Opinión

La derrota de la superioridad moral y la desconexión con la realidad

La gran pregunta es si estarán a la altura de la nueva oportunidad que chilenos y chilenas están otorgándoles para hacer una nueva constitución que logre unir a la mayoría de nuestros compatriotas en un proyecto común.

La derrota de la superioridad moral y la desconexión con la realidad

Inimaginable que el clima de polarización en que se dio el Plebiscito, triunfara la profunda vocación democrática de nuestro pueblo. 


La dignidad con que la gente fue a votar, el rol de vocales de mesa y apoderados, la rapidez de los cómputos, el comportamiento del Servel, la ausencia de conflictos durante el día, nos mostró el rostro de un Chile profundo que cree en las instituciones y sabe que puede cambiar la historia con su voto. 

Nadie previó una derrota tan contundente del texto constitucional propuesto por la Convención. Los que quieran aferrarse a atribuir el triunfo del Rechazo a campañas millonarias de la derecha, a que la gente no entendió el mensaje liberador del texto propuesto por los convencionales, demuestran un desprecio por 13 millones de personas que dieron su opinión libremente.  

Es que la arrogancia les jugó una mala pasada. 

Intentaron convencer de que había un solo camino y no era así.  La gente mayoritariamente sintió que la oferta era rupturista, germen de nuevos conflictos y divisiones. El espíritu predominante de los partidarios del apruebo fue: “Nosotros defendemos el bien, el cambio, la justicia, el medio ambiente, los derechos de las mujeres y un largo listado de derechos. Los que no están con nosotros defienden sus intereses, la continuidad de la Constitución de Pinochet, tienen temor al cambio, mienten o no entienden lo que les estamos ofreciendo”. 

Cualquier divergencia era respondida con una descalificación. Había que tener coraje para oponerse a “la verdad” que nos ofrecían. Lo más suave es que eran fake news o interpretaciones mañosas. 
 

La gran lección es que la intolerancia, las agresiones, las quemas de banderas, el estilo soez aceptado como algo natural, la idea de que la historia comienza ahora, generaron una sensación de división y violencia que cansó a la mayoría. Fue el fin del octubrismo que aún algunos celebran y el retorno a la demanda de cambios con paz y seguridad. Sí, los cambios urgentes y postergados en un contexto en que Chile ha vivido una crisis tan grave. Pero esos cambios deben darse dentro de un orden democrático y buscando la mayor unidad posible . 
 

El mensaje es claro para quienes ejercen el poder. 
 

La gran pregunta es si estarán a la altura de la nueva oportunidad que chilenos y chilenas están otorgándoles para hacer una nueva constitución que logre unir a la mayoría de nuestros compatriotas en un proyecto común.


Las palabras del Presidente fueron esperanzadoras. Pero ello no basta. Son intenciones que deberán materializarse sobre todo en la búsqueda de un nuevo tono y estilo de gobernar, reconociendo que la historia no comienza con ellos. 


Los millones de chilenos que rechazaron la propuesta quieren que se reconozca su historia, sus esfuerzos, sus avances, sus necesidades. Esas que muchos políticos quisieron sustituir, sin lograrlo, desde una profunda desconexión con la realidad. ¿Hay algo más significativo de cómo votaron las comunas con más alta población indígena? Chile es más que la suma de diferentes identidades, es más que las abstracciones intelectuales que tienen en la mente un país imaginario. Hoy se dijo con claridad: mírennos. 

Aquí estamos esperando que se pongan de acuerdo, desterrando las odiosidades y construyendo entre todos. 
 

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