Opinión

La ciudad de los encerrados

La ciudad de los encerrados no es la solución a la delincuencia, es justamente todo lo contrario. Recuperar y revivir los espacios públicos, generando múltiples estrategias para que surjan más, es la clave para disminuir brechas en los diferentes territorios, apostando que sean lugares de encuentro e inclusión.

Este 17 de enero se firmó la promulgación de la Ley de Cierre de calles y pasajes. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Este 17 de enero se firmó la promulgación de la Ley de Cierre de calles y pasajes. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Por:  Claudia Rodríguez

Este lunes el presidente Sebastián Piñera promulgó la Ley de Cierre de Calles, justificando la necesidad de aumentar la seguridad en los barrios tomados por la delincuencia y así reducir los portonazos, encerronas y balaceras.

Debemos comprender que los espacios públicos, entendidos como todos aquellos territorios de las ciudades donde las personas pueden transitar libremente y ser usados para la recreación o expresión artística, deportiva y cultural, son claves y relevantes para el desarrollo colectivo, para la vida en comunidad, para la salud física y mental, entre otros.

Las grandes urbes han ido creciendo en población, generando un boom de nuevas edificaciones o construcciones que ocasionan precisamente la reducción de estos espacios libres y comunitarios destinados para la recreación de las personas y sus desplazamientos, repercutiendo en la calidad de vida de todos los habitantes de la ciudad.  

Para regular el uso del espacio público, la Ley N° 20.958, plantea que todos los proyectos de construcción en los que van a habitar personas contribuyan en la conformación de ciudades equilibradas, en las cuales no solo los recintos privados sean los adecuados (casas, edificios, centros comerciales), sino también que los espacios y entornos públicos sigan siendo lugares en expansión donde ocurre gran parte de la vida de las personas.  

Sabemos que existe una real necesidad de las personas por contar con diversos espacios públicos que promuevan actividades saludables, comunitarias y al aire libre. Pero, ¿esto se logra cerrando calles o barrios?

Tal como lo indica Francesco Tonucci, autor de la “Ciudad de los niñ@s”, antes teníamos miedo ir al bosque por su oscuridad o la idea de perderse en las sombras de los árboles, por eso nos sentíamos más seguros en las casas, calles o ciudades, con muchas áreas verdes y espacios para jugar a la pelota, al pillarse o a las escondidas, pero sin sentir miedo.

Hoy tenemos mucho miedo a la ciudad y a esta transformación sin control de ellas, donde se ha descubierto el valor comercial del espacio público alterando todos los conceptos de equilibrio, bienestar, salud y convivencia. La ciudad ha ido perdiendo su vida y se ha convertido en el bosque de los cuentos que tanto nos asustaba.

Por eso, la ciudad de los encerrados no es la solución a la delincuencia, es justamente todo lo contrario. Recuperar y revivir los espacios públicos, generando múltiples estrategias para que surjan más, es la clave para disminuir brechas en los diferentes territorios, apostando que sean lugares de encuentro, intercambio e inclusión para todas y todos. 
 

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