Opinión

La educación, siempre la educación

Creo que un estado eficiente en ese sentido sería aquél que anteponga la creación de pedagogos preparados  y un sistema diferencial de los foros de enseñanza que permita a cada alumno estudiar según sus capacidades. 

El educador allí es el más apreciado y prestigioso, el mejor remunerado y, al mismo tiempo el menos ostentoso y más humilde servidor de la humanidad. AGENCIA UNO/ARCHIVO
El educador allí es el más apreciado y prestigioso, el mejor remunerado y, al mismo tiempo el menos ostentoso y más humilde servidor de la humanidad. AGENCIA UNO/ARCHIVO

Uno de los temas más discutidos – si no el más controvertido e importante – es la educación en Chile. En el tapete hay varios temas pero, por ahora, ninguna propuesta que realmente apunte a una solución y satisfaga a las ideas de distintos sectores. Los más debatidos son: la gratuidad (que depende de los recursos disponibles); si debe ser público, privado o mixto (que depende de las ideas políticas de sus valedores); su calidad (que está supeditado a la categoría de los educadores y la selección del temario).

Es evidente que la más importante es la tercera condición: la calidad. Lamentablemente, en Chile desde los extremos de derecha e izquierda y pasando por todas las ideologías intermedias, se discute mucho sobre las otras dos condiciones pero nunca sobre ésta. Será porque legislar de éstas es más fácil o más posible que crear un alto nivel en la enseñanza, partiendo de la infancia hasta la universidad y para ello primero se debe crear toda una generación de educadores preparados, cultos y – ojalá – poco idealizados, cosa que con mucha suerte y voluntad general en sí toma mínimo – valga la redundancia - una generación y, segundo, cómo concordar la superación de las diferencias, tanto sociales como innatas, entre los educandos.

Creo que un estado eficiente en ese sentido sería aquél que anteponga la creación de pedagogos preparados  y un sistema diferencial de los foros de enseñanza que permita a cada alumno estudiar según sus capacidades. Y no hablo de una meritocracia; hablo de la innegable disparidad que hay entre cada individuo, hablo de darle la oportunidad, la educación diferenciada que encauce su futuro de la mejor manera que sus aptitudes e inteligencia congénitas permitan.

Si realmente se podría lograr la creación de educadores de calidad, el resto no solo dependería de los recursos económicos del país sino también de la capacidad del Estado a prescindir influencias ideológicas (…parece al proceso de la tan anhelada Constitución ¿cierto?…). ¿Hay capacidad política, políticos capaces de  crear una educación que permita acercarnos a través de la misma a una Chile desarrollada, independientemente del credo de quienes estén en el Gobierno? Definitivamente pocas/os o ninguna/o entre las y los que nos dirigen hoy.

Estoy convencido que estamos de acuerdo que la educación es todo, es la que nos lleva a una sociedad feliz; la educación y su derivado, la cultura posibilitan el diálogo, la tolerancia,  la comprensión; la construcción de convivencia y también el esparcimiento, la diversión; en pocas palabras: la bonanza de la sociedad. La buena enseñanza crea al emprendedor, a la innovación, al progreso. Países con mucho menos recursos y menores territorios que Chile pero con excelencia educacional constituyen los más felices del mundo: Finlandia, Países Bajos, Israel, Corea del Sur, Nueva Zelanda, Noruega etc.; ellos deberían servirnos de ejemplo. El educador allí es el más apreciado y prestigioso, el mejor remunerado y, al mismo tiempo el menos ostentoso y más humilde servidor de la humanidad.  
 

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