Opinión

Los sonidos del silencio

La reiteración del no lo vimos venir (de uno y otro lado) aumenta la urgencia de contar con herramientas para entender éste y otros fenómenos electorales.

El cuadro cambió el domingo 4 de septiembre drásticamente, en lo que puede ser quizás la mayor sorpresa electoral desde 1990 y que reconfigura en forma bastante radical todo el cuadro político. AGENCIA UNO
El cuadro cambió el domingo 4 de septiembre drásticamente, en lo que puede ser quizás la mayor sorpresa electoral desde 1990 y que reconfigura en forma bastante radical todo el cuadro político. AGENCIA UNO
Por:  Sergio España

Hear my words that I might teach you
Take my arms that I might reach you
But my words, like silent raindrops fell
And echoed in the wells of silence 

The Sound of Silent. Paul Simon, 1964

Hay comodines que nos sirven para intentar explicar algo que en el fondo no queremos entender del todo. Uno de ellos es la llamada espiral de silencio, una teoría acuñada por  Elisabeth Noelle-Neumann, según la cual las personas se suman a un clima mayoritario por temor a quedar aisladas. Una especie de contagio en la que los medios de comunicación juegan un rol preponderante. Cuando una votación sobrepasa nuestra capacidad predictiva, recurrimos a esta teoría. Poco interesa adentrarse en ella y su aplicación a nuestra realidad electoral. Al día siguiente del plebiscito de salida, es posible observar algunas opiniones que tácita o explícitamente aluden a la espiral del silencio.

En nuestro caso, hay pocos incentivos para ello.

En primer lugar, las metodologías de investigaciones más comunes adolecen de limitaciones para esta tarea. Quienes forman parte de esta espiral del silencio no integran los paneles sobre los cuales se realizan encuestas on line.  No les interesa habitualmente responder su celular para una encuesta telefónica o abrir la puerta para una cara a cara. No son usuarios de Twitter y utilizan otras redes sociales no necesariamente para interactuar en torno a temas políticos. Es difícil escucharlos a través de estas plataformas para conocer su opinión.

Los alicientes a los actores políticos por ir a la conquista de este electorado han  sido hasta el momento pocos. El voto voluntario no solo significó una baja en la participación electoral, sino también una dinámica política que llevaba a cada candidato no a disputar nuevos votos, intentando reducir la abstención, sino a fidelizar a sus segmentos electorales. En la práctica ello implicó una menor permeabilidad de las agendas políticas y una sobrerrepresentación de algunas demandas en relación al total de la población. La identificación con ellas de quienes no expresan o hacen sentiré su opinión era cada vez más escasa. 

El cuadro cambió el domingo 4 de septiembre drásticamente, en lo que puede ser quizás la mayor sorpresa electoral desde 1990 y que reconfigura en forma bastante radical todo el cuadro político. Si el voto obligatorio con inscripción automática se mantiene, la urgencia por tratar de entender a quienes se mantienen en silencio hasta llegar a las urnas: escuchar los sonidos del silencio en este contexto es un imperativo para estrategias política exitosas. 

La reiteración del no lo vimos venir (de uno y otro lado) aumenta la urgencia de contar con herramientas para entender éste y otros fenómenos electorales. Un camino es ir a la raíz de los relatos que se conforman a partir de percepciones específicas (las fotografías que buscan recoger las encuestas), observar las inflexiones que ellos tienen (por cierto, no lineales ni progresivas en el tempo) e identificar los factores que inciden en ellos. Las metodologías cualitativas  -como los grupos de discusión y entrevistas- son una alternativa en este desafío, especialmente los paneles que permiten seguir la conversación en el tiempo de un mismo grupo de personas. Un ejercicio de este tipo realizamos en Subjetiva en el marco del proyecto Contexto a través de la Universidad Diego Portales y que nos permitió observar la evolución de los relatos en torno al proceso constituyente durante 2 años. Cuando las encuestas empezaban a manifestar la pérdida de confianza y menor evaluación de la Convención, los relatos críticos ya habían emergidos en los grupos de discusión y se entrelazaban varios factores que no siempre son fáciles de expresar por temor a una cierta sanción social. La distancia respecto de la plurinacionalidad al inicio y luego la crítica directa es un buen ejemplo de aquello: la confianza que se genera entre los participantes de estos grupos de conversación en el tiempo, favorecen el poder observar este tipo de relatos. Otro ejemplo lo señala la incertidumbre que se apoderada tras la demanda inicial de un cambio, más aún en un contexto adverso económicamente. Por último, en el auge y caída de los independientes en el relato de estos grupos hay mucho más que el disgusto por ciertas conductas que incluso pueden ser consideradas como anecdóticas. Se funda en la idea de que más allá de las declaraciones, no hubo un clima que efectivamente favoreciera el diálogo que era la base de la expectativa.

Escuchar los sonidos del silencio es una forma para no lamentarse después que no lo vimos venir.

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Sergio España es socio de Subjetiva
 

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