Opinión

Mañana es mejor

Ganó un discurso moderado, con un tono cierto pero moderado. En esta instancia, Boric se transforma frente a las cámaras de televisión que ayer lo pusieron en el mundo, en un potencial socialdemócrata. De allí la oportunidad concreta para que Chile evolucione hacia un modelo que pueda integrar con matices lo mejor del socialismo y del capitalismo moderno.

Desde las protestas estudiantiles de 2011 hasta hoy, pasó una década en la que Gabriel Boric fue protagonista de la vida política. AGENCIA UNO
Desde las protestas estudiantiles de 2011 hasta hoy, pasó una década en la que Gabriel Boric fue protagonista de la vida política. AGENCIA UNO
Por:  Guillermo Bilancio

Intento interpretar este momento de Chile y trato de traducirlo en un discurso que permita captar lo mejor sin caer en falsas expectativas. Pero es imposible entender esta instancia separada de los acontecimientos que marcaron los hechos más relevantes de estos dos años que, sin duda, son parte de la evolución social, política y cultural de los chilenos.

Desde las protestas estudiantiles de 2011 hasta hoy, pasó una década en la que Gabriel Boric fue protagonista de la vida política, con los aciertos y los errores, los sucesos y los fracasos que los políticos generalmente acumulan en décadas, pero que él experimentó en 10 años, justos en los que Chile discutió su manera de afrontar el mañana.

Queda claro que no podemos ver el fin desde el principio, ni prever el futuro desde un mensaje de proclamación en los que se mezcla la emoción de la victoria, la adrenalina del triunfo y la intención de marcar un estilo participativo y colaborativo sin perder el centro de la escena.

Pero eso es discurso y tenemos claro que además de llegar al poder, la gestión presidencial implica convertir las ideas en acción, y para eso deberá demostrar capacidad para promover acuerdos y ser en definitiva, un integrador.

Para lo que viene, será importante evaluar el resultado electoral para aprender y poder darnos cuenta del efecto sistémico que genera en el espacio político.

Si bien la historia comunicacional de estas elecciones estuvo marcada por mantener la previsibilidad por un lado frente a abordar la incertidumbre y el riesgo que podía generar el otro, hay un mensaje que permitirá una reflexión para que la “centroderecha” pueda evolucionar y ser alternativa válida para los próximos tiempos y para que la izquierda comprenda que desde el extremo no hubiese obtenido semejante triunfo.

Ganó un discurso moderado, con un tono cierto pero moderado. En esta instancia, Boric se transforma frente a las cámaras de televisión que ayer lo pusieron en el mundo, en un potencial socialdemócrata, en tanto que Kast se vuelve, tal vez, en el último representante de un modelo ultraconservador que nunca tuvo un proyecto de país de cara a los desafíos por venir. Sólo con orden, no se alcanza el desarrollo.

De allí la oportunidad concreta para que Chile evolucione hacia un modelo que pueda integrar con matices lo mejor del socialismo y del capitalismo moderno, con una socialdemocracia real que se mida frente a una democracia liberal y progresista que pueda representar a la vieja centroderecha. Y de ser así, liderar una nueva política que deje de lado las fantasías de la izquierda y de la derecha latinoamericanas que nunca alcanzaron a entender que el poder hay que usarlo a favor de la gente.

Es un momento bisagra e histórico para escuchar antes que hablar y declamar, y para eso traté de comparar y explicar los porqué de este presente, parafraseando una de las canciones esenciales del rock argentino, la “Cantata de Puentes Amarillos” que compuso Luis Alberto Spinetta.

La nueva política debe entender que la gente está cansada de la violencia que promueve el odio (“con esta sangre alrededor/ no sé qué puedo yo mirar”), así como también esa misma sociedad aspira a sostener permanentemente la idea de libertad (“las almas repudian todo encierro”).

Pero tal vez lo determinante que demostró el domingo 19/12, es que esa gente a la que denominamos pueblo no quiere quedarse aferrada al pasado, y se vea reflejada con otra de las frases de Artaud que Spinetta recrea en su obra: “Aunque me fuercen yo nunca voy a decir/ que todo tiempo por pasado fue mejor/ mañana es mejor”.

En definitiva, basta de sangre y vivir en libertad con un futuro posible. Para los ganadores ocasionales, y para los perdedores que deben aprender de esta historia, mañana es mejor. Siempre.

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