Opinión

Izkia Siches (2020-2022)

El presidente Boric decidió poner fin —de momento— a tu carrera política, Izkia. Merecías salir, pero no más que Jackson, Urrejola, Grau y Ahumada. 

Algunos dicen que el cargo no te acompañó, que el Ministerio del Interior es una moledora de carne, que es un lastre para cualquier político. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Algunos dicen que el cargo no te acompañó, que el Ministerio del Interior es una moledora de carne, que es un lastre para cualquier político. AGENCIA UNO/ARCHIVO

Nos dejaste un 6 de septiembre, vestida de blanco, pero con una pena negra que no quisiste ocultar. Caíste en los brazos del presidente, esos mismos que levantabas en marzo a bordo del Ford Galaxie que nos regaló la reina Isabel II de Inglaterra en 1968. Hasta la mismísima monarca del Reino Unido todavía estaba en el reino de los vivos para ver cómo dejaste el reino de los otros “vivos”, los políticos. Rilke decía que la gloria no era más «que la suma de todos los malentendidos que se forman alrededor de un hombre nuevo» y la estela de tu fama se fue apagando en la medida en que te empezamos a conocer.

Algunos dicen que el cargo no te acompañó, que el Ministerio del Interior es una moledora de carne, que es un lastre para cualquier político. Pero esto último solo es verdad cuando los políticos se vuelven un lastre para nosotros, cuando son incapaces de asumir una de las funciones por las que tiene sentido vivir en comunidad y estar sometidos a un Estado: la seguridad interior. Un político que no es capaz de asumir el Ministerio del Interior o que asume dicho cargo a regañadientes, es un pancista que quiere llevar la fama sin cardar la lana, un tipo que no vale para el servicio público.

Siempre fuiste tan tú, y tarde te avisaron que ya no se podía ser así. A deshora te enteraste de que la retórica revolucionaria era incompatible con tu cargo de ministra. Cómo nadie te aviso que los territorios tienen nombres reconocidos por la ley —i.e. Región de la Araucanía, no Wallmapu—, la misma que definía tu sueldo que cobrabas mes a mes de modo apegado a la literalidad de la norma. No vale la pena compilar el sinfín de chambonadas que perpetraste en calidad de segunda a bordo del Gobierno. De seguro Camila Vallejo te llamó muchas veces para decirte que la culpa era tuya, pero no, Izkia, la culpa siempre fue nuestra.

Descargo las culpas en todos porque si en un momento estuviste tan arriba es por culpa de quienes te encumbraron y de quienes no lo pudimos impedir. Recuerdo cuando Carlos Peña (¿queriendo poner un sello de origen, quizás?) se refirió a ti como «la inteligente Izkia Siches». No fueron pocos los que creyeron que serías presidenta de la República. Pero si antes aplaudían tu desatino, era solo porque en 2020 eras funcional a los anti-Piñera y en 2021 a los anti-Kast. Llegó el 2022 y los “anti” se tuvieron que convertir en “pro” y llevan meses sin hallarse todavía.

Pero este obituario político es también para darte esperanza. Solo hay muertes políticas definitivas cuando la Parca nos viene a buscar. La política da muchas revanchas, Mira por ejemplo a quien te sucedió. Luego de su desastrosa administración en la Municipalidad de Santiago y tras perder su reelección contra un concejal que no conocía nadie, Tohá se guardó durante seis años y ahora la venden como si fuera Margaret Thatcher. Pero la verdadera dama de hierro dejó el 10 de Downing Street sin un juicio de cuentas pendiente.

El presidente Boric decidió poner fin —de momento— a tu carrera política, Izkia. Merecías salir, pero no más que Jackson, Urrejola, Grau y Ahumada. No son pocos los que dicen que tuviste mala suerte, pero no debes olvidarte de esta gran verdad escrita por Séneca: «la suerte no arrebata más que lo que ha dado».
 

Juan Lagos

Investigador de la Fundación para el Progreso.+ info

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