Opinión

Las brechas que marcan distancias de género en la academia

El fenómeno ha tomado notable significación con repercusiones en las esferas pública y privada, por ende, las instituciones de educación superior no son la excepción. Organismos internacionales revelan que si bien ha habido un incremento de mujeres en matrículas en educación superior, existe preocupación por la igualdad de género en cuanto a la contratación, retención y promoción.

Concurren, además, desigualdades en las carreras de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (CTIM), estas últimas carreras masculinizadas. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Concurren, además, desigualdades en las carreras de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (CTIM), estas últimas carreras masculinizadas. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Por:  Wendolin Suárez

El uso del término brecha de género (gender gap) se atribuye a Eleanor Smeal, activista política norteamericana, quien lo utilizó en la década de los ochenta para destacar las diferencias en el voto entre hombres y mujeres y su influencia en los resultados electorales. El alcance de éste se ha ampliado, y, actualmente, la brecha de género analiza las diferencias que existen entre hombres y mujeres en ámbitos como nivel de participación, acceso a oportunidades, poder e influencia, beneficios, entre otros. 

El fenómeno ha tomado notable significación con repercusiones en las esferas pública y privada, por ende, las instituciones de educación superior no son la excepción. Organismos internacionales como Unesco y OCDE revelan que si bien ha habido un incremento importante de mujeres en matrículas en educación superior -triplicándose a nivel mundial entre 1995 y 2018- existe preocupación por la igualdad de género en cuanto a la contratación, retención y promoción. Concurren, además, desigualdades en las carreras de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (CTIM), estas últimas carreras masculinizadas. Aunado a ello, solo el 30% de los investigadores son mujeres, aumentando así la brecha. 

En Chile los cambios han sido más evidentes a raíz del movimiento feminista del año 2018, donde diversas formas de expresión, como marchas y tomas, pusieron en evidencia la necesidad de tomar medidas concretas en cuanto al acoso y la educación sexista. Desde el gobierno nacional, como desde las universidades del país, se han hecho manifiestas una serie de iniciativas tendientes a crear diagnósticos, políticas, órganos de representación y protocolos de actuación, para hacer de las instituciones espacios más seguros e igualitarios. 

Todo este proceso es reciente y está en pleno desarrollo, por lo que el desafío de las instituciones está en sentar la institucionalidad, al tiempo que requiere acometer transformaciones culturales, de manera tal que la comunidad universitaria pueda concientizarse sobre un fenómeno que ha estado tradicionalmente invisibilizado. 


Wendolin Suárez,
coordinadora del proyecto InES Género en I+D+i+e  de la UTEM
 

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