Opinión

Formación ciudadana para enfrentar la violencia

La formación en ciudadanía no es solo enseñar cómo se hacen las leyes y cuáles son las funciones del Presidente, sino que además es una oportunidad para abordar, por ejemplo, los conflictos que se dan en el ámbito de la convivencia entre pares y cómo nos relacionamos con el resto de la sociedad.

Los colegios son un espacio fundamental para la formación y práctica de la ciudadanía tolerante. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Los colegios son un espacio fundamental para la formación y práctica de la ciudadanía tolerante. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Por:  Simón Pinto

Sabíamos que el año 2022 venía cargado, entre la vuelta a la presencialidad, un nuevo Gobierno, el término del trabajo de la Convención Constitucional y hasta el mundial de Qatar, pero nunca pensamos que la carga iba a ser tan pesada ad portas de terminar el primer semestre.

Probablemente la carga más pesada, noticiosa y expectante para el país, será el plebiscito de salida para decidir sobre el borrador de la nueva Constitución. Son muchas las iniciativas que ya están buscando formar y explicar en sencillo el texto que se vota en septiembre. ¿Cómo influye esto en los colegios? De sobre manera, pues tendrán que adaptarse y contextualizar a sus alumnos, los futuros ciudadanos.

La formación en ciudadanía no es solo enseñar cómo se hacen las leyes y cuáles son las funciones del Presidente, sino que además es una oportunidad para abordar, por ejemplo, los conflictos que se dan en el ámbito de la convivencia entre pares y cómo nos relacionamos con el resto de la sociedad, sus instituciones y autoridades.

Los colegios han vivido en carne propia lo que significa un año cargado, retomar las clases presenciales, ponerse “al día” en algunos contenidos y cumplir con los protocolos sanitarios. A esto, se suma de forma abrupta, tal como hemos evidenciado en los diferentes medios de comunicación, los constantes hechos de violencia y graves problemas de convivencia. Nuevamente las comunidades escolares se han tenido que adaptar y reaccionar dentro de sus posibilidades, algunas han logrado salir del paso, pero otras siguen entrampadas en hechos de violencia que ya pasaron la barrera del vandalismo, como es el caso de varios colegios emblemáticos.

La violencia al interior de los colegios, refleja una falta de comprensión y respeto por las normas mínimas de convivencia entre pares. Cuando se agrede a un profesor, se corta el tránsito, se quema un bus o se lanza una molotov a Carabineros, vemos que no hay un mínimo de comprensión de lo que significa vivir en una sociedad, donde existe una estructura con autoridades, un orden mínimo que debemos respetar para garantizar que todos puedan ejercer sus derechos y desarrollar sus vidas con total libertad.

No significa que queremos estudiantes sumisos, que no se preocupen por su entorno, sin análisis crítico ni capacidad para resolver los conflictos. La ciudadanía se trata justamente de lo contrario, del respeto por los demás y sus derechos, entender y tolerar la diferencia, canalizar las preocupaciones y demandas de manera civilizada, junto con analizar y razonar sobre situaciones propias de lo que es vivir en una sociedad democrática.

Los colegios son un espacio fundamental para la formación y práctica de la ciudadanía tolerante, que cuestiona y respeta, pero sin dejar de lado a las familias, quienes son los primeros llamados en educar a sus hijos. De las instituciones y autoridades, se espera una actitud ejemplar, claridad en su discurso y ser categóricos en condenar la violencia.

Este “2022 cargado” aparece como una oportunidad para concientizar y formar a los futuros ciudadanos de los tiempos y cambios que se avecinan, pero además para ponerle freno a la violencia en contextos escolares.

Simón Pinto,
investigador legislativo de Acción Educar.

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