Opinión

La tormenta perfecta

Hace unas semanas, apareció en algunos medios que el ministro de Economía, Nicolás Grau, decía que a los chilenos no les afectaba el precio del dólar porque usábamos el peso, y claro, uno no anda con dólares en la billetera para comprar el pan.

Los invito a hacer un ejercicio, recordemos cuánto podíamos llevar en el carrito del supermercado con $50.000 pesos hace 4 años y le aseguró que hoy, con esa misma cantidad, no llena ni la mitad. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Los invito a hacer un ejercicio, recordemos cuánto podíamos llevar en el carrito del supermercado con $50.000 pesos hace 4 años y le aseguró que hoy, con esa misma cantidad, no llena ni la mitad. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Por:  Agustín Romero

El dólar a la baja, el litro de bencina que no supere lo que cuesta un pasaje del metro y la libra de cobre por sobre los US$ 4. Ese es un escenario ideal para propiciar el crecimiento del país, sin embargo, ese escenario radica en un mundo maravilloso pero inexistente en el Chile de hoy, porque a lo que nos enfrentamos es al dólar muy poco por debajo de los $1.000 pesos (tras la intervención del Banco Central) y que eventualmente volverá a subir, la bencina más allá de “luca”, avanzando a los $1.500 pesos por litro a un ritmo imparable, y el cobre patalea como puede para salir a la superficie. 

Pareciera que el precio del dólar y el cobre son temas ajenos o lejanos a los hogares de la mayoría de los chilenos, que solo al empresariado le afectan y le hacen perder algo de sus utilidades. A veces es así, pero junto con el impacto del precio de los combustibles, la magnitud de este escenario es histórico y puede desencadenar un apocalipsis en la frágil economía familiar y personal. Ahora, como si fuera poco, la llegada del vendaval de la Reforma Tributaria se suma a la incertidumbre del Plebiscito de Septiembre … Chile en una tormenta.

Hace unas semanas, apareció en algunos medios que el ministro de Economía, Nicolás Grau, decía que a los chilenos no les afectaba el precio del dólar porque usábamos el peso, y claro, uno no anda con dólares en la billetera para comprar el pan, dado que no hemos llegado a la debacle de Argentina, pero el precio de ese pan ciertamente que se ve influenciado por el precio del dólar, como también la crisis alimentaria que se ha generado por la guerra en Ucrania, etc. Que finalmente, termina por impactar en los bolsillos de todas las familias.  

Los invito a hacer un ejercicio, recordemos cuánto podíamos llevar en el carrito del supermercado con $50.000 pesos hace 4 años y le aseguró que hoy, con esa misma cantidad, no llena ni la mitad. Incluyamos ahora a las Pymes y los negocios personales o familiares que surgieron en pandemia, creando algo desde cero o revendiendo artículos que compraron por internet, en dólares. Ciertamente los costos para ellos también han ido al alza, teniendo que subir sus precios al igual que el resto del mercado. 

La disposición para gastar en algo que va más allá de lo estrictamente necesario es cada vez menor, por lo que los ingresos de esos emprendimientos han disminuido. Más de alguno de los que está leyendo esto vive de primera mano lo que describo, o conoce a algún familiar o amigo cercano en esta situación. 

Según las últimas cifras de desempleo del INE, un 7,8% de la fuerza laboral está desocupada, mientras que la informalidad subió 1,2 puntos porcentuales, alcanzando un 27,3%. Estos factores que nos están llevando al borde del abismo económico, son por motivos globales como nacionales; las decisiones de la Reserva Federal de los Estados Unidos, el conflicto en Ucrania y los efectos globales de la pandemia van más allá de lo que el Ejecutivo puede controlar, pero hay factores que si se pueden moderar. Así lo hizo el Banco Central con la inyección de USD 25 mil millones dólares, rebajando el precio de la divisa norteamericana en unos $70 pesos menos. Esta acción no se puede sustentar por si sola, debemos fortalecer el peso y para ello la economía debe crecer, pero la estanflación en la que nos encontramos, con una inflación desatada y un crecimiento estancado, hace que sea mucho más complejo el salir a flote. 

De ahí que la Reforma Tributaria y la responsabilidad fiscal que ésta contenga sean tan importantes, ya que puede ser la grúa que necesitamos para salir de este hoyo, o será la pala que termine por enterrarnos.
 

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