Opinión

La libertad responsable

La libertad responsable exige de un modelo socialista que haga pareja la cancha y equilibre oportunidades, y de un modelo de libertad económica individual que genere despegue y crecimiento, lo que significa volver a Schumpeter y a Keynes, con toques de Marx y Hegel.

"No se puede ser libre sin equidad en las oportunidades, en términos de salud, de educación, de seguridad". AGENCIA UNO/ARCHIVO
"No se puede ser libre sin equidad en las oportunidades, en términos de salud, de educación, de seguridad". AGENCIA UNO/ARCHIVO
Por:  Guillermo Bilancio

Los ejes del discurso político que las dos ideologías antagónicas intentan apropiarse, obviamente con dimensiones e intenciones diferentes, son sin duda la paz y el bienestar (sea éste individual o colectivo) apoyados en el concepto de libertad.

Sabemos cuánto se ha distorsionado la etimología de la palabra libertad por parte de quienes buscan hacerse dueños de un término del que resulta imposible dar una definición única y absoluta. El capitalismo y el socialismo, junto a los populismos que los representan, han fracasado en la práctica de la libertad en el mundo real y han debido acudir a mundos inventados. Y esto es así porque la libertad es una utopía, o tal vez una distopía.

“La libertad es poder decir libremente que dos y dos son cuatro. Si se concede esto, todo lo demás vendrá por sí solo”. Esta cita,  que pertenece a la novela “1984” de George Orwell, refleja lo que hoy podemos plantear como idea de libertad. El mismo capitalismo expansivo sostenido en el libre albedrío económico y en el individualismo, ha generado restricciones a la libertad de quienes no acceden a esa expansión. La pobreza es, en este caso, la resultante de la falta de libertad. Y los modelos extremos de izquierdas revolucionarias intentan cuidar a la sociedad imponiendo restricciones a la individualidad en nombre de una “liberación” colectiva respecto a las poderosas fuerzas del capital. Otro círculo incesante de pobreza.

Nadie quiere vivir en un país que explota y abusa de su gente. Pero si el ciudadano tiene la sensación de que todo va bien, de que su vida no es diferente a la del resto y su país es el mal menor, entonces, eso supone un espacio de libertad, lo que eso no es cierto, porque con la evolución económica y tecnológica, un pobre es hoy un diferente respecto al que más tiene acceso a esa evolución. La desigualdad frente al cambio como eje de la falta de libertad sucede en ambos lados ideológicos.

El miedo puede utilizarse de muchas formas para plantear la libertad. No hay que amenazar ni extorsionar al ciudadano. A veces basta con generarle sensación de inseguridad, lo que hace que la gente renuncie a muchas comodidades solo por el hecho de sentirse un poco más protegido. El miedo vende. En el capitalismo y en el socialismo.

Otro tema asociado a la libertad es la esperanza de que algún día algo cambiará en la vida de las personas, una propuesta política siempre inconclusa y que se manifesta como un arma perfecta contra las mentes más disruptivas, que tienen claro que la esperanza es una elemento de control del rebaño.

En tal sentido, quienes juegan un rol determinante en generar la esperanza de libertad desde un punto de vista de un lado u otro de la ideología, son los medios de comunicación. Unos comprados por intereses que hacen que la gente común no tenga acceso a la información sino a posibles mentiras verdaderas, y otros dominados centralizadamente para plantear al ciudadano común que debe cuidarse de una diversidad que lo confunde. Existe la libertad de informarnos pero, ¿desde qué lugar? ¿Cómo distinguir entre la verdad y la mentira?

Los dos lados predominantes del pensamiento político, exacerbados en esta era por populismos “de izquierda” o “de derecha”, han tratado de disfrazar la idea de libertad. Y en realidad, no somos libres, sino que la libertad se plantea como una cuestión de responsabilidad que tiene el individuo y no quien lo gobierna transitoriamente.

Y, desde ese lugar, aparece una tercera vía o dimensión, que no es el “centro”, sino una integración moderada sostenida en el pragmatismo. Una libertad en un mundo real y no inventado.

En esta tercera vía, la palabra Libertad no aparece en solitario, sino acompañada de una palabra determinante: responsable.
Cuando el presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, definió el concepto de “libertad responsable”, no lo hizo solo como argumento para el manejo de la pandemia en la que asignó responsabiliades de cuidado a la población sin imponer desde su gobierno confinamiento alguno, sino que lo planteó como un eje central de su gobierno. El presidente Lacalle planteó la libertad responsable como el resultado de la interacción entre la política, el gobierno, la ciudadanía, los poderes económicos y las fuerzas vivas que deben mantener un equilibrio.

La libertad responsable exige de un modelo “socialista” que haga pareja la cancha y equilibre oportunidades, y de un modelo de libertad económica individual que genere despegue y crecimiento, lo que significa volver a Schumpeter y a Keynes, con toques de Marx y Hegel.

No se puede ser libre sin equidad en las oportunidades, en términos de salud, de educación, de seguridad. No se puede ser libre si un Estado se ocupa de minimizar la satisfacción individual generando la insatisfacción del total. Y no se puede ser libre si un capitalismo salvaje deja librado al individuo a la supervivencia del más apto. Entonces, hay responsabilidades compartidas, una práctica de la integración: la práctica de la política.

Pensemos en términos de libertad, pero esa libertad tiene el límite de nuestra interacción con el mundo, con los actores relevantes de nuestro país, con las expectativas y libertades de nuestro vecino en el barrio. Somos libres si sabemos cumplir nuestro rol de vivir en conexión, porque la convivencia es la libertad responsable.

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