Opinión

Izquierda y derecha: una distinción paralizante

Distinguir entre personas de derecha o de izquierda me parece de un primitivismo creciente, dado el aumento exponencial de la complejidad del mundo. 

Creo que esta distinción nos tiene entrampados en una lógica del SXX que ya no tiene la capacidad de mirar el mundo como ahora es, ni menos adaptarse a sus nuevas realidades.  AGENCIA UNO/ARCHIVO
Creo que esta distinción nos tiene entrampados en una lógica del SXX que ya no tiene la capacidad de mirar el mundo como ahora es, ni menos adaptarse a sus nuevas realidades. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Por:  Jaime Undurraga M.

Creo que uno de nuestros grandes males en el mundo de la política, es la añeja distinción entre Derecha e Izquierda. Distinguir entre personas de derecha o de izquierda me parece de un primitivismo creciente, dado el aumento exponencial de la complejidad del mundo. 

“No me gusta la Constitución que proponen pero votaré apruebo igual porque no puedo votar por la Derecha”. “Estoy de acuerdo con algunas cosas que proponen pero igual votaré rechazo para echar todos los zurdos para la casa”. Son comentarios que todos hemos escuchado o participado últimamente en Chile. Pareciera ser que en el mundo de la política no existiera ninguna posibilidad de mirar los problemas desde perspectivas más anchas; de aceptar que el mundo es mucho más complejo que una simple distinción entre buenos y malos; que los que no comulgan con dicha postura son unos irresolutos, o tontos útiles, o insensibles a las realidades ante nuestros ojos. Cuando a lo anterior le sumamos la Arrogancia, la combinación es aún más inútil y fuente de errores garrafales de comprensión de los contextos en que nos toca actuar. Porque la Arrogancia nos hace creer firmemente que el mundo es como lo pensamos y no como realmente es.

Esta distinción entre Izquierda y Derecha es la manifestación clara de lo que llamo “Los Tiempos de
Guerra”. Donde el Bien y el Mal se reduce a Nosotros o Ellos; donde en el tiempo presente se juega el todo o nada; cuando creemos que los dioses y la Historia están de nuestro lado y en contra de nuestros oponentes; donde, si llegamos a ganar, el mundo será un paraíso versus el Infierno si ganan los otros.

Al contrario, los tiempos que nos toca vivir demuestran que están llenos de matices; que su complejidad requiere una mirada mucho más ancha y comprensiva; que el llamado Bien Común tiene que ser realmente definido comúnmente en sus partes fundamentales; cuando se entiende que los problemas y sus soluciones van cambiando rápidamente con los tiempos y requieren de una creciente capacidad de adaptación; cuando se comprende que los seres humanos evolucionan por lo general y es posible distinguir en política entre una evolución normal de una meramente táctica.
Ejemplos al respecto tenemos varios en Chile. Estos tiempos requieren de nuevas categorías de análisis, más finas y diversas. Además, la distinción binaria siempre dependerá en qué lugar del espectro político estamos.

Las lecturas del mundo que deberíamos hacer regularmente son muy distintas en tiempos de guerra que en tiempos de paz. Y hoy día en Chile, sin duda que estamos en tiempos de guerra. Nos llenamos de slogans sin contenido pero con efectos concretos en aumentar esta división entre buenos y malos; en esta visión binaria de la realidad. Pese a que una inmensa mayoría en Chile le ha dicho al mundo político que ésta pareciera ser distinta de la lectura que ellos hacen de dicho mundo.

Ya sabemos que el Mercado no es un mecanismo eficiente para solucionar varios problemas, como por ejemplo la contaminación ambiental. Pero también sabemos que el Estado no siempre asigna los recursos mejor que el Mercado. Todos sabemos las ineficiencias que presenta, los recursos que se gastan en malos programas y la captura que de él hacen grupos políticos de turno. Por lo tanto, frente a esta realidad ¿Yo sería de Derecha o de Izquierda? Esta distinción básica realmente constituye una manera simplista, restrictiva e ineficiente de mirar el mundo y, sobre todo, una visión superada permanentemente por los acontecimientos. Una mirada que no reconoce la complejidad reciente del contexto que nos rodea ni la volatilidad del mismo. En fin, una manera limitada y limitante de desenvolvernos en el mundo actual, pero desgraciadamente con consecuencia para muchos por esta visión bipolar de unos pocos.

Tampoco se trata de pecar de ingenuos y se requiere reconocer las posiciones “moderadas” pero simplemente cosméticas, no de fondo. Sabemos que estos grupos existen en ambos costados del espectro político y poco les importa la buena fe. Sólo el Poder importa. Son los ideologismos fanáticos. Pero el grueso creo que no piensa así. Una de las señales que – a mi juicio - dio el resultado del Plebiscito del 4 de Septiembre apunta en ese sentido. Seguir dividiendo al País entre Izquierda y Derecha me parece una razón más para explicarse el desprestigio de la política y de los
políticos. Mantienen las lógicas políticas de hace 50 o 60 años atrás asumiendo que nadie ha cambiado ni evolucionado. Seguir con la mirada estrecha que da la mantención de estas posturas extremas y simplistas entre Izquierda y derecha, no lleva a mantener este espíritu de Tiempos de Guerra que tan mal le hace al País y tan cansado tiene al grueso de la población.

Creo que esta distinción nos tiene entrampados en una lógica del SXX que ya no tiene la capacidad de mirar el mundo como ahora es, ni menos adaptarse a sus nuevas realidades. No se trata de pensar todos igual sino de aprender a valorar lo que el otro piensa, antes de “encasillarlo” categórica e integralmente en un bando o el otro.

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