó en violencia. Simbólicamente, la residencia presidencial y el edificio consistorial en la principal ciudad, Almaty, fueron destruidos y quemados por turbas.

Kazajstán es la principal república de Asia Central en extensión, que emergió tras la disolución de la Unión Soviética. Con 2.725.000 kilómetros cuadrados, es el noveno país más grande del mundo y el más grande sin litoral. Esta república tiene vastas riquezas minerales y su posición geográfica es estratégica. En primer lugar, está en la mitad del continente asiático y funge como Estado tapón entre Rusia y China, y entre Rusia la mayoría de las repúblicas de la región. Por su territorio pasa además una de las principales vías de la iniciativa china de la Franja y la Ruta, con un gran centro de transbordo de carga en la localidad kazaja de Khorgos en la frontera con la provincia china de Xinjiang. Además, en Kazajstán está el estratégico cosmódromo de Baikonur, desde el cual se ha realizado toda la actividad espacial soviética y ahora rusa, y el que está cedido en arriendo a Rusia hasta el 2050.

El país tiene una población de casi 19 millones de habitantes, siendo la principal minoría étnica los rusos, con un 20% del total. Por esto y por todo lo señalado anteriormente, Rusia considera a Kazajstán como prioridad en su política exterior y vecinal. Por su parte, este país ha tratado de mantener cierta autonomía de la tradicional influencia rusa, incentivando la inversión extranjera occidental y fortaleciendo sus vínculos con China, lo que por supuesto ha generado un creciente nerviosismo en Rusia.

Desde su constitución como estado independiente en 1991 y hasta el 2019, Kazajstán fue gobernado con mano de hierro por Nursultán Narzabayev, quien regularmente salía reelecto con casi el 100% de los votos. En 2019 en atención a su avanzada edad, decidió dar un paso al costado y seguir manejando los hilos del poder a través de un sucesor de confianza. Como resguardo mantuvo la presidencia del consejo de seguridad, con autoridad sobre las fuerzas de orden y fuerzas armadas. Desde 2019 el presidente en ejercicio es Kasim Tokayev.

Las noticias que han llegado desde Kazajstán dejan en evidencia que las protestas no responden a alguna organización o liderazgo y que se deben al hartazgo y frustración de la población ante la falta de libertad, la concentración económica y la corrupción. A pesar de ser un país rico en recursos naturales, la mayoría de la población vive escuálidamente, mientras la élite gobernante acumula más riqueza.

Ante la grave crisis y la amenaza de derrumbe del régimen, el presidente Tokayev solicitó el apoyo de la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva (CSTO), liderada por Rusia y que incluye a Bielorrusia, Armenia, Kazajstán Kirguistán y Tayikistán, alegando que elementos extranjeros y terroristas estaban interviniendo en el conflicto, lo que justificaba acudir a este mecanismo de defensa contra amenazas externas. En menos de 24 hrs, Rusia y varios de los otros países despacharon contingentes para apoyar a las fuerzas gubernamentales. Es la primera vez que se adopta una medida como esta desde la fundación de este bloque. Previamente en 2010, Kirguistán había solicitado también ayuda militar a la organización, ante la grave violencia étnica desatada en su territorio, pero esta le fue denegada al considerarse que era un tema interno. La diferencia de respuesta radica precisamente en la prioridad que tiene Kazajstán para Rusia.

El gobierno de Tokayev también aceptó la renuncia de todo su gabinete, revirtió el alza de los combustibles y destituyó a su predecesor a la cabeza del consejo de seguridad.

¿Qué consecuencias pueden emerger de esta situación? Aunque es temprano para decirlo y porque hay poca información, sin duda que desde ya se pueden distinguir y comentar varios puntos.

En primer lugar, es una señal de alarma para las dictaduras de la región y especialmente para el gobierno de Putin, quien ve con preocupación como en su periferia los regímenes autoritarios aliados han sido cuestionados por sus poblaciones, ejemplo que podría repercutir en la propia Rusia, alentando a la perseguida y alicaída oposición.

Bielorrusia y Ucrania han pasado por estos movimientos libertarios. En el primer caso, Lukashenko con el apoyo de Putin ha logrado reprimir efectivamente a los opositores, mientras que en Ucrania la población hizo caer al gobierno pro ruso y puso al país en las antípodas con su vecino ruso, lo que ha derivado en la conquista de Crimea por Rusia y una guerra híbrida entre los dos, agravada recientemente por una concentración de tropas rusas en la frontera común.

Desgraciadamente la colaboración entre los gobiernos autoritarios ha sido muy relevante para mantener su control sobre la población. En esta oportunidad es evidente que Rusia, en primer término, aunque también otros, hará todo lo que pueda para mantener y reforzar el actual régimen kazajo. Lo mismo pasa en nuestra región con la tríada de Cuba, Venezuela y Nicaragua, que se han apoyado en la represión de los movimientos libertarios.

Esta “distracción” podría diluir, aunque sea momentáneamente la amenaza militar rusa a Ucrania. Pero está siempre presente la posibilidad de que la situación derive en una guerra civil, además con características étnicas, lo que hasta la fecha no ha ocurrido en el país, pero sí en la mayoría de los otros del área. Esto aumentaría la inestabilidad en una zona de por sí complicada, y además generaría una amenaza de contagio por la contigüidad con Rusia y China, que ninguno de los dos estaría dispuesto a tolerar.

Otra arista de la situación es la lucha interna por el poder entre las distintas facciones kazajas. Aparentemente Tokayev y los suyos estarían neutralizando a su antecesor, del cual no se sabe su paradero, y sus partidarios. De ser así y el discurso de Tokayev de atender a las demandas pacíficas, podría haber algún grado de liberalización política y ciertas reformas económicas.
Con su rápida intervención en auxilio del gobierno kazajo, Putin espera recuperar terreno en la influencia rusa en dicho país. Esto obviamente pasa porque el gobierno recupere el control. Pero, como se mencionó, está también la posibilidad de que este apoyo incentive el antagonismo contra Rusia y la minoría rusa en Kazajstán, revirtiendo en definitiva ese propósito.

El episodio en desarrollo, con su lamentable estela de muertes y destrucción, tiene sin embargo en extremo nervioso a los regímenes dictatoriales y genera esperanza para quienes viven en la opresión. Esto porque no obstante la concentración del poder y la desarticulación permanente de todo germen de oposición, sistemas que parecen inexpugnables, de repente y contra todo pronóstico, demuestran que tienen pies de barro y que la aspiración de libertad los termina desmoronando desde la base.

Hace poco fue la primera cumbre por la democracia. En ella uno de los temas fue la creciente amenaza que representa la coordinación de regímenes autoritarios, no solamente para debilitar a las democracias, también para mantener un férreo control sobre sus sociedades.

Kazajstán es una nueva evidencia de aquello, aunque su desenlace y el impacto de los hechos de esta semana están por verse.

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