Opinión

La razón del equilibrio

En Chile la razón del equilibrio parece amenazada por posiciones antagónicas que reviven, por un lado, un sistema anacrónico y autocrático sostenido en valores que sugieren supremacías sociales y, por el otro, un sistema caótico que se supone inviable y riesgoso para conservar logros alcanzados en el pasado democrático.

Una democracia liberal con progreso social exige una parte de socialismo democrático con capitalismo expansivo, con el único propósito de progresar para generar bienestar. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Una democracia liberal con progreso social exige una parte de socialismo democrático con capitalismo expansivo, con el único propósito de progresar para generar bienestar. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Por:  Guillermo Bilancio

Más que nunca vivimos en una frontera, en un límite entre riqueza y pobreza, desarrollo y subdesarrollo, inclusión y exclusión, evolución y retraso. Quienes tengan la intención de conducir y gobernar en esta normalidad y asuman la responsabilidad y la exigencia de generar valor social, deberán manejar el delicado equilibrio entre esos límites que se manifiestan en el caos y en el orden que, según consideran algunos desprevenidos, son términos antagónicos.

Pero aquellos que pretenden disociar al caos del orden, deben darse cuenta que son conceptos complementarios que definen la esencia y las razones de la evolución. Es por eso que la política, en su rol superior de generar acuerdos de voluntades para compatibilizar ideales enfrentados debe ser, necesariamente, el factor determinante en la búsqueda del equilibrio entre caos y orden.

No se puede vivir exclusivamente del caos, en situación de tensión constante que acelera el temor a la desestabilización permantente. Pero tampoco es posible convivir con la presión del orden permanente que ata voluntades y coarta la imaginación para lo nuevo. En ambos casos, la libertad está en riesgo por descontrol irresponsable o por el control autoritario.

Así como debe equilibrarse el caos y el orden para alcanzar el progreso sustentable, la conducción política debe estar preparada para alcanzar el equilibrio entre el pasado y lo que viene. No todo tiempo pasado fue mejor, por lo que resulta un verdadero desafío mirar adelante todo lo posible, y hacia atrás solo lo necesario. El pasado no se repite si las circunstancias generadas por nuevas intenciones no se lo permiten.

La búsqueda del equilibrio es aplicable a la interacción ideológica, tal vez la única alternativa en este tiempo para promover el bienestar general de una sociedad, el que se manifiesta en maximizar la satisfacción del individuo sin afectar ni minimizar la satisfacción del colectivo socialeq

Esto implica integrar el capitalismo con cuotas de socialismo y viceversa, aunque a algunos le parezca que son posiciones irreconciliables.

Desde esta perspectiva, debemos entender que la política está sostenida en las convicciones, y no en los programas. Los programas son ofertas que se igualan y que cambian según la situación, pero las convicciones vienen de los valores. Y la política está definida desde los valores. Sin convicción no hay modelo de país. Y sin modelo los programas son intentos de acción desarticulados.

No se pueden bajar los impuestos sin crecimiento sostenido genuino, y todos debemos acordar que con los negocios tradicionales los niveles de crecimiento alcanzados en el pasado serán imposibles en el mundo por venir. Por lo tanto, hay que sostener los impuestos si se busca distribuir para que el Estado se ocupe de gestionar lo esencial, por ejemplo, salud y educación pública.

Pero más allá de lo esencial, un Estado presente, eficiente e inteligente es un verdadero facilitador de la capacidad empresarial de quienes buscan generar riqueza, proveyendo infraestructura, respetando la estabilidad institucional, integrando al país con el mundo a partir de compatibilizar culturalmente con el mundo.

Se necesita del equilibrio para disolver los límites y los obstáculos mentales que provienen de las experiencias vividas y para controlar la emoción que guía la supuesta racionalidad con la que se deciden las propuestas.

Sin innovación, creatividad y emprendimiento en libertad, no hay desarrollo económico social posible. Sin sustentabilidad no hay posibilidad de conversar con los países más avanzados. Sin equidad social no hay igualdad de oportunidades y, por lo tanto, no hay convivencia democrática sostenida. Sin diversidad, es imposible la evolución. Sin evolución no hay progreso.

Fácil de decir, pero en Chile la razón del equilibrio parece amenazada por posiciones antagónicas que reviven, por un lado, un sistema anacrónico y autocrático sostenido en valores que sugieren supremacías sociales y, por el otro, un sistema caótico que se supone inviable y riesgoso para conservar logros alcanzados en el pasado democrático.

¿Acaso los actuales candidatos, tienen la altura política para darse cuenta, la convicción para decidir un rumbo integrando ideas, la capacidad de alinear posiciones antagónicas y la aptitud de evaluar para aprender? Es dudosa la respuesta.

¿Hay solución? La única solución es la política, en un espacio de persuasión para integrar ideales de un lado y del otro, y para eso romper los dogmas preestablecidos. Pero el principal obstáculo para la solución, es el miedo que mueve lo más detestable de la negociación entre partes: la extorsión, el terror, la guerra psicológica y la guerra económica.

La solución es, en definitiva, la colaboración. Porque para conservar hay que evolucionar, y para cambiar hay que sostener lo imprescindible para seguir avanzando.

En ese sentido, una democracia liberal con progreso social exige una parte de socialismo democrático con capitalismo expansivo, con el único propósito de progresar para generar bienestar. ¿O acaso hay otro? Esa es la razón del equilibrio.

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