Opinión

Guerra en Ucrania y su impacto en la globalización

La guerra en Ucrania ha desatado movimientos cuyas consecuencias son aún difíciles de predecir, pero creo que es un hecho que será un acelerador del cambio del modelo de globalización, que perjudicará más a unos que a otros.

La invasión a Ucrania será después recordada como un punto de inflexión.La invasión a Ucrania será después recordada como un punto de inflexión.
La invasión a Ucrania será después recordada como un punto de inflexión.

Hace ya varios años que el modelo de globalización está en crisis y está mutando hacia un nuevo orden, cuyas características no están aún asentadas, pero que será significativamente menos integrado que lo que conocimos. Es cosa de escuchar el discurso político mundial cada vez más dominante, incluyendo a nuestra América Latina, en el cual se rechaza la integración total de los mercados y se promueve un neoproteccionismo, con argumentos que van desde la necesidad de reindustrializarse, hasta proteger formas de vida y a la naturaleza.

Aunque hace décadas que existen expresiones de malestar contra la globalización en diversas partes del mundo por la amplitud de sus efectos políticos, económicos y sociales, los hitos más relevantes de su deconstrucción son relativamente recientes. Creo que el gobierno de Trump y el Brexit son puntos de inflexión en ese sentido. Estados Unidos, quien fuera el arquitecto del llamado “consenso de Washington”, uno de cuyos baluartes fue el libre comercio y las inversiones, cambió de paradigma con Trump, iniciando una guerra comercial con China e impulsando una serie de medidas y leyes para proteger a su mercado y favorecer la producción local. Esto, en lo sustantivo, no ha sido modificado por Biden y políticamente no es viable en el futuro inmediato un retorno a la dinámica anterior a Trump. En cuanto al Brexit, sin duda que la salida del Reino Unido de la Unión Europea fue un duro golpe para la integración de ese continente, y el modelo que representaba para otras latitudes. Dejó además abierto el precedente para que otros puedan salirse en el futuro (lo que ha sido recogido en general por los partidos de ultraderecha del bloque que han ido ganando terreno electoral).

El nuevo orden global se está estructurando en torno a dos grandes bloques a partir de la rivalidad entre Estados Unidos y China, a lo cual se suma la división entre regímenes democráticos y autoritarios. Esto se deriva de la condición de cada uno de los países en materia de gobernanza. Esta característica ha ido adquiriendo cada vez más relevancia y explica situaciones como la ofensiva autoritaria en el mundo, con fenómenos que van desde las fake news, hasta las guerras, una de cuyas expresiones es precisamente la invasión a Ucrania. Por el otro lado, está la cumbre de las democracias que organizó Estados Unidos y que se constituye en respuesta a la percibida ofensiva autoritaria. Se están configurando entonces dos campos, en función principalmente del régimen político.

La invasión a Ucrania ha venido a profundizar esa lógica de bloques y acelerará la transición hacia un nuevo modelo. Desde la perspectiva actual de comercio e inversiones globales, todos saldrán perdiendo con la desintegración o menor interdependencia. Pero como en todo, unos países perderán más que otros.

Entre los mayores perdedores estarán Rusia y China. Rusia con las sanciones impuestas y las dinámicas que generarán, acentuará su dependencia de los commodities y del mercado chino, que se constituirá en su comprador más importante y con mucha distancia de cualquier otro. Aún cuando pudiera mantener sus ingresos en un comercio menos diversificado, perderá acceso a las innovaciones tecnológicas, lo que impactará en su sector industrial, el que irá perdiendo valor frente a otros competidores.

En el caso de China, su alianza con Rusia y su apoyo tácito a la invasión también empujará los cambios en sus flujos del comercio y las inversiones.

Como reacción a la guerra comercial iniciada por Trump, el gobierno chino adoptó una estrategia dual que consiste en profundizar el mercado doméstico como principal motor de la economía, así como en ser autosuficiente en materia tecnológica. No obstante, China sigue siendo el mayor exportador mundial, con USD3,3 trillones embarcados el año pasado, lo que incluyó un incremento del 20% de los envíos a Estados Unidos, a pesar de las restricciones impuestas por este país.

Actualmente, el 38% de las exportaciones chinas se reparte entre Estados Unidos, Europa y Japón. Si ese acceso se redujera a la mitad en los próximos 10 años, un escenario posible, China tendría que encontrar nuevos compradores por un monto actual de USD600 billones. No será para nada una tarea fácil, incluyendo al mercado doméstico. En efecto, el mercado interno pasa por un período de elevado endeudamiento y experimenta un rápido envejecimiento de la población. La implosión del sector inmobiliario seguirá obstaculizando el crecimiento del PIB, mientras que la fuerte desigualdad de ingresos, el aumento del costo de la vivienda y la inadecuada protección social limitarán la demanda de los consumidores.

China logró convertirse en el primer socio comercial de Europa y suscribió un acuerdo de inversiones con la Unión Europea que apuntaba a consolidar esa relación y escalar las cifras, pero la situación de los Derechos Humanos en China llevó al bloque europeo a congelar su aprobación, y la guerra a Ucrania con el apoyo chino a Rusia va a impedir, eventualmente en forma definitiva, su ratificación.

Además de enfrentarse a la reducción de los mercados de exportación, China está perdiendo el acceso a las tecnologías que necesita para construir una economía del conocimiento. Las sanciones estadounidenses ya han paralizado al gigante de las telecomunicaciones Huawei y han impedido a los fabricantes chinos de semiconductores, hacerse con las tecnologías más avanzadas. Si la Unión Europea, Japón y Corea del Sur se unieran a Estados Unidos en un bloqueo tecnológico a China, este país tendrá pocas posibilidades de imponerse en la carrera tecnológica, la que es clave para determinar qué país será el dominante a futuro. Incluso con sus inmensas capacidades humanas y de recursos, es muy difícil que China pueda liderar la innovación tecnológica aisladamente.

Si bien la desintegración económica perseguida por los chinos volvería al país menos vulnerable a sanciones como las que se han impuesto a Rusia, una China más centrada en su mercado y en otros de bajo desarrollo tecnológico, necesariamente perderá creatividad y eficiencia al estar menos expuesta a la competencia, lo que le haría declinar económicamente en el contexto global. Y una declinación económica repercutirá sin duda en el estatus del Partido Comunista y su legitimidad como detentador único del poder (la que hasta ahora ha sido tolerada en buena medida por su desempeño económico).

La guerra en Ucrania ha desatado movimientos cuyas consecuencias son aún difíciles de predecir, pero creo que es un hecho que será un acelerador del cambio del modelo de globalización, que perjudicará más a unos que a otros.

En el gran juego del ajedrez mundial, la invasión a Ucrania será después recordada como un punto de inflexión, alterando una partida que algunos pensaban que ganaban irreversiblemente.
 

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