Opinión

In prendere, o el motor del desarrollo humano

El emprendedor apareció, creció y se posicionó. Es el trabajador creativo el que aporta también con innovación. Puede ser un visionario o un idealista. Puede conquistar el mundo o cambiar el comportamiento de personas y/o mercados.

In prendere, o el motor del desarrollo humano
In prendere, o el motor del desarrollo humano
Por:  Vania Varetto

Las expediciones de principios del siglo XVI vieron surgir por primera vez al entrepreneur, cuya definición apareció formalmente durante el Siglo de las Luces en Francia. Asimismo, en 1732 el Diccionario de las Autoridades de la Real Academia Española definió al emprendedor como la persona que “se determina a hacer y ejecutar con resolución y empeño alguna operación considerable y ardua”.

El entrepreneur era el encargado de ejecutar una obra arquitectónica bajo los parámetros de la Academia. Era el titiritero que montaba una puesta en escena en su propio teatro. El gestor de proyecto. ¿Qué tenían en común todos ellos? La inversión de capital propio, el riesgo de asumir las ganancias de una empresa novedosa… pero también la posibilidad de irse a la quiebra.

Así fue consolidándose este personaje autónomo, alguien del entramado social que ofrecía una propuesta distinta, innovadora y riesgosa. Su obra era su fuente de riqueza. Apareció en toda Europa y pocas décadas después en América Latina.

Hoy, el emprendimiento en etapa inicial (menos de 42 meses de existencia) se consolida fuerte con un crecimiento del 25% en Chile, en tanto un 50% de las personas que no tienen un emprendimiento manifiestan la intención de emprender. Es decir, nuestro país se consolida como una de las naciones más emprendedoras del mundo. Sin embargo, esta forma de trabajo sigue generando temor producto del riesgo que, hasta hoy, es una de sus características centrales.

De allí la importancia de relevar este modo de generar riqueza, que puede reconciliarnos con el paradigma del trabajo por la subsistencia, asignándole otros compromisos sociales e individuales relacionados con el desarrollo económico y colectivo.

El emprendimiento hoy es un intangible que se verá moldeado por la digitalización. Tenemos programas, ciertamente: StartUp, ScaleUp de Corfo, capital semilla e innovación social han permitido incorporar la cultura del emprendimiento como un factor predominante del empleo por cuenta propia, pero no es suficiente. La inversión
subsidiaria no es el futuro, si bien puede ser rentable a corto plazo.

Chile requiere cambiar su mentalidad, crear liderazgo y un entorno de riesgo positivo que nos permita crecer de manera acelerada. La apuesta de UDD Ventures y otros fondos de inversión Angel se perfilan como futuros enclaves para el crecimiento de la economía emprendedora.

Estamos atrás en procesos de digitalización, las economías del futuro que sustentarán la producción de empleos, el crecimiento del PIB y el desarrollo social. El emprendedor apareció, creció y se posicionó. Es el trabajador creativo el que aporta también con innovación. Puede ser un visionario o un idealista. Puede conquistar el mundo o cambiar el comportamiento de personas y/o mercados (Jeff Bezos con Amazon es el modelo ideal, inalcanzable, pero epítome del emprendedor).

Sin embargo, y a pesar de todo lo anterior, la mayoría de las veces el emprendedor será alguien como cualquiera, que con esfuerzo y apoyo real, pondrá a disposición del colectivo su capital creativo y su trabajo. Porque finalmente, el origen latino del entrepreneur, in prendere, no significa otra cosa que “acometer”, “iniciar una obra”, “tomar”. Allí, en lo complejo del proceso de apropiación y escalamiento de nuevas ideas y formas de prosperar, está el verdadero desafío del desarrollo humano.

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