Opinión

La marea de la ultraderecha en Europa

La situación de crisis económica y de seguridad en la cual se ha adentrado Europa, podría favorecer el fortalecimiento de estos partidos y su acceso al poder. 

Las primeras víctimas del auge de la extrema derecha han sido los partidos conservadores tradicionales, que siempre habían sido los partidos dominantes en la derecha y de pronto les surge competencia por ese extremo.
Las primeras víctimas del auge de la extrema derecha han sido los partidos conservadores tradicionales, que siempre habían sido los partidos dominantes en la derecha y de pronto les surge competencia por ese extremo.

En un contexto polarizado globalmente, los extremos del espectro político se potencian. Las “verdades” se vuelven absolutas y las propuestas de soluciones radicales. Evidentemente esto no es igual en todas partes, pero hay similitudes y son procesos que conviene observar, muchas veces correspondientes a pugnas culturales con raíces en un pasado que se puede remontar un largo lapso. Es que las semillas de la Historia pueden desarrollar raíces profundas que esperan el momento oportuno para germinar a la superficie.

Aunque el fenómeno del surgimiento y consolidación de la extrema derecha es transversal mundialmente (con sus características locales), revisaremos lo que está aconteciendo en Europa, por ser una región con la cual compartimos más elementos del sistema y cultura política.

El fin de semana pasado, hubo elecciones generales en Suecia y el resultado fue un terremoto político. El partido ultraderechista Demócratas de Suecia obtuvo 20,5% de la votación, siendo la primera mayoría en el bloque de la centro derecha y el segundo partido más votado tras los socialdemócratas. Es un resultado espectacular para una formación que obtuvo sus primeros escaños parlamentarios recién en el 2010 y cuyos orígenes se remontan a 1988, con diversos grupos nacionalistas y euroescépticos, incluyendo nazis y fascistas.

La receta del éxito se debe a su líder Jimmie Akesson, actualmente de 43 años, el que ha reformulado la simbología del partido cambiando la antorcha por una flor y ha impreso un estilo menos estridente y más dialogante, sin abandonar sus banderas históricas, entre las que se encuentra su oposición a la inmigración. Su plataforma en estas elecciones fue “Suecia primero” y “Hagamos que Suecia sea buena nuevamente”.

La alta votación obtenida se debe en buena medida al incremento de la delincuencia violenta, incluyendo a bandas y pandillas con un fuerte componente de inmigrantes, lo que ha tenido bastante desbordada a la policía sueca en los últimos meses y que casi hizo caer al gobierno socialdemócrata anterior. Este factor fue muy utilizado en la campaña, dando la razón a los argumentos de los demócratas de Suecia que propuso expulsar a los inmigrantes que delinquen, cerrar las fronteras al mínimo para más extranjeros, incluyendo la prohibición de reunión familiar para quienes ya están en el país, alegando que Suecia ya ha absorbido a más migrantes per cápita que cualquier país de la UE y que su tejido social no resiste más ingresos.

El bloque de centro derecha obtuvo 176 escaños frente a 173 de la centro izquierda (en un parlamento de 349 curules), por lo que formará un nuevo gobierno ante la dimisión por la derrota, de la primera ministra socialdemócrata Magdalena Andersson. En principio los otros partidos del bloque triunfador no quieren a los demócratas de Suecia en el gobierno, pero, aunque así suceda, no podrán gobernar sin el apoyo de este partido, por lo que es altamente probable que se incorporen algunas de sus demandas en la agenda, como sería el tema migratorio.

Esta histórica victoria de la ultraderecha sueca, cuyos efectos concretos están por verse, constituye una inyección de optimismo para el partido los Hermanos de Italia, que se posiciona como el probable vencedor de las elecciones generales del 25 de septiembre, con un 45% de intención de voto en su coalición (este partido encabeza el ranking con un 27%). De ocurrir aquello, su líder Giorgia Meloni, de 45 años, sería la primera mujer en encabezar el gobierno italiano en su historia republicana.

Los Hermanos de Italia es un partido heredero del fascismo, que al igual que en Suecia, su líder actual Meloni, se ha empeñado en remozar y separar de su pasado, definiéndose como de derecha, pero sin elementos fascistas, los que quedaron enterrados. Su agenda tiene también como elemento central la inmigración, pero incluye otros como la lucha contra la mafia y el crimen organizado y se pronuncia a favor de la alianza con EEUU en materia de seguridad y de apoyo a Ucrania como Unión Europea.

De llegar al poder, como lo anticipan las encuestas, se verá si realmente prima una agenda de objetivos más transversales como los ha planteado en su campaña, o afloran las prioridades nacionalistas, considerando además que dependerá de su alianza con la Liga de Matteo Salvini  y Fuerza Italia de Silvio Berlusconi, ambos con credenciales en el sector.

Si miramos la Unión Europea actual, la derecha extrema controla o tiene incidencia relevante en el gobierno de tres países: Hungría, Polonia, Suecia. A estos se sumaría Italia, de cumplirse el pronóstico electoral. En el caso de los dos primeros, la Unión Europea considera que se ha producido una peligrosa erosión de la democracia, lo que ha implicado sanciones del bloque contra esos gobiernos y mantiene una fuerte tensión con ellos, con una tregua temporal por la guerra en Ucrania y la consecuente necesidad de mantener un frente unido ante Rusia.

En Francia, el partido de extrema derecha Agrupación Nacional liderado por Marine Le Pen obtuvo 89 escaños en las elecciones generales de junio pasado (pasando de 7 en la anterior legislatura), además de haber tenido a Le Pen en la segunda vuelta presidencial contra Macron. En el 2017, Macron sacó el 66% frente al 34% de Le Pen, mientras que en esta oportunidad el resultado fue 59% contra 41%, acortándose la distancia entre ambos candidatos. Si miramos con más perspectiva, es impresionante la progresión que ha tenido la ultraderecha. En 2002, Jean Marie Le Pen, padre de Marine y fundador del partido Frente Nacional (al que Marine posteriormente cambió de nombre) sacó 16,86% y pasó a segunda vuelta contra Jacques Chirac, siendo derrotado estrepitosamente. En las elecciones presidenciales de 2012, su hija Marine obtuvo 17,9%, y en 2017 y 2021 los porcentajes ya señalados, pasando a segunda vuelta. En diez años, Marine Le Pen ha tenido un alza de más de 23 puntos, lo que la deja en una expectante posición para los comicios del 2027.

En España, el partido Vox ha ido tomando un segundo lugar en la derecha, después del Partido Popular y en las elecciones de 2019 se constituyó en el tercer partido con más escaños, con 52, tras 89 del PP y 120 del PSOE. Su influencia en las regiones también se ha hecho sentir.

En Alemania, el partido Alternativa por Alemania hace rato que está rondando el poder, sin éxito hasta ahora por un “cordón sanitario” que le han impuesto los otros partidos a nivel federal, aunque en el área estadual ha ido adquiriendo poder. En las elecciones federales de 2021 obtuvo 10,3% de los votos y 92 escaños, quedando como la quinta fuerza política (pasando de la tercera en las elecciones anteriores).

Reino Unido es el único país de los grandes de Europa donde la extrema derecha es inexistente o no tiene representación parlamentaria. Otros más pequeños como Irlanda, Luxemburgo e Islandia, viven una situación similar.

Aparte de lo reseñado respecto de la inmigración, ¿qué elementos comunes tienen estas fuerzas? Los expertos señalan que son tres principales: nativismo, autoritarismo y populismo.

Nativismo definido como ideología que sostiene que los Estados tienen que estar habitados exclusivamente por miembros del grupo nativo y que elementos no nativos (personas e ideas) amenazan el Estado nación homogéneo. Incluye una combinación de nacionalismo y xenofobia. Autoritarismo como la creencia en una sociedad rigurosamente ordenada en el que las violaciones a la autoridad se castiguen severamente. Según esta interpretación, incluye ley y orden y moralismo convencional punitivo, pero no implica necesariamente una actitud antidemocrática. Por último, el populismo entendido como ideología que considera que la sociedad se divide en dos grupos homogéneos y antagónicos, ‘el pueblo puro’ frente a la ‘élite corrupta’ y que sostiene que la política debe ser una expresión de la voluntad general del pueblo. En la democracia populista, nada es más importante que la ‘voluntad general del pueblo’, ni siquiera los derechos humanos o las garantías constitucionales.

De acuerdo con entidades que siguen el tema en Europa, el voto a la derecha radical en 2004 era del 5% y en 2019 pasó al 15%.

Las primeras víctimas del auge de la extrema derecha han sido los partidos conservadores tradicionales, que siempre habían sido los partidos dominantes en la derecha y de pronto les surge competencia por ese extremo.

La tendencia impuesta por estos partidos es a ser favorable al sistema de bienestar y al intervencionismo estatal para asegurar que la población nativa reciba prioridad en el mercado de trabajo, vivienda, sanidad y bienestar.

La xenofobia y el sistema de bienestar chovinista han sido normalizados. Incluso partidos socialdemócratas a la izquierda lo promueven. Un ejemplo de ello es Dinamarca, el que fuera el país más tolerante de Europa tiene una primera ministra socialdemócrata y populista que ha renunciado a sus obligaciones internacionales para devolver a solicitantes de asilo a Siria. También acordaron quitar a los refugiados sus pertenencias para contribuir al coste de su estancia.

La situación de crisis económica y de seguridad en la cual se ha adentrado Europa, podría favorecer el fortalecimiento de estos partidos y su acceso al poder. El resto del espectro tiene que concentrarse en estos problemas acuciantes para la población y demostrar que, tanto en el fondo como en la forma, son capaces de hacerles frentes, con la gran diferencia de que no buscarán debilitar la institucionalidad democrática ni cerrar el país al mundo.

En nuestro país y región vemos la misma dinámica en un escenario de gobiernos de izquierda. Estos deben demostrar que son capaces de enfrentar el crimen, restablecer el orden público y controlar la inmigración ilegal. Si no lo hacen, en la próxima vuelta la ultraderecha llegará al poder de la mano de esas falencias.

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