Opinión

Grafitis y rayados

Poca conciencia tenemos del daño que hacemos con aquellas expresiones sin estética y con un mensaje indeterminado. Las ciudades se empobrecen, los contenidos no generan valor y los más perjudicados no tienen ni voz ni voto. Sólo resignarse y esperar que algún día recuperemos cierta estética urbana.

Hay grafitis estéticos, con temáticas atractivas: estos, bienvenidos. Pero hay muchos más que son solo rayados sin un sentido y estética aparente. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Hay grafitis estéticos, con temáticas atractivas: estos, bienvenidos. Pero hay muchos más que son solo rayados sin un sentido y estética aparente. AGENCIA UNO/ARCHIVO

Mientras circulo por Santiago, en buena parte de la ciudad y en casi en todas las comunas, nos encontramos con grafitis y rayados de dudosa estética y de gran afeamiento del espacio público. No creo que nos hayamos acostumbrado, pero de apoco nos vamos resignando.

Hay grafitis estéticos, coloridos, con temáticas atractivas, bien ubicados, en proporción con el entorno: estos, bienvenidos. Pero hay muchos más que son solo rayados sin un sentido y estética aparente –a pesar de la intención de sus “autores”- que en nada contribuyen al ciudadano de a pie, tampoco al que se desplaza en auto o en transporte público. 

“En el lenguaje común el grafiti es el resultado de pintar textos abstractos en las paredes de manera libre, creativa e ilimitada con fines de expresión y divulgación donde su esencia es cambiar y evolucionar; buscando ser un atractivo visual de alto impacto para la sociedad, como parte de un movimiento urbano revolucionario y rebelde”, señala Wikipedia, al referirse a los primeros. Pero qué tienen de “atractivo visual de alto impacto” esos rayados callejeros en edificios públicos y privados, en carreteras y en plazas de barrios, en muros o en paraderos del Transantiago. Las cosas al parecer se confunden.

¿Cuándo y por qué nos dejamos estar? ¿Por qué las autoridades comunales y regionales no le pusieron atajo? ¿Qué motiva a los “rayadores” de espacios comunes al hacer este tipo de protesta? Sea cual sea la respuesta, lo cierto es que afea la ciudad, contamina el entorno, distrae a los conductores, ahuyenta el turismo urbano y despilfarra recursos que son de todos los chilenos: más de los que pagan impuestos que de aquellos que en la protesta estigmatizan una forma de protesta que no suma al bien colectivo. 

Poca conciencia tenemos del daño que hacemos con aquellas expresiones sin estética y con un mensaje indeterminado. Las ciudades se empobrecen, los contenidos no generan valor y los más perjudicados no tienen ni voz ni voto. Sólo resignarse y esperar que algún día recuperemos cierta estética urbana.

¿Será posible un acto ciudadano masivo, con convocatoria de alcaldes, nuevas autoridades, con entusiasmo y sentido público en que todos salgamos “orquestadamente” a las calles y recuperemos nuestro espacio común? Así como ha habido campañas para salvar el planeta, cuidar el agua, ir a votar, por las mujeres, las minorías y tanto más. 

En otra escala, ¿será posible hacer una gran campaña para que limpiemos nuestra ciudad? Solo hago la propuesta. 
 

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