Opinión

Iglesia y su rechazo a propuesta constitucional: hay más futuro para Chile

La educación sexo afectiva a que alude la constitución, sin especificar bordes, pareciera corresponder precisamente a aquella que impide formar familias estables.

La Iglesia devuelve su esperanza en las personas, y en este contexto reitera la importancia del principio de subsidiaridad. AGENCIA UNO/ARCHIVO
La Iglesia devuelve su esperanza en las personas, y en este contexto reitera la importancia del principio de subsidiaridad. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Por:  Redacción El Dinamo

La Conferencia Episcopal de Chile, acaba de emitir una declaración conjunta sobre el documento a plebiscitar el próximo 4 de septiembre. Los Obispos se encuentran desplegados a lo largo de todo el país y en contacto diario con millones de chilenos. Encabezan instituciones, universidades, y colegios, contactos parroquiales que han sido fundamentales para el desarrollo de Chile. Conocen a los chilenos, viven con ellos y los sirven. Este es su ser fundamental. La carta fue entregada en la residencia Jesuita de Padre Hurtado, símbolo de un chileno que consagró su vida al servicio de los más necesitados.

La carta esta dirigida a todos los chilenos y con más fuerza a quienes profesan la Fe cristiana. La carta es respetuosa y sólida. Subraya el valor de la conciencia de cada cual, pero al mismo tiempo en la necesidad de formar la conciencia, tarea nada fácil y que explica la sociedad entrampada en que nos encontramos. El uso de slogans, o de premisas falsas sobre la cual se construye mucho del discurso público confunde. Se toman como ciertas afirmaciones que falsas, buena parte de las cuales figuran en la propuesta constitucional.

La carta se circunscribe a aspectos centrales que no han sido puestos de relieve en las opiniones a la fecha más difundidas: la formación de familias para habitar la casa común. Una casa dividida, donde reinan los abusos e interpretaciones arbitrarias, de la vida o de que constituye una familia no es habitable. Mi conclusión, es que los Obispos, valorizan positivamente algunos aspectos de esta propuesta, al igual que otras denominaciones religiosas, pero no pueden obviar sus deficiencias y llaman a votar rechazo. En esta determinación hay más futuro para Chile.

La carta es enfática en señalar la mácula que significa para un país poner como derecho constitucional el aborto, que insisten es un crimen, que podrá tener atenuantes, pero sigue siendo la muerte de un ser inocente distinto de la madre y no un apéndice de esta. Llama la atención que el padre de la guagua no tenga derecho a decir una palabra en una acción de esta envergadura y que le compete. Otro tanto, ocurre con la propuesta de una muerte digna. Pareciera en principio ser una iniciativa de gran sensibilidad, y no, como lo ha mencionado tantas veces el Papa Francisco, otra cara de la cultura del descarte. Adelantar la muerte -del que con criterios humanos- ya no sirve. Es decir, usurpando la potestad de Dios al cual se niega o desconoce. De estas concepciones se elabora un nuevo concepto de familia, uno tan nuevo, que se le pueda adjudicar este título a cualquier organización dependiendo del empeño que pongan los involucrados. Esta misma confusión se arrastra a la educación de los hijos, donde el Estado pasa a tener un rol fundamental.

La educación sexo afectiva a que alude la constitución, sin especificar bordes, pareciera corresponder precisamente a aquella que impide formar familias estables. La sociedad tiene que reaccionar frente a una cultura permisiva que termina en la soledad y abandono de miles de jóvenes.  Deserción escolar, drogas, delincuencia. Estos jóvenes que llevan décadas asimilando por anticipado el contenido de la propuesta constitucional. 

Finalmente, la Iglesia devuelve su esperanza en las personas, y en este contexto reitera la importancia del principio de subsidiaridad. Este principio impele a las personas a desarrollarse y a enfrentar la vida, a crecer, cabría agregar siempre confiando en la cercanía de Dios. La propuesta constitucional, anacrónico y desfazada, vuelve al estado como recurso ya no de última instancia sino de primera. Cómo lo que se propone no funciona hay que colocar una puerta adonde todos podamos ir a golpear. Sin embargo, en una sociedad disfuncional, el estado no tiene recursos para socorrer a nadie y dado su tamaño se transforma en una entidad proclive a la corrupción.  Quiero recomendar la lectura de este documento, en un espacio que efectivamente se pueda calibrar su profundidad. Todo esto por el bien de Chile y su pueblo que somos todos. 
 

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